Viajar - Nieve

Los cañones de nieve salvan a las estaciones de esquí del desastre

El sector recuerda que esta situación es más habitual de lo que parece y que aún queda mucha temporada por delante

La innivación artificial permite que en las pistas haya nieve
La innivación artificial permite que en las pistas haya nieve - REUTERS

Más de cinco millones de esquiadores se acercaron a la montaña el pasado invierno a disfrutar de su deporte favorito. Y también 2014 fue un año que comenzó «con poca nieve», recordaba en la presentación de la actual temporada Aureli Bisbe, presidente de la Asociación Turística de Estaciones de Esquí y Montaña (Atudem). Claro que una cosa es el episodio de buen tiempo que también vivimos las pasadas navidades y otra, confirman desde Aemet, «la situación anticiclónica tan prolongada que sufrimos este año».

El sector del turismo de nieve es importante en España. Los ingresos en remontes en la temporada pasada supusieron más de 114 millones de euros y las inversiones realizadas ascendieron a más de 30 millones de euros. Y esto estrictamente en las pistas; si sumamos todo lo que se mueve alrededor del mundo blanco –alojamiento, restauración, material, ropa, ocio nocturno...–, esas cantidades se disparan.

Más aún, el turismo blanco representa para las comarcas de montaña en torno al 80% de su PIB y la principal salida laboral para sus habitantes, con cerca de 60.000 personas empleadas por las estaciones de esquí. Por eso más de uno mira ya con cierta ansiedad las predicciones de Aemet, y hasta de la NOAA americana, en busca de indicios de precipitaciones o, al menos, de bajas temperaturas. No en vano, el sector se juega entre el puente de la Constitución y la Navidad en torno al 30% de la facturacion total.

Pero el tiempo no acompaña. El otoño, según datos facilitados por Aemet, ha tenido un carácter cálido, con 0,4 grados por encima de la media, y seco, con una precipitación un 18% menor a la media. En lo que respecta al mes de noviembre, la anomalía térmica fue de +1,5 grados, y en lo que llevamos de diciembre, ha sido de +1,2 grados; registros demoledores para que se registren nevadas al comienzo de la temporada de esquí. Para este invierno recién estrenado, Aemet prevé una mayor probabilidad de que la temperatura alcance valores superiores a la media del periodo de referencia 1981-2010 en toda España. «Pero el día 25 cambia la luna... y ya se sabe», bromea Bisbe, que quita hierro a una situación que debería ser catastrófica, pero que en absoluto lo es. Al menos de momento.

«En el Pirineo estan prácticamente abiertas todas las estaciones y en Sierra Nevada tienen una pequeña zona practicable. En la Cordillera Cantábrica y en el resto es donde no hay nada y están cerradas. Incluso en Europa están con muy poca nieve ahora mismo», cuenta el presidente de Atudem y también de Baqueira-Beret.

Comenzar con poca nieve no es algo insólito. Ha pasado en otras ocasiones.De hecho, la costumbre de iniciar la temporada en la primera semana de diciembre es algo muy reciente porque antes era impensable hacerlo antes de la Navidad.

La tecnología es la que ha permitido este adelanto de la temporada gracias a los sistemas de innivación artificial que permiten fabricar nieve. «Hace quince años no había ninguna estación abierta por estas fechas», dice Bisbe. «Ahora, con cero grados y con un ambiente seco podemos hacerlo. Y como por las noches sigue haciendo frío, mantenemos en muy buenas condiciones la que cayó hace unas semanas», asegura.

Con estas apreciaciones coinciden también los responsables del grupo Aramón, que integra las estaciones de Formigal-Panticosa y Cerler en el Pirineo aragonés, y Javalambre y Valdelinares en Teruel. «Ha habido años que no se ha podido abrir para el puente de la Constitución, pero este sí. Es cierto que hemos tenido unos días de altas presiones, pero se trata de una situación puntual y, además, entre la nieve que cayó al principio y la que se ha fabricado, aún sin ser la situación más deseada, estamos bien para afrontar la Navidad». El resto del milagro blanco lo han hecho las máquinas pisapistas de última generación que permiten trabajar en pendientes más elevadas y distribuir la nieve por la superficie esquiable.

Clientes muy fieles

El sector cuenta además con otro as en la manga. La fidelidad de los amantes del esquí es una baza impagable. Pocos clientes tienen tan asumido que la montaña es así y que todo puede cambiar en cuestión de horas con un repentino frente frío. Por eso, en contra de lo que pudiera parecer lógico, no se están produciendo cancelaciones en masa. Todos esperan la nieve, y aguantan. Sierra Nevada, por ejemplo, mantiene ahora mismo ocupaciones entre el 50% y el 65% y la demanda solo ha caído entre un 5 y un 10% respecto de años con abundancia de nieve.

Pero además de su lealtad, el esquiador entiende como pocos de «geografía». No es lo mismo una estación que tenga sus pistas en zonas boscosas y predominantemente en la cara norte de la montaña, que otra con descensos que miran al sur; tampoco que los valles en los que están enclavadas se orienten en la dirección de entrada de las borrascas predominantes o protegidos de estas. Si el frente viene del Golfo de Cádiz, el esquiador correrá hacia Sierra Nevada. Si lo hace por el Atlántico, lo hará hacia el Pirineo. El caso es que, hasta la fecha, siempre hay estaciones con suficiente nieve para esquiar en España.

Ofertas especiales

El presidente de la Asociación de Empresarios de Sierra Nevada, Enrique de la Higuera, explica que están muy acostumbrados a estas situaciones y reaccionan con rapidez. «Hemos bajado precios y estamos ofreciendo productos especiales, como el esquí hasta las nueve de la noche», A falta de muchos kilómetros esquiables, «la clave está en dar muchas horas de esquí», añaden desde Cetursa, empresa responsable de la explotación de Sierra Nevada.

Es evidente que el cambio climático está aquí, «eso no lo discute nadie», asegura Bisbe. Pero afortunadamente para el sector «las temperaturas que se registran por la noche, que es cuando más nieve podemos producir, no han subido. Tampoco la cota de nieve, pese a lo que crea mucha gente. Lo que sí hemos detectado nosotros es que tenemos oscilaciones muy acusadas desde hace 40 años. Este año ha empezado mal, pero el pasado también, y al final acabó con más del doble de nieve de lo que es habitual», concluye Bisbe.

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