PARQUES NACIONALESLas quince joyas naturales más importantes de España

Se cumplen cien años de la primera Ley de Parques Nacionales de nuestro país, aprobada el 8 de diciembre de 1916

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  1. Picos de Europa

    Varias personas pasean por los lagos de Covadonga, en el Parque Nacional de Picos de Europa, parcialmente helados el pasado 1 de diciembre
    Varias personas pasean por los lagos de Covadonga, en el Parque Nacional de Picos de Europa, parcialmente helados el pasado 1 de diciembre - EFE/José Luis Cereijido

    Se cumplen cien años de la primera Ley de Parques Nacionales de nuestro país, aprobada el 8 de diciembre de 1916, que consiguió, con sus únicos tres artículos, que España fuera uno de los países pioneros en Europa en la apuesta por la protección de la naturaleza. En 1918 se declararon los dos primeros parques, el de la Montaña de Covadonga y el de Ordesa y Monte Perdido. Repasamos aquí la riqueza de los 15 espacios protegidos.

    Picos de Europa

    Corría el año 1918 cuando Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa de Asturias, propuso la creación del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga para conmemorar el XII centenario de la histórica victoria de Don Pelayo sobre el invasor árabe. El 22 de julio, Alfonso XIII otorga por ley la máxima protección a este paraje donde historia y naturaleza se antojan inseparables. Fue el primer espacio protegido de España. Inicialmente comprendía 16.925 hectáreas; creció hasta las 67.455 actuales y mudó su nombre por el de Picos de Europa.

    De singulares características por encontrarse muy próximo al mar -con desniveles comprendidos entre los 140 y los 2.596 metros de altitud (en la cumbre de la Peña Santa de Castilla)-, las montañas que conforman el parque tuvieron, desde los asentamientos celtas, consideración de lugar sagrado, y en sus simas y bosques cuajaron con el tiempo abundantes leyendas. Dicen los lugareños que sólo el Pico Urriellu -más conocido como Naranjo de Bulnes- se resiste al rebeco, ágil trepador y símbolo del lugar. Este reino de las peñas altas, donde el dios Vindius administraba sus iras y favores a los celtas astures, era trescientos millones de años atrás el fondo de un mar sin nombre donde se fueron depositando enormes escamas de piedra caliza. Una serie de plegamientos -el más violento, llamado alpino, ocurrió hace setenta millones de años- comprimió esas masas calizas, y el relieve de los Picos de Europa rasgó el aire. Las glaciaciones cuaternarias hicieron el resto, configurando desfiladeros y gargantas.

    Al rebeco, que cuenta en Covadonga con una población de 4.000 individuos, le acompañan otras especies de alta montaña, como corzos, urogallos y rapaces como el águila real, buitre leonado, gavilán, ratonero, cernícalo y halcón. El oso pardo regresó tras años de ausencia. Zorro, gato montés, gineta, garduña y comadreja mantienen una representación estable. Los reptiles y anfibios más comunes son la lagartija serrana y la de turbera, lagarto verde, víbora seoane, salamandra lusitánica, tritón alpino, sapo partero y rana roja.

    Los bosques forman manchas aisladas, fundamentalmente de haya, especie que puede encontrarse hasta los 1.400 metros de altura. En las laderas existen robledales y bosques mixtos. El matorral y el monte bajo presenta la formación típica de los Picos de Europa; argoma, brezales y genistas. Las praderas se mantienen gracias a la presión ejercida por el ganado, lo que viene a demostrar que el uso tradicional que el hombre hace de estas tierras es vital para su conservación.

    Dónde: Asturias, León y Cantabria. Cuándo: 22-7-1918. Cuánto: 67.455 hectáreas.

  2. Ordesa y Monte Perdido

    El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, ha concedido los premios del concurso nacional de fotografía “Cien años en la Red de Parques Nacionales”, un certamen con el que se ha recabado la aportación de la sociedad, para mostrar esos espacios protegidos como un proyecto común del conjunto de los ciudadanos. Esta imagen tomada en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido ha obtenido el tercer premio
    El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, ha concedido los premios del concurso nacional de fotografía “Cien años en la Red de Parques Nacionales”, un certamen con el que se ha recabado la aportación de la sociedad, para mostrar esos espacios protegidos como un proyecto común del conjunto de los ciudadanos. Esta imagen tomada en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido ha obtenido el tercer premio - MARÍA DRAGO CID

    Hace cincuenta millones de años el empuje de las placas continentales levantó la enorme barrera pirenaica, y el agua y el hielo dieron forma a valles, hoces y paredes. El parque contiene el macizo calcáreo más alto de Europa. Hay más de dos mil especies vegetales. Bosques de pino silvestre, hayas y, más arriba, pino negro; sauces, abedules y fresnos en las márgenes de los ríos. En los pisos más altos, pastizales aprovechados por el ganado y mares de vistosas flores (prímulas, gencianas, lirios). Algunas, como la perseguida edelweiss, se esconden cerca de las rocas. En la nómina faunística destacan el quebrantahuesos, el sarrio (rebeco) y el urogallo.

    Para gran parte de los visitantes del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido este monumento calizo se circunscribe a la hoz de Ordesa, con sus praderas, paredones, fajas, cascadas y bosques de hayas. La belleza de este rincón pirenaico es homologable a la de los grandes espacios naturales del mundo, y como tantos otros debe su protección a viajeros y naturalistas románticos. En este caso, a los franceses Ramond de Carbonnières (conquistador del Monte Perdido en 1802) y Lucien Briet, fotógrafo y divulgador, cuya insistencia fue clave para la creación del parque nacional en 1918.

    Pero Ordesa es mucho más. Añisclo, el cañón más largo y angosto, se recorre en coche durante su primer tramo por una de las carreteras más vertiginosas de los Pirineos. Desde Escalona la pista discurre pegada al acantilado y asomada al río Bellós, y es de dirección única por razones obvias, ofreciendo la escapatoria por Buerba o Fanlo, dos excelentes muestras de arquitectura montañesa. Cuando el cauce del Bellós gira al norte, es posible aparcar junto a un puente de piedra para realizar la ruta a pie hasta donde queramos: desde la cercana ermita de San Urbez hasta el collado de Añisclo, que se comunica con el valle de Pineta. Por su parte, el río Yaga, alimentado por innumerables torrentes, fuentes y surgencias, forma uno de los valles más intrincados de la zona, Escuaín, poco frecuentado a pesar de su belleza y de los pintorescos pueblos de su entrada, en especial Tella.

    Dónde: Huesca. Cuándo: 16-8-1918. Cuánto: 15.608 hectáreas.

  3. Cañadas del Teide

    Llano de Ucanca, en la zona del Teide
    Llano de Ucanca, en la zona del Teide

    Bastaría su extraordinario paisaje, con el Teide (3.718 metros, techo de España) como principal atracción, con los conos volcánicos y las coladas de lava de formas caprichosas e infinitos colores, para enmarcar este lugar. Pero el mayor y más antiguo de los parques nacionales canarios esconde tesoros botánicos como el tajinaste rojo, el rosal del guanche y la violeta del Teide. La fauna invertebrada es la de mayor valor, con un grado de endemismo que sobrepasa el 50%. Hay medio millar de especies de insectos, y en las cuevas vive una excepcional población de troglobios (artrópodos que jamás salen al exterior). También es posible descubrir pequeñas rapaces (cernícalo, gavilán ratonero) y el exclusivo lagarto tizón.

    El Teide no es sólo la montaña más alta de España, sino el polo de todas las miradas en un paisaje sobrecogedor que empezó a construirse hace siete millones de años. Situado en el centro de la isla más extensa del archipiélago canario, forma el techo de un «rascacielos» volcánico que asciende desde un abismo submarino situado a 3.000 metros de profundidad. El volcán se asienta sobre el extremo norte de una antigua y gigantesca depresión, y se eleva 1.700 metros por encima del viejo cráter de Las Cañadas. Lo que se asoma sobre la superficie del océano Atlántico es sólo un 8,4 por ciento de ese edificio insular, alimentado por emisiones de lava que no se han detenido desde el Mioceno hasta épocas recientes.

    De hecho, la última erupción tuvo lugar en 1798, en la zona oeste, en un lugar que se conoce como Las Narices del Teide. Un año después visitaba Tenerife Alexander von Humboldt, científico, explorador y diplomático prusiano, junto a su compañero de aventuras, el botánico francés Aimé Bonpland. Iban provistos de una autorización de Carlos IV para explorar la América española. Camino de la cima del Teide recogieron muestras de obsidiana y piedra pómez, descubrieron la delicada violeta del Teide y se admiraron por el lienzo de conos, solfataras, diques, calderas, lavas, escorias, cenizas, lapilli, bombas volcánicas y coladas que se dibujaba a sus pies.

    Dónde: Tenerife (Islas Canarias). Cuándo: 22-1-1954. Cuánto: 18.990 hectáreas.

  4. Caldera de Taburiente

    El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, ha concedido los premios del concurso nacional de fotografía “Cien años en la Red de Parques Nacionales”, un certamen con el que se ha recabado la aportación de la sociedad, para mostrar esos espacios protegidos como un proyecto común del conjunto de los ciudadanos. Esta imagen del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente ha obtenido el primer premio
    El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, ha concedido los premios del concurso nacional de fotografía “Cien años en la Red de Parques Nacionales”, un certamen con el que se ha recabado la aportación de la sociedad, para mostrar esos espacios protegidos como un proyecto común del conjunto de los ciudadanos. Esta imagen del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente ha obtenido el primer premio - JAVIER MARTÍNEZ MORÁN

    Hace quinientos años, La Palma estaba dividida en doce cantones, dirigidos cada uno por un mencey. El cantón de la Caldera de Taburiente se llamaba Aceró, que significa «fuerte e invulnerable». Así es esta tempestad petrificada. Una enorme depresión semicircular de ocho kilómetros de diámetro con escarpados acantilados que sobrepasan los mil metros de altura. Un mundo vertical que tiene en el Roque de los Muchachos su mayor cota: 2.426 metros. A medio paso del mar.

    Varias teorías explican la formación de la Caldera basándose en desplomes y deslizamientos de enormes masas volcánicas. El paisaje, a simple vista, parece sediento, hecho a la medida del pino canario, un prodigio de resistencia que puede vivir «agarrado» a laderas descarnadas soportando nieblas e incendios, y de plantas rupícolas, como los abundantes bejeques, que se ríen de la sequía. Pero el agua de fuentes y lluvias se despeña por los barrancos y corre por galerías, domesticada por el hombre, que siempre cuidó este recurso como oro en paño.

    Dónde: La Palma (Islas Canarias). Cuándo: 6-10-1954. Cuánto: 4.690 hectáreas.

  5. Aigüestortes y Lago de San Mauricio

    Lago Llebreta. en el P.N. de Aigüestortes y Lago de San Mauricio
    Lago Llebreta. en el P.N. de Aigüestortes y Lago de San Mauricio - ORIOL CLAVERA

    Su impresionante relieve se formó en la Era Primaria (hace unos doscientos millones de años), emergiendo del fondo de un mar primitivo. Las convulsiones geológicas de la Era Terciaria dieron otro empujón a las montañas, y el hielo, en la Era Cuaternaria, hizo el resto. La erosión formó valles con el típico perfil de «U» y excavó cubetas que se convirtieron en «estanys».

    La vegetación está formada por bosques de pino silvestre, pino negro y abeto, con pastizales allí donde faltan los árboles. En las partes más húmedas y frías hay bosquetes de abedules y hayas. Otras especies: serbales, fresnos, tejos, sauces y arces, así como matorrales de boj y un sinfín de flores muy vistosas, como orquídeas y azucenas silvestres. La fauna es típica de la alta montaña: el rebeco (llamado «isard» por aquí), águila real, quebrantahuesos, buitre leonado, urogallo y perdiz nival.

    Dónde: Lérida. Cuándo: 21-10-1955. Cuánto: 14.119 hectáreas.

  6. Doñana

    El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, ha concedido los premios del concurso nacional de fotografía “Cien años en la Red de Parques Nacionales”, un certamen con el que se ha recabado la aportación de la sociedad, para mostrar esos espacios protegidos como un proyecto común del conjunto de los ciudadanos. Esta imagen de Doñana ha obtenido un accésit
    El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, ha concedido los premios del concurso nacional de fotografía “Cien años en la Red de Parques Nacionales”, un certamen con el que se ha recabado la aportación de la sociedad, para mostrar esos espacios protegidos como un proyecto común del conjunto de los ciudadanos. Esta imagen de Doñana ha obtenido un accésit - ANTONIO RAMOS MORENO

    Un lienzo pintado en los tiempos en que el hombre se fue en busca del fuego. Un paisaje duro, casi desolador, como debía ser el decorado primigenio de este confín de Europa. Tan hermoso y hostil que sobrecoge, con el espejo del océano detrás y el de la marisma delante, con la duna avanzando entre ambos con la misma lentitud con que aliviaría su carga un gigantesco reloj de arena. La variedad de ecosistemas que integran Doñana hace que su interés faunístico no tenga parangón en Europa. El lince y el águila imperial son nombres indiscutibles, pero aquí se reproducen 8 especies de peces, 9 de anfibios, 17 de reptiles, 125 de aves y 28 de mamíferos; es, además, lugar de paso e invernada de otras 125 especies de aves. Playas, dunas, cotos, marismas... cada escenario tiene sus actores, lo mismo que cada estación una representación distinta.

    En este extraordinario mundo en tránsito subsiste el más importante sistema de dunas móviles de Europa; «trenes» de arena arrastrada y acumulada por los vientos, montículos que pueden llegara tener varios kilómetros de longitud, centenares de metros de anchura y decenas de metros de altitud, y cuya velocidad alcanza los seis metros por año. Con su avance arrollan a la vegetación (los llamados «corrales», formados por bosquetes de pino piñonero y manchas de romero, tomillo y jaguarzo), dejando los esqueletos de los árboles o «campos de cruces» como testigos de su paso. Algunos enebros, dotados de un sistema de raíces que les permite «flotar» en la arena, subiendo y bajando con las oscilaciones de nivel, no llegan a sucumbir.

    Doñana se asienta sobre un territorio antiguamente ocupado por la amplia bahía que formaba la desembocadura del Guadalquivir. Hace unos tres mil años empezó un lento proceso de colmatación: la gran cubeta de fondo arcilloso fue rellenándose con limos y arenas, a la vez que las dunas se apoderaban de los terrenos encharcados cercanos a la costa. Dentro de las 108.086 hectáreas que ocupa el parque nacional, gran parte se inunda temporalmente y forma la marisma; el resto está ocupado por arenas, móviles en la zona de dunas y estabilizadas por la vegetación en la zona de cotos.

    Es en la frontera entre el monte y la marisma donde la vida soporta con mayor firmeza el pulso a las estaciones. La vera, una estrecha franja de pastizal poblada esporádicamente por alcornoques -entre los que se encuentran las centenarias «pajareras» que bullen en la época de cría-, es el último refugio para los ciervos y gamos durante el sofocón veraniego. Mantiene el suelo húmedo y vegetación verde a lo largo de todo el año gracias al agua filtrada por las arenas, que rezuma en la superficie al llegar a la barrera impermeable de arcillas del fondo de la marisma. En la inmensa laguna, si te adentras unos pocos kilómetros a caballo, tienes la sensación de ser el único hombre sobre el planeta.

    El tránsito tan arraigado en esta tierra -tránsito de alas, de colores, de hermandades-, se sublima en este hábitat acuático, cuartel de invierno de cien mil ánsares y medio millón de patos, con vetas, vetones, lucios, quebradas y caños en la época de aportes, y de arcilla cuarteada cuando el sol se bebe el agua. Medio dulce, medio salado, el ecosistema marismeño esel paisaje más amable y «exportable» de Doñana, el que le confiere su poderosa personalidad.

    Dónde: Huelva. Cuándo: 16-10-1969. Cuánto: 108.086 hectáreas.

  7. Tablas de Daimiel

    El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, ha concedido los premios del concurso nacional de fotografía “Cien años en la Red de Parques Nacionales”, un certamen con el que se ha recabado la aportación de la sociedad, para mostrar esos espacios protegidos como un proyecto común del conjunto de los ciudadanos. Esta imagen de Tablas de Daimiel ha obtenido un accésit
    El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, ha concedido los premios del concurso nacional de fotografía “Cien años en la Red de Parques Nacionales”, un certamen con el que se ha recabado la aportación de la sociedad, para mostrar esos espacios protegidos como un proyecto común del conjunto de los ciudadanos. Esta imagen de Tablas de Daimiel ha obtenido un accésit - JESÚS SÁNCHEZ-BERMEJO RAMOS

    La mezcla de aguas salobres, sulfatadas, procedentes de los desbordamientos del oscilante río Cigüela, con aguas dulces, carbonatadas, aportadas por el Guadiana, es el origen de la gran diversidad biológica de las Tablas de Daimiel, cuya pirámide arranca en la vegetación sumergida, fuente nutricia para muchos inquilinos del humedal, y continúa en la masiega, el carrizo y el taray.

    La presencia de algunas especies de peces y mamíferos pasa inadvertida ante el festival de aves pasajeras y residentes, siempre que los tablazos estén inundados. El parque es utilizado como lugar de invernada, nidificación y cría por numerosas especies acuáticas como el ánade real, pato cuchara, cerceta común, ánade friso, porrón común, malvasía, somormujo lavanco, zampullín chico, ánade rabudo y pato colorado.

    Sin embargo, los oficios tradicionales que propició la riqueza de recursos de la zona sólo son recuerdos: los utensilios de los pescadores y recolectores (carriceros, masegueros) descansan hoy en museos etnográficos dando fe de tiempos mejores.

    Dónde: Ciudad Real. Cuándo: 28-6-1973. Cuánto: 3.030 hectáreas.

  8. Timanfaya

    Paisaje del Parque Nacional de Timanfaya
    Paisaje del Parque Nacional de Timanfaya

    Las diferentes coladas lávicas (la viscosa «aa», que al enfriarse forma una superficie áspera, rugosa e intransitable conocida como «malpaís», y la fluida «pahoe-hoe», que presenta una superficie lisa), los tubos, los hornitos, la alineación de cráteres, las plantas endémicas... y los cultivos realizados sobre el lapilli, material volcánico que guarda como un tesoro la poca humedad de que dispone esta tierra, conforman un paisaje de otro mundo.

    Timanfaya seduce a científicos y turistas por su desolación intocada. Parece que fue ayer cuando se le revolvieron las tripas (corría la década de los 30 del siglo XVIII), aunque es fácil comprobar que la vida se abre camino: los líquenes colonizan las rocas, los lagartos se refugian en arbustos espinosos y la valiosa pardela cenicienta nidifica cerca de las espumas marinas.

    Dónde: Lanzarote (Islas Canarias). Cuándo: 9-8-1974. Cuánto: 5.107 hectáreas.

  9. Garajonay

    Paisaje del Parque Nacional de Garajonay
    Paisaje del Parque Nacional de Garajonay

    Esta selva prehistórica, cuyo entramado vegetal es una auténtica esponja que absorbe la humedad de las nieblas, nos transporta no a un mundo de duendes, sino a un mundo de dinosaurios. El parque ocupa toda la meseta central y las cabeceras de varios barrancos de La Gomera (en total, un 10 por ciento de la superficie de la isla).

    Forma una compacta masa de vegetación con profundos tajos y pequeños valles, y es una de las más importantes reservas mundiales de laurisilva, tipo de bosque formado por helechos, laureles y brezales, que es una verdadera reliquia al haber desaparecido casi por completo del planeta.

    Dónde: La Gomera (Islas Canarias). Cuándo: 25-3-1981. Cuánto: 3.984 hectáreas.

  10. Archipiélago de Cabrera

    Isla del Fonolls, en la Cabrera
    Isla del Fonolls, en la Cabrera - Maximovich Nikolay

    Cabrera es el Mediterráneo tal y como lo conoció Ulises. Lejos del hormigón y los chiringuitos, este archipiélago, a poco más de una hora de navegación desde la isla de Mallorca, guarda lo mejor de este mar antiguo.

    Sus islas e islotes calcáreos, donde medran los arbustos leñosos -algunos de ellos endémicos- perfectamente adaptados a los rigores del clima, sirven de refugio a importantes colonias de aves marinas, entre las que destacan la pardela cenicienta y la gaviota de Audouin. Pero la verdadera explosión de vida estábajo la superficie: meros, pulpos, morenas, delfines, calderones y hasta cachalotes forman parte de la nómina faunística de Cabrera.

    Dónde: Islas Baleares. Cuándo: 29-4-1991. Cuánto: 10.021 hectáreas (8.703 marítimas y 1.318 terrestres).

  11. Cabañeros

    La berrea, el inicio de la época de apareamiento de los ciervos, determina uno de los momentos más espectaculares para descubrir la riqueza natural de Castilla-La Mancha
    La berrea, el inicio de la época de apareamiento de los ciervos, determina uno de los momentos más espectaculares para descubrir la riqueza natural de Castilla-La Mancha - EFE/Beldad

    Salvado in extremis de ser convertido en campo de tiro, Cabañeros es la esencia del monte mediterráneo, nuestro ecosistema por antonomasia. La raña, una llanura de quince kilómetros de longitud y ocho mil hectáreas de superficie, parece la sabana de Tanzania en miniatura. Arriba, en los quejigos, encinas y alcornoques, los buitres negros construyen unos nidos que acaban convirtiéndose en enormes estructuras de ramas de hasta dos metros de altura y otros tantos de diámetro.

    También anidan en Cabañeros el águila imperial, cigüeña blanca, cigüeña negra, águila real, calzada y culebrera, aguilucho cenizo, avutarda y sisón. Otros pobladores son el ciervo, jabalí, corzo, nutria y meloncillo. En total, doscientas treinta especies de vertebrados y un millar de especies de plantas (26 de ellas, endémicas). La acción del hombre acabó con el bosque primitivo; en su lugar se encuentran matorrales de jaras y brezos y pequeñas manchas arbóreas con abedules, fresnos, sauces y madroños. El aclarado del bosque dio lugar a la espectacular dehesa que existe en la raña.

    La Mancha entonó aquí su particular adiós a las armas tras una de las piruetas políticas más celebradas de nuestra historia reciente. Paradojas de la vida: el tipo que arruinó a Narcís Serra, ministro de Defensa en la década de 1980, su plan para que este latifundio se convirtiera en un polígono de tiro, estuvo al frente del mismo departamento años después. Nadie discute por aquí el «espíritu ecologista» de José Bono, como tampoco nadie pone en duda su olfato electoral. Cabañeros era el banderín de enganche del movimiento conservacionista español. El ex presidente de Castilla-La Mancha creó un parque natural en 1988 y, cinco años después, solicitó la declaración de parque nacional. El 20 de noviembre de 1995, este paraíso quedó blindado para siempre.

    Dónde: Ciudad Real y Toledo. Cuándo: 20-11-1995. Cuánto: 40.856 hectáreas.

  12. Sierra Nevada

    Senderismo en el
    Senderismo en el

    Más de dos mil especies vegetales (65 exclusivas y 165 endemismos ibéricos) hacen de este macizo una reserva biológica excepcional. Producto de los episodios glaciares del Terciario y el Cuaternario, quince de sus cumbres superan los 3.000 metros de altitud, y configuran el ecosistema de alta montaña más meridional de Europa.

    Borreguiles (pastizales), pinares, sabinares, melojares, castañares y encinares ponen la piel a este rascacielos natural, habitado por animales como la cabra montés, águila real, buitre leonado, acentor alpino, pito real, agateador común, arrendajo, culebra de escalera, lagarto ocelado y sapo corredor.

    Dónde: Granada y Almería. Cuándo: 11-1-1999. Cuánto: 86.208 hectáreas.

  13. Islas Atlánticas

    Parque Nacional de las Islas Atlánticas
    Parque Nacional de las Islas Atlánticas - MIGUEL MUÑIZ

    El Parque Nacional de las Islas Atlánticas gallegas es más que las conocidas y turísticas Cíes: incluye un conjunto de islotes menores en tamaño, pero no en valor ecológico, como el archipiélago de Ons y las islas de Cortegada y de Sálvora. Las Sisargas y la de Tambo aspiran a unirse al club. Sus farallones rocosos sirven de refugio a ruidosas poblaciones de aves marinas (aquí se encuentran las dos mayores colonias españolas de gaviota argéntea y de cormorán moñudo, y también una importante representación de alcatraz, colimbo ártico y arao común).

    Este ecosistema marítimo-terrestre alberga un gran bosque de laurel, y más de 200 especies de algas marinas. También destaca por poseer moluscos, corales y anémonas. El espacio intermareal y los fondos marinos son extraordinariamente ricos, con gran cantidad de esponjas, gorgonias, poliquetos y moluscos.

    Dónde: Pontevedra y La Coruña. Cuándo: 1-7-2002. Cuánto: 8.480 hectáreas.

  14. Monfragüe

    La incorporación de este paraíso a la red de parques nacionales es un acto de justicia que se hizo esperar. Casi 300 especies de vertebrados habitan en sus serranías y dehesas para disfrute de los amantes de la naturaleza. Las ruinas del castillo, del siglo XII, se confunden con los riscos de alrededor. Piedras ocres acostadas sobre un manto verde, bosque mediterráneo, el ecosistema por antonomasia de la península Ibérica. Desde la atalaya medieval la postal a nuestros pies es de las que quitan el hipo: la serranía, el encuentro entre el Tajo y el Tiétar, el grito pétreo de Peña Falcón.

    Al ejercicio de la observación hay que unirle el ejercicio del silencio para que la felicidad sea completa: podremos escuchar cómo los buitres leonados cortan el aire sobre nuestras cabezas rumbo a los cantiles, sus posaderos nocturnos.

    Monfragüe alberga la mayor variedad de aves de Europa. Un templo para los ornitólogos. Aquí anida la colonia de buitres negros más importante del mundo, con casi 300 parejas. Pero hay otras joyas: águila imperial (doce parejas), real, perdicera, culebrera y calzada; elanio azul, búho real, alimoche, halcón peregrino, grulla, cigüeña negra (30 parejas) y buitre leonado (500 parejas). La nómina se completa con nutrias, ciervos, jabalíes y pequeños carnívoros más difíciles de sorprender que las aves.

    El monte fragoso (Monsfragorum) de los romanos, impresionados por las espesuras que encontraron aquí, puede observarse desde miradores junto a las carreteras que atraviesan el parque, como los del Salto del Gitano, la Báscula y la Portilla, que permiten al visitante admirar sus decorados -los farallones de cuarcita que se asoman a los cursos fluviales; las laderas cubiertas de encinas, alcornoques, quejigos, madroños, brezos y jaras; la dehesa eterna- y entrar en la vida íntima de muchas de las especies citadas.

    Dónde: Cáceres. Cuándo: 2-3-2007. Cuánto: 17.852 hectáreas.

  15. Sierra de Guadarrama

    El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, ha concedido los premios del concurso nacional de fotografía “Cien años en la Red de Parques Nacionales”, un certamen con el que se ha recabado la aportación de la sociedad, para mostrar esos espacios protegidos como un proyecto común del conjunto de los ciudadanos. Esta imagen tomada en la sierra de Guadarrama ha obtenido el segundo premio
    El Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, a través del Organismo Autónomo Parques Nacionales, ha concedido los premios del concurso nacional de fotografía “Cien años en la Red de Parques Nacionales”, un certamen con el que se ha recabado la aportación de la sociedad, para mostrar esos espacios protegidos como un proyecto común del conjunto de los ciudadanos. Esta imagen tomada en la sierra de Guadarrama ha obtenido el segundo premio

    ¿Un parque nacional a 60 kilómetros de Madrid? Pues sí, el Guadarrama que inspiró desde la Edad Media a escritores, viajeros y montañeros (a menudo esos perfiles se mezclan con total naturalidad) alcanzó esta categoría hace tan solo tres años después de un tortuoso proceso para vencer las cautelas del factor humano. «La Sierra ya tenía gran demanda sin necesidad de ser parque nacional, sobre todo por la presión desde Madrid; es decir, que no saltó del confín a la fama», señala el catedrático de Geografía Eduardo Martínez de Pisón, uno de los históricos defensores de la máxima protección para esta alta montaña mediterránea situada en el Sistema Central. «Más bien, con el parque, esa presión ya existente podrá ser controlada y encauzada de modo mejor».

    Las caprichosas formas graníticas de La Pedriza, el famoso cordal conocido como la Cuerda Larga, las lagunas glaciares, los pinares, robledales y encinares de esta división natural entre las mesetas norte y sur que se levantó durante la orogenia alpina (era Terciaria) ofrecen su decorado a mamíferos como ciervos, jabalíes, corzos, cabras monteses, gamos, tejones, zorros...; aves acuáticas en el embalse de Santillana, rapaces como el águila imperial o el buitre negro y migratorias como la grulla o la cigüeña negra. Además de una bellísima mariposa endémica llamada Graellsia isabelae, bautizada por el entomólogo Graells en honor de Isabel II.

    La Sierra de Guadarrama está llena de tentaciones para montañeros, con picos de fama y sonoridad como Peñalara (techo de Madrid y Segovia con sus 2.428 metros), La Maliciosa, Cabezas de Hierro, Montón de Trigo, Siete Picos, Risco de los Claveles, El Yelmo… Los cielos velazqueños se recortan contra sus cumbres, y de ella escribieron desde el Arcipreste de Hita hasta Giner de los Ríos, Pío Baroja o Antonio Machado.

    Dónde: Madrid y Segovia. Cuándo: 13-6-2013. Cuánto: 33.960 hectáreas.