ITALIA

Así es el único parque de atracciones sin electricidad del mundo

«Luna Park Ai Pioppi», al norte de Italia, funcionan con el esfuerzo físico y la gravedad

«Luna Park Ai Pioppi»
«Luna Park Ai Pioppi» - Osteria Ai Pioppi

La famosa frase de Confucio: «Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida», ha sido llevada a rajatabla por el italiano Bruno Ferrin, el creador y propietario del primer parque de atracciones del mundo sin electricidad. Se llama «Luna Park Ai Pioppi» y se encuentra en Nervesa della Battaglia, un pequeño pueblo de la provincia de Treviso (norte de Italia).

Este parque de atracciones ecosostenible se encuentra escondido entre los árboles del «Bosco del Montello» y cuenta con un total de 45 atracciones que funcionan con la fuerza física del cuerpo y la gravedad.

Atracción de «Luna Park Ai Pioppi»
Atracción de «Luna Park Ai Pioppi»- Osteria Ai Pioppi
Atracción de «Luna Park Ai Pioppi»
Atracción de «Luna Park Ai Pioppi»- Osteria Ai Pioppi

Los ingresos de Bruno Ferrin proceden del «Osteria Ai Pioppi», un restaurante regentado por él con ayuda de su familia. La entrada al parque es gratuita siempre que pases por su restaurante. Este negocio surgió de la nada pero se ha convertido en todo para este ingenioso hombre. «Compré una botella de vino blanco y otra de vino tinto, cinco o seis kilos de salchichas, llevé toda la comida bajo un árbol y coloqué un grill», cuenta Bruno Ferrin en un documental realizado por fabrica.it. Sus primeros clientes se sorprendieron al encontrarse con ese improvisado «restaurante», pero cada vez empezó a llegar más gente y Bruno dice que en dos o tres horas se agotaron todas sus existencias. Poco después, viendo el éxito conseguido, decidió crear una estructura física para acoger cómodamente a todos sus clientes. Así fue como nació su restaurante «Ai Pioppi» en julio de 1969.

Por aquel entonces, Bruno Ferrin no tenía mucho trabajo y en su tiempo libre se le ocurrieron las primeras ideas: «Una rama cae, un pájaro vuela, una roca rueda... Y me dije a mí mismo: quizás puedo usar este movimiento. Así es como nacieron mis ideas; no puedo explicar cómo, simplemente me llegan». Bruno fue a la tienda de un soldador del pueblo para pedirle cuatro ganchos, pero el hombre le dijo que no tenía tiempo para eso y que lo hiciera él mismo. Bruno lo recuerda con cariño porque fue el empujón que necesitó para hacer realidad aquello que había creado sólo en su mente. Aprendió a soldar y su primera construcción fue un tobogán de hierro. De eso hace ya más de 40 años. A partir de ese momento fue construyendo más y más atracciones, llegando a crear una noria, una tirolina o una montaña rusa.

Bruno Ferrin trabajando en su taller
Bruno Ferrin trabajando en su taller- Osteria Ai Pioppi

«Se tardan varias horas en crear un columpio; la atracción más compleja puede tardar meses en hacerse», señala Bruno, quien a sus 80 años, se ha enamorado de lo que él mismo ha construido con gran esfuerzo. «Cuando acabo una atracción y sé que funciona, por la noche cuando estoy solo me siento frente a ella y la contemplo».

Bruno Ferrin desearía que sus sucesores tomaran el relevo y continuaran sacando adelante su parque y su restaurante pero está convencido de que no puede imponer sus ideas porque «todos tenemos puntos de vista diferentes».

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