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Las diez rutas en tren más famosas del mundo

Es un medio de transporte romántico, cómodo y seguro. Y, a veces, con vistas inolvidables

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La ruta del Transiberiano

El tren, sobre el lago Baikal, en la región sur de Siberia- Martha de Jong-Lantink

En el catálogo de medios de transporte para viajar por tierra, es posible que el tren sea el que obtenga una mayor puntuación en seguridad, comodidad y puntualidad. La siniestralidad es insignificante si se compara con la cantidad de accidentes que se producen en las carreteras. Además, sobre los raíles no existen los atascos. El relax está asegurado, ya que la conducción no depende de nosotros; solo hay que dejarse llevar y disfrutar del paisaje.

Hay millones de kilómetros de líneas férreas en el mundo. Las vías de ferrocarril tejen una red mundial que, a modo de cicatrices, cosen los países entre sí haciendo parada en multitud de estaciones. Nostalgia, belleza y carácter son atributos que suelen ir unidos a determinadas rutas en tren que se han convertido en clásicos. ¿Te apuntas a la aventura de recorrer el mundo sobre raíles? ¡Viajeros al tren!

La ruta del Transiberiano. Cada año, miles de viajeros preparan su mochila para ir en tren de Rusia a China pasando por Mongolia. Aunque la ruta tradicional del Transiberiano va de la capital rusa hasta Vladivostok, lo cierto es que el ramal Transmongoliano es la que tiene más adeptos. A pesar del enorme atractivo de los más de 9.000 kilómetros que nos separan de la costa rusa del océano Pacífico, la mayoría de los viajeros prefieren ver tres países en vez de solo uno. Los billetes se pueden comprar en una agencia especializada o hasta con 45 días de antelación en la web de ferrocarril ruso, pero necesitarás conocer el idioma o traducirlo.

Son muchos los que piensan que el Transiberiano es un tren en sí mismo, y esto no es cierto, ya que es una ruta con dos ramales (Transmongoliano y Transmanchuriano) en la que operan varios trenes. Hacer todo el recorrido del tirón en un solo tren lleva entre cinco y siete días, dependiendo de la ruta escogida. Aunque gozaremos de unas increíbles vistas desde nuestro compartimento si no nos apeamos, si hacemos la opción de los tres países, nos perderemos la oportunidad de hacer una parada en el impresionante lago Baikal o pasar unos días en el desierto del Gobi durmiendo en gers, las tiendas de campaña de los mongoles.

Los fiordos noruegos

La acción de los glaciares ha creado conjuntos de extraordinaria belleza, como son los fiordos. Éstos suelen ser admirados de dos formas diferentes: en barco o en tren. Si se elige la segunda opción, existe un ferrocarril especial para vivir la experiencia muy de cerca. Se trata del tren de Flamsbana, un trayecto turístico que parte de la ciudad de Myrdal, en la montaña, y termina en Flam, a pie de fiordo, abarcando unos 20 km. No en vano, es el camino férreo más escapado del mundo, salvando una pendiente del 55% y con más de 860 metros de desnivel entre el punto de partida y el de llegada.

Durante el recorrido, de aproximadamente una hora de duración, se tiene la oportunidad de conocer el majestuoso fiordo Aurlandsfjord, un ramal del fiordo más largo de Noruega, el Sognefjord. A lo largo del trayecto se podrán ver impresionantes cascadas, barrancos de vértigo y paisajes de ensueño mientras se atraviesan más de 20 túneles. En temporada alta, este tren cubre diez salidas y es importante reservarlo con antelación. Si tu idea es recorrer buena parte de Noruega en tren, una de las posibilidades es coger el tren de Bergen que sale de Oslo, y en la parada de Myrdal, tomar el tren hasta Flam.

El ferrocarril de la muerte

Tailandia y la antigua Birmania, hoy conocida oficialmente como Myanmar, estuvieron unidas por más de 420 km de vías férreas construidas por prisioneros de los japoneses y trabajadores asiáticos durante la Segunda Guerra Mundial. Turnos de trabajo de más de 16 horas, una comida al día (si había suerte) consistente en arroz hervido con verduras y castigos físicos y psicológicos fueron el día a día de la mano de obra forzada que trabajó en este ferrocarril de la muerte, en cuya construcción se calcula que perdieron la vida unas 100.000 personas. Hoy, solo están operativos 130 km que unen las ciudad tailandesas de Ban Pong y Nam Tok.

El mayor icono de este trayecto es, sin duda, uno de los puentes más famosos de la literatura y el cine: el puente sobre el río Kwai. El original, terminado en febrero de 1943, era de madera, pero pronto fue bombardeado por los aliados. Los prisioneros de guerra lo arreglaron, pero los bombardeos volvieron a destruirlo. Esta cadena continúo hasta la rendición de los japoneses en 1945. Este puente se sitúa en Kanchanaburi, donde merece la pena visitar los museos temáticos sobre la guerra, además de realizar excursiones en los alrededores y conocer sus fantásticos parques naturales.

De China al Tíbet

Para ir de Pekín a Lhasa, se puede optar por tomar la línea de tren más alta del mundo, inaugurada en el año 2006. Su construcción, no exenta de polémica, fue complicada, debido a que los trabajos se realizaron a mucha altura. Se trata de una viaje de 48 horas de duración cuya cota maxima se sitúa en 5.072 metros de altura por encima del nivel del mar, en el paso de Tanggula. Otro de los récords de este trayecto es el túnel de Fenghuoshan, dotado de 1.388 metros de longitud y que es el túnel de ferrocarril más alto del mundo. Para que los viajeros no sufran el mal de altura, cada asiento está provisto de mascarillas de oxígeno.

Una de las razones para escoger el tren a la hora de ir de China al Tíbet es el paisaje del que tendremos el honor de disfrutar durante los más de 4.000 km que separan ambos puntos. No hay que perder la oportunidad de divisar la cordillera Kunlun, que forma parte del sistema de los Himalayas y que cuenta con tres picos que superan los 7.500 metros de altura. Otro punto de interés es el lago Cuona, dentro de la reserva natural de Qiangtang. Es un lugar sagrado para los tibetanos situado a 4.800 metros de altitud, lo que le convierte en el lago de agua dulce más alto del mundo.

Recorrer Australia

Las líneas de tren que recorren el país más grande de Oceanía son muchas y muy variadas, todo dependerá de los días que se tengan disponibles y de los lugares que se quieran visitar. Para ir de este a oeste, habrá que tomar el Indian Pacific, que cubre el trayecto entre las ciudades de Sidney y Perth en tres días, uniendo el océano Pácifico con el Índico. A lo largo del viaje, el paisaje está plagado de contrastes: desde las bellas Montañas Azules, hasta la desértica llanura de Nullarbor, pasando por ciudades como Broken Hill, con un pasado minero a sus espaldas, o Kalgoorlie, la capital del oro de Australia.

Si se prefiere ir desde el sur hasta el norte, entonces hay que decantarse por el Ghan, que va de Adelaida a Darwin también en tres días. Colinas, costa y desierto vuelven a darse la mano a través de uno de los trayectos más largos del mundo. Las dos paradas que realiza este tren son Alice Springs y Katherine. En la primera podremos visitar algún yacimiento aborigen, mientras que en la segunda es posible navegar por su río. Existen recorridos más cortos como el Overland, que une Melbourne con Adelaida. Si lo que se busca es exclusividad, el ferrocarril australiano más lujoso es Southern Spirit, que realiza varios itinerarios por el sur del país.

Alaska en tren

Para conocer del estado americano de Alaska nada mejor que su ferrocarril, en concreto, la línea Denali Star y su servicio Goldstar. Se trata de un tren dotado de cómodos asientos y extraordinarios ventanales que lo convierten en un mirador panorámico sobre raíles. En tres horas, cubre el trayecto entre Anchorage, la ciudad más poblada de Alaska, y Fairbanks, la segunda ciudad más grande del estado y en la que la belleza de las auroras boreales se disfruta un promedio de 200 días al año. El paisaje que ofrece esta ruta es tan espectacular que el tren aminora la marcha, e incluso se detiene, para que el turista “queme” su cámara de fotos.

El gran atractivo de este recorrido es la vista que proporciona del monte McKinley, que con sus 6.194 metros sobre el nivel del mar, es la montaña más alta de América del Norte. Aunque su altura está lejos de otras cumbres como el Everest o el K2, su ascensión presenta un reto para los escaladores, dada su proximidad al Círculo Polar ártico. Este pico está ubicado en el parque nacional y reserva Denali, que tiene una extensión de más de 24.500 km² y está constituido en su mayor parte por tundra. Las plataformas de observación fuera de los vagones invitan a vivir el momento muy de cerca.

El tren de las nubes

El norte de Argentina posee uno de los iconos ferroviarios más destacados. El llamado tren a las nubes constituye una experiencia realmente especial. Recorre 434 km en 16 horas, y va desde la ciudad de Salta, en el Valle de Lerma, a 1.187 metros de altitud, hasta el viaducto de la Polvorilla, que está situado a 4.200 metros de altura. El tren atraviesa la zona conocida como Quebrada de Toro hasta llegar a La Puna, para después hacerlo a la inversa. Durante el trayecto, esta línea atraviesa un total de 29 puentes, 21 túneles, 13 viaductos, 2 «rulos» y 2 zigzags, fruto del trabajo del ingeniero estadounidense Richard Maury.

El tren a las nubes tiene una capacidad de 468 pasajeros y circula a una velocidad de 35 km/h. A lo largo de su recorrido, hace dos paradas. La primera en San Antonio de los Cobres, una población muy antigua que toma su nombre de la Sierra Cobre, muy rica en este mineral. Aquí, los lugareños obsequiarán al viajero con bailes típicos puneños y se podrán adquirir también prendas típicas de lana o alpaca. La segunda parada es en el propio viaducto de la Polvorilla, donde se recomienda andar despacio para no sufrir el mal de altura. No obstante, el tren cuenta con personal sanitario a bordo para asistir a los pasajeros que lo necesiten.

El mítico Orient Express

El espíritu de Agatha Christie y su famosa novela de intriga, que tuvo este tren como testigo mudo de su famoso asesinato, siguen ejerciendo un tremendo atractivo en el viajero que decide pagar una cantidad de dinero nada desdeñable por cubrir la distancia entre Londres y París a bordo del Venice-Simplon Orient Express. El primer servicio con este nombre nace en 1883. Se trataba de un tren que salía tres veces por semana de París y acababa en la ciudad rumana de Giurgiu, pasando por Estrasburgo, Múnich, Viena, Budapest y Bucarest. Seis años después, se terminó la línea hasta Estambul.

Tras las interrupciones derivadas de la Primera Guerra Mundial, el servicio vivió un auge tremendo, para después volver a decaer durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar del empuje de que los trenes de alta velocidad y los billetes baratos, el Venice-Simplon Orient Express, lejos de quedar enterrado en el olvido, sigue ofreciendo al turista una experiencia única. Este hotel de cinco estrellas de estilo Art Decó sobre raíles, en el que gastronomía y el trato exquisito se dan la mano, acaba de abrir una ruta hasta Estocolmo desde Venencia con parada en Copenhague. Sin duda, el modo más lujoso de llevar a Escandinavia.

El expreso del Danubio

Comenzar en Turquía y recorrer toda Europa Central en tren puede ser una gran idea si se dispone de 10 días libres y un presupuesto algo abultado. El tren parte de Estambul y sigue la línea del Bósforo hasta llegar a la frontera búlgara. En este país se realizan paradas en Kazanlak, donde hay una excursion a la iglesia memoral de Shipka, y en Veliko Turnovo, la antigua capital de Bulgaria que cuenta, entre sus tesoros, con la fortaleza de Tsarevets. Ya en Rumanía, Transilvania nos embrujará a través de las ciudades de Braşov y su castillo de Bran, y Sighişoara, supuesta ciudad natal de Drácula.

En Hungría nos espera el encanto de Kecskemét y la impresionante capital, Budapest, donde esperan puntos de interés turístico como la plaza de los Héroes, el castillo de Buda, la iglesia de San Matías o el bastión de los pescadores. Las próximas paradas serás Viena en Austria y Bratislava en Eslovaquia. Antes de llegar a la República Checa, el tren para hace dos paradas en Polonia, concretamente en Cracovia, donde además de conocer los mayores atractivos de la ciudad, se toma un autobús hasta las minas de sal de Wieliczka. Por último, el tren llega a su destino: la romántica ciudad de Praga.

Transcantábrico, el norte de España

Cena en el Transcantábrico-

El Transcantábrico es un viaje por la cornisa cantábrica en el que nuestra mirada se inundará de un verde intenso a través de las provincias de Asturias, Cantabria y Galicia. La línea de lujo va de San Sebastián a Santiago de Compostela y, en su recorrido, es posible ver pueblos como Viveiro, Luarca, Santillana del Mar, además de capitales como Oviedo, Santander o Bilbao. Los vagones disponen de suites con baño privado y todas las comidas están incluidas. A lo largo de siete noches, este tren de lujo español logrará que conozcamos nuestro país desde otro punto de vista.

Bordeando la línea de costa, seremos testigos de excepción de la belleza de los contrastes que ofrecen las escarpadas montañas, los amplios prados y las innumerables playas y acantilados. Todas las excursiones están programadas e incluidas en el precio de viaje, desde las entradas a los museos hasta las de las catedrales o claustros, así como los recorridos en autocar entre algunos de los puntos del trayecto. Esta línea de tren respeta hasta tal punto el descanso de sus viajeros que de noche se detiene por completo para que el traqueteo del tren no desvele el sueño de los pasajeros.

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