El 23 de abril de 1818 tuvo lugar la colocación de la primera piedra del teatro, pero problemas de carácter técnico y económico provocaron sucesivas y largas suspensiones a lo largo de los años 20 y 30 del siglo XIX
El 23 de abril de 1818 tuvo lugar la colocación de la primera piedra del teatro, pero problemas de carácter técnico y económico provocaron sucesivas y largas suspensiones a lo largo de los años 20 y 30 del siglo XIX

BICENTENARIO DEL TEATRO REALLos 200 años llenos de logros y percances del Teatro Real de Madrid

El 23 de abril de 1818 se colocó la primera piedra de este emblema de la música culta

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Han sido doscientos años de esplendor y convulsiones. Desde que un 23 de abril de 1818 se pusiera su primera piedra, el Teatro Real ha encadenado logros y percances como si su propia historia fuera la metáfora misma del género operístico: creación y catástrofe. Para empezar, la construcción del edificio se prolonga durante más de treinta años por falta de presupuestos y por la muerte del arquitecto encargado, Antonio López Aguado. El teatro, inaugurado en 1850, recibirá la visita de Verdi, Strauss y Stravinski, asistirá al ascenso y declive de Gayarre, acogerá las últimas piruetas de Nijinski. Muchas anécdotas caben entre aquellas paredes, hasta que en 1925 el peligro de derrumbe decreta su cierre. Empieza entonces una travesía por el desierto con la amenaza de demolición siempre al acecho. Reabre el Real en 1966, pero como sala de conciertos, y se vuelve a cerrar en 1988, esta vez con vistas a su definitiva remodelación.

En 1997, tras dilaciones y discusiones, renace como teatro de ópera con la asignatura pendiente de recuperar su lugar entre las plazas líricas internacionales después de décadas de ausencia. Las polémicas, tan consustanciales a la biografía reciente del teatro, se llevan por delante al director artístico Stéphane Lissner antes del comienzo de la primera temporada y harán acto de presencia casi diario durante la etapa de Gerard Mortier. Con todo, las dos últimas décadas marcan el camino ascendente de un teatro que ha capeado la crisis con más soltura que su homólogo barcelonés. Con Joan Matabosch en el cuarto de máquinas, el Real acomete su temporada de los 200 años en paz consigo mismo y con el orgullo del trabajo realizado.

La presencia de títulos con tirón popular se alterna con propuestas más selectas. En el primer apartado ya vimos Aida (7-25 de marzo), y se anuncia una Lucia di Lammermoor (22 de junio-13 de julio) que contará con la pareja Oropesa-Camarena. Hará de contrapunto la heteróclita mezcla de géneros que Kurt Weill plantea en Street Scene (en febrero y mayo), la original evocación de la época isabelina en Gloriana de Britten (12-24 de abril) y Die Soldaten de Bernd Alois Zimmermann (16 de mayo-3 de junio), impresionante reflexión sobre la violencia que despliega unos medios musicales y escénicos nada habituales.

Pero un teatro lírico no se mide sólo por su oferta musical, también por su capacidad para convertirse en espacio emblemático de la ciudad, centro de producción cultural y foco de atención turística. En esa línea, el Real organiza una temporada infantil, conferencias y conciertos para contextualizar los títulos representados y ha desarrollado una aplicación pionera en el género, «Teatro Real VR», que a través de la realidad virtual permite conocer desde dentro el teatro hasta en sus entrañas más ocultas. También se organizan visitas guiadas (con cuatro recorridos distintos) o con audioguía, donde cada uno sigue su propio itinerario.