Debajo, la basílica del Santo Sepulcro, en Jerusalén. Arriba, la puerta de Damasco
Debajo, la basílica del Santo Sepulcro, en Jerusalén. Arriba, la puerta de Damasco

48 horas entre Israel y Palestina con menos de 50 euros

Un viaje increíble (y posible) de Tel Aviv a Jerusalén y la zona Palestina, entre monasterios, kibutz y campos de refugiados

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Aterrizas en Ben Gurión, el aeropuerto de Tel Aviv. En la sala de llegadas una columna de agua, tan clara como el agua de piscina, cae desde un agujero abierto en el techo. Deja pasar la luz del sol. Las gotas destellan al trasluz. Sillones de cuero negro, mesas minimalistas abrazan las curvas de su diámetro. Vaqueros, camisetas informales se mezclan con las ropas de los judíos ortodoxos. Suelen estar sentados leyendo la prensa, la Torá (Biblia judía), o de pie cuidando a su familia, numerosa. Los hombres llevan el pelo rizado en tirabuzones. Tapado con un gorro negro. Visten con largos abrigos negros, grises. Las mujeres tienen el pelo recogido, a veces cubierto con un pañuelo. Llevan faldas que cubren sus tobillos, camisas o camisetas de manga larga. Siempre con colores oscuros. Hombres y mujeres solo dejan al descubierto sus manos. Y su cara.

Dormir en un monasterio

Llegas a las 21:00h de la noche de un viernes. Es shabbat. Día de descanso judío. Todo está parado. Hasta la electricidad. En los pueblos más religiosos prohíben encender la luz, mandar un correo electrónico, o subir ocho pisos en ascensor. En las ciudades, en especial Tel Aviv, el transporte sigue funcionando. Pero no el público. Por eso es importante que cojas un sherut. Es un minibus de color amarillo, como los que puedes ver en Sudáfrica o América Latina. Diseñado para llevar de ocho a diez personas. Tienen un maletero grande para el equipaje. En la luna delantera está escrito el nombre del destino en un papel blanco. Súbete al primero que ponga Jerusalén. No tienen un horario fijo, arrancan cuando ya no entran más pasajeros. Están esperando a la salida de la puerta principal, pegados a los taxis que hacen cola en la parada. Si quieres asegurarte de que no te quedas sin sitio, haz una reserva antes de llegar. Su número es 00972 -2-6257227, cuando marcas desde el extranjero. El trayecto suele costar entre unos 50 o 60 Nis (10-12 euros). Cambia un poco de dinero en el aeropuerto, el resto en una casa de cambio o en algún cajero.

Sales del sherut. Pisas la Ciudad Santa. Oscura y silenciosa. Puedes pasar la noche en un monasterio tranquilo con una cama doble, baño, y galletas para el desayuno. El precio es 50 Nis (10 euros). Se llama Monastery of Foyer Saint Joseph. Situado en el número 66 de la calle Rehov Haneviim. Es cálido, acogedor, muy privado. Llama varios días antes para reservar. Habla con la hermana Catherine. Cierra las puertas a las once de la noche. Vuelve a abrirla al día siguiente a las siete de la mañana.

Si buscas conocer a gente de otros países, el minibus hace una parada delante de la puerta del hostal Abraham. Está a cinco minutos andando desde el monasterio. Apéate. Reserva una habitación, cuesta 77 Nis (15.50 euros). Hacen una cena de shabbat muy buena (shabbat dinner). Empieza a las 21:00h. La gente del hostal suele quedarse en las hamacas de colores del comedor hasta tarde. Acércate, conversa con ellos. También es posible trabajar como voluntario a cambio del desayuno y del alojamiento. Es una opción barata si quieres vivir varios meses en Israel.

Los mejores mojitos

Para salir de fiesta, durmiendo solo cuatro horas porque al día siguiente conviene madrugar, convence a un grupo de extranjeros que en encuentres en el hostal. Llévatelos al Toy Bar. Es un pub con música internacional. No es caro beber, cierra tarde. La dirección es 6 Du Nawas Street, 94234, a diez minutos andando desde el hostal. Tiene dos pisos. El primero es cafetería con entrada gratuita. El segundo es una discoteca. La entrada son 30 Nis (6 euros). Pregunta por el camarero Tal Elbaz. Pídele que te haga un mojito y que te cuente su experiencia viviendo dentro de un bote durante su viaje a la India.

Al día siguiente levántate a las diez de la mañana. Baja al comedor. La reserva incluye desayuno. Come algo, llénate la mochila de pan. Recoge el equipaje. Camina hacia las murallas de la ciudad. Busca la puerta de Damascus, una de las siete puertas de Jerusalén, por la que entras a Palestina. En la esquina podrás ver una cafetería pequeña árabe que vende falafel , bolas de verdura fritas rebozadas, a 4 Nis (80 céntimos).

Check point entre Jerusalén y Belén

Los sábados solo puedes comprar comida en la parte árabe de la ciudad porque todas las tiendas en la parte judía están cerradas hasta que acabe el shabbat. Al llegar a Damascus gate (la puerta de Damasco) empiezas a escuchar el bullicio, el ruido, ves los colores de la fruta, respiras su olor a fruta fresca. Estás en el mercado árabe. Saca fotos. Varios mercaderes palestinos intentarán acercarse para venderte alguno de sus productos. Conversa con ellos, sin miedo, en inglés, pregúntales cómo se vive en el Jerusalén oriental y dónde coger el bus 18 dirección Ramala, una ciudad que funciona como la capital de Cisjordania, en la estación de autobuses de Damascus. Sale cada cinco minutos.

Súbete. Te llevará a la estación de Ramala. El precio es 6 Nis (1,20 euros). Una vez que llegues coge el último minibus del día hasta Yenín, al norte de Cisjordania. El precio es 30 Nis (6 euros), el trayecto dura tres horas. Salen de la parte de abajo de un centro comercial, a tres minutos andando de la parada de autobuses. Si te queda tiempo libre y no conoces Palestina, piérdete por sus calles, bebe café árabe e intenta comprar una pasmina. Pacta el precio con el mercader antes de comprarla.

Campamento de refugiados palestino

Apéate en la parada de autobuses de Yenín. Busca el Teatro de la Libertad, en el campamento de refugiados. Está a diez minutos andando. Habla con su director, Jonatan Stanczak, para que te lo enseñe, para que te cuente su peculiar historia. Pregúntale por Arna, una activista judía que fundó el teatro. Tienen habitaciones de invitados. Es posible que te inviten a dormir y a comer. En caso de que no tengan espacio, reserva habitación en la casa de invitados del Cinema de Jenin, el primer cine de la ciudad, cuenta con muchos proyectos culturales.

Cuando se menciona Palestina, la gente no quiere viajar sola. Gana el miedo a las bombas o tiroteos. Esa visión no se corresponde con la realidad. Una ciudad como Yenín tienen más teatros, cines y proyectos culturales que muchas capitales españolas. Palestina es un pueblo vivo y con ganas de vivir. Los palestinos son amables, cordiales con los extranjeros. Es interesante descubrirla, dejar que te descubra.

Levántate el domingo a las nueve de la mañana. Escucharás los cánticos de los musulmanes que llaman a rezar a los fieles a la mezquita. Coge tu cámara. Piérdete por el campamento de refugiados. Al poner un pie verás que decenas de niños te rodean. Les gusta hablar con gente extranjera. Sácate fotos con ellos, pero nunca a ellos. No debes tener miedo, pero si te sientes más seguro pregúntale a uno de los estudiantes, o a los voluntarios internacionales, del Teatro de la Libertad que te acompañen.

Vete al mercado de Yenín, en el centro. Compra un falafel o shawarma (bocata de tenera). Antes de las una de la tarde coge un taxi hacia check point que separa Afula, parte israelí, de Yenín, parte palestina. Se llama Jalame. Es una barrera muy pequeña por la que pasan pocos turistas, a diferencia del cruce por Belén donde hay mucho tráfico. No puedes atravesarlo andando. Tienes que hacer autostop. Para a un coche palestino. Dile que te lleve hasta la parada de autobuses en Afula, Israel. Está a cinco minutos. Los soldados se van a extrañar de ver a un blanco con un palestino. Así que te pedirán que bajes del coche y que les des el pasaporte. Si has estado antes en algún país árabe puede que tengas problemas, por lo que es recomendable que des la vuelta y vuelvas a Israel a través del check point de Belén. Si no has estado, te preguntarán que haces en Yenín. Responde con normalidad. No te pueden ver nervioso. Diles que has ido a visitar a algún amigo español o que has comprado café árabe para regalar a tu familia. Te revisarán la mochila. Y te dejarán pasar sin problemas.

Ein-Hashofet kibutz

Una vez que cruzas el check point en autostop y llegas a la parada de autobuses de Afula. Vuelve a hacer autostop. Ahora estás en Israel. Dile a un coche que te lleve hasta el Kibbutz Ein -Hashofet, cerca de la ciudad de Yockneam. Para los españoles es extraño viajar a dedo, pero en Israel es muy común. Igual que en Europa del Este, donde puedes ver a ejecutivos que van desde su casa hasta su oficina pidiendo que alguien les lleve. Es importante que pongas el dedo índice y el corazón cuando pares a un coche. En caso de que te veas justo de tiempo o no te atrevas a lanzarte a la carretera con tu mochila, vuelve a Tel Aviv en autobús. El domingo es día laboral en Israel.

Un kibbutz es una comunidad de gente que sobrevive autogestionándose. Usan el modelo comunista. Aunque hoy en día no todos sus miembros son comunistas. En un kibbutz tienes acceso a todo: servicio de lavandería, comedor, tienda, coche comunitario, pero no puedes usar el dinero. Es posible trabajar como voluntario para el kibutz: en el campo, en las fábricas, o en la cocina. Si te interesa contacta con la oficina principal, Kibbutz Program Center. Pídeles el contacto del representante en España. Solo te hace falta saber inglés y tener menos de 30 años.

Cuando acabes de visitar la comuna, pegúntale a uno de sus miembros (se llaman kibbutznik) si te puede acercar en coche a la parada de autobuses de Yockneam, la ciudad más cercana. El trayecto dura cinco minutos. Es muy fácil, siempre hay coches que se van desde el kibbutz hasta la ciudad. Igual que los palestinos, son gente muy amable.

Volver en autostop

Cuando llegues a Yockneam coge un bus a Tel Aviv o vuelve a hacer autostop. Es una hora de trayecto. Estate antes de las seis de la tarde. Saca una foto del atardecer. Verás que el sol se enciende de color rojo, intenso como el carmín de labios. Captura el instante. Cuando vuelvas a tu casa acuérdate de que soñarás con los atardeceres en Oriente Medio.

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