Silent Hill, la saga de terror de Konami, empezó por todo lo alto. Sus primeras entregas, lanzadas en PlayStation y PlayStation 2, presentaron una ambientación sin precedentes que sumergía al jugador en una atmósfera tan desconcertante como tensa. Lamentablemente la franquicia fue a menos con cada nuevo título que, pese a no ser malas obras, no consiguieron llenar las necesidades de los seguidores. A esto hay que sumarle que las mentes tras el equipo creativo de los primeros tres títulos tomaron sus propios caminos, forzando a la empresa nipona a buscar un estudio de desarrollo capaz de repetir la formula que le dio la fama.
Silent Hill: Downpour pone al jugador en el papel de Murphy Pendleton, un convicto atormentado por un oscuro y misterioso pasado. Tras sobrevivir al accidente del autobús que le trasladaba a otro centro penitenciario, Murphy decide huir del lugar y se esconde en el inhóspito y lúgubre pueblo de Silent Hill.
Esta nueva entrega es otro de esos intentos, esta vez de la mano de Vatra Games, por rescatar un franquicia que parece cada vez más perdida. Sin embargo, Downpour le devuelve algo del brillo que perdió en su anterior entrega y retoma, ligeramente, alguna de las cualidades que la elevaron al nivel de obra maestra.

Exploración, puzzles y acción
Pese a contar con bastante acción, esta segunda entrega de la franquicia en la actual generación no dista demasiado de las bases asentadas por los primeros títulos. La exploración y los puzzles son el centro neurálgico de la jugabilidad, mientras que los combates ayudan al jugador a liberar toda la tensión acumulada a lo largo de la aventura.
La exploración es el aspecto que se ha potenciado en mayor medida en Silent Hill: Downpour. El equipo de desarrollo de Vatra Games ha dejado a un lado la búsqueda lineal y guiada, ofreciendo una mayor libertad de exploración en un entorno mucho más amplio que en anteriores entregas. Además han incluido misiones secundarias que, pese a no ser especialmente interesantes, aportan una mayor claridad al argumento y profundiza en los distintos personajes que conocemos durante el juego. Estos factores equilibran la experiencia para cada tipo de jugador, pues aquellos que sean menos expeditivos avanzarán más rápido a sabiendas que estarán menos equipados e informados de lo que pasa a su alrededor.

En esta entrega los puzzles han perdido cierto protagonismo. La mayoría de objetos que encontramos resuelven nuestros dolores de cabeza de manera automática y en el resto de los casos simplemente debemos superar ciertos paneles a modo de mini juegos. Sin embargo en este aspecto bebe directamente de la vieja escuela, con contraseñas que debemos apuntar para utilizar más tarde en alguna caja fuerte manipulada o acertijos que debemos resolver para poder avanzar.
Lo que si ha cobrado un mayor protagonismo, pese a estar menos enfocado a ello que en su antecesor, es la acción y el combate. Murphy puede recoger cualquier objeto del escenario que le sirva como arma, desde la clásica pistola y su escasa munición hasta piedras, palos o cualquier utensilio punzante. Sin embargo, debemos pensar que es mejor para cada situación ya que solo podemos llevar un arma con nosotros. De este modo si decidimos ir con la pistola sabremos que al quedarnos sin munición su uso queda muy limitado, todo lo contrario que si nos equipamos con armas blancas como cuchillos o botellas rotas.

Por desgracia, el sistema de combate sigue anclado en las mecánicas del pasado, con un botón golpeamos o lanzamos nuestra arma mientras que con otro bloqueamos los ataques enemigos. El problema llega en la falta de emoción que transmiten, pues podemos defendernos con los brazos desnudos sin sufrir daño alguno y reducir a prácticamente cualquier enemigo aporreando una y otra vez el mismo botón. Una mecánica falta de trabajo que consigue que perdamos el miedo a nuestros perseguidores desde el primer combate del juego.
También se han desaprovechado algunas novedades en el control que podrían haber mejorado una atmósfera ya bien elaborada de por sí. Nuestro protagonista cuenta con la posibilidad de abrir las puertas lentamente para observar que nos espera en la siguiente habitación, una mecánica muy interesante si no fuera porque nunca encontraremos nada esperándonos en la próxima estancia hasta haber entrado en ella

Ambientación tensa falta de diseño
Silent Hill: Downpour recupera esa ambientación que te hace mirar constantemente atrás por miedo a que te ataquen por sorpresa. La característica niebla de la saga se une a una de las mejores bandas sonoras que ha tenido la misma desde la marcha de Akira Yamaoka. El crujir de la madera, el sonido de un grifo abierto o el simple viento se convierten en enemigos que no nos dejan explorar con tranquilidad y nos mantienen en tensión en todo momento.
Esto es lo máximo que podrá asustarnos en el juego, pues sus enemigos además de fáciles de combatir, carecen de diseño y personalidad como para suponernos un problema. Su inteligencia artificial es bastante torpe, por lo que se quedaran más de una vez atrapados en una pared y sus rutinas de ataque se repiten constantemente, haciendo que los combates se resuman en bloquear los dos primeros golpes y pulsar el botón de ataque hasta acabar con el enemigo. Además, sus diseños difieren demasiado de los habituales en la franquicia, pues los diseñadores de Vatra han cambiado las abominaciones de carne por enemigos más propios de una película de zombis o infectados.

Downpour es decepcionante en su apartado técnico, especialmente si tenemos en cuenta que se ha realizado utilizando el mismo motor gráfico que Gears Of Wars 3, Batman Arkham City o Mass Effect 3. No solo cuenta con unos modelados, animaciones y texturas inferiores a la media sino que su rendimiento se ve afectado por caídas de fotogramas, objetos que aparecen de la nada y una imagen que se congela constantemente durante todo el juego. Afortunadamente, al contar con la última versión del Unreal Engine 3, sus efectos de luz y sombras están bien conseguidos y ayudan enormemente a la ambientación siniestra de Silent Hill.
Esta nueva entrega se trata de una aventura entretenida, con una buena ambientación y algunos detalles que se podrían haber aprovechado mejor. Quizás no devuelva su antiguo esplendor a la franquicia pero supone un paso adelante en una saga que lleva demasiados años caminando hacia atrás.





