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De Tudela a Fitero, un paseo por la huerta navarra

Tierras de vieja tradición hortícola con sabor a patrimonio cultural y artístico

Pimientos de piquillo
Pimientos de piquillo - Patxi Uriz

Corría el año 1528 cuando Carlos V decidió construir una acequia para regar con el caudal del Ebro, las áridas tierras navarras y aragonesas del valle y llevar agua potable a la capital maña. Para que el sistema funcionara hubo que levantar una presa con un edificio de compuertas; al conjunto se le llamó El Bocal del Rey.

La decisión real no pudo tener más éxito, pues todavía hoy sigue dando sus frutos: espectaculares esparrágos, pimientos, cogollos, tomates y, por supuesto, alcachofas que han dado fama internacional a la huerta navarra y que se han convertido en uno de los productos estrella de la gastronomía española.

Para hacerle honores, empezaremos el paseo por Tudela, cuya parte más sabrosa es, como pasa en la alcachofa, el corazón, ubicado en la Plaza de los Fueros. La Casa del Reloj, las fachadas con blasones y escenas de tauromaquia, así como su kiosco de música hacen de esta antigua plaza de toros el centro vital de la ciudad.

Imponentes fachadas nobiliarias

Desde aquí podemos recorrer alguna de las calles estrechas que conducen a la Casa del Almirante, al Palacio del Marqués de San Adrián o al Palacio del Marqués de Huarte, con sus imponentes fachadas nobiliarias, sin olvidar la iglesia románica de la Magdalena y, por supuesto, la catedral de Santa María. Desde Tudela hay que tomar la autovía A-68 y, tras una parada en El Bocal, llegar hasta Cortes, dominada por un imponente castillo del siglo XII en el que se alojaba el rey navarro Carlos III el Noble cuando iba de caza.

Nuestro siguiente objetivo es la localidad de Tulebras, para lo cual hay que desandar el camino hasta Tudela y desde allí enfilar el sur por la N-121. El recorrido merece la pena, pues en ese pueblo está el primer monasterio cisterciense femenino de España: Santa María de la Caridad.

Fue construido en 1157 y alberga una iglesia románica, una capilla barroca, una hospedería, un museo de escultura y un claustro acristalado. Aunque fue restaurado por la Institución Príncipe de Viana, son las mismas religiosas, que elaboran pastas y dulces artesanalmente, quienes han conservado el lugar en perfecto estado.

De Cascante al balneario de Fitero

Muy cerca, en Cascante, sale hacia el oeste la carretera NA-6900, que nos lleva a los tres últimos hitos de la ruta de la alcahofa. En el pueblo de Corella se podrá admirar el arte sacro del antiguo monasterio de la Encarnación, actual Museo Arrese. Al lado hallaremos destacados edificios palaciegos como la Casa de las Cadenas y construcciones barrocas y neoclásicas.

Tampoco faltan mansiones en Cintruénigo, pero antes recomendamos dar un paseo por el Paretón, un corte natural sobre el río Alhama por el que discurría la vieja muralla.

La localidad de Fitero reserva para el final del viaje los históricos balnearios Gustavo Adolfo Bécquer y Virrey Palafox. El poeta romántico, aquejado de tuberculosis, pasó en 1862 una temporada de reposo bajo el rumor de sus beneficiosas aguas termales. El gran complejo cisterciense de Santa María Real pone el broche final de relax corporal y espiritual al viaje por las tierras de la alcachofa.

Rincón de la alcachofa de Tudela

Original de África, el cultivo de la Cynara scolimus L. se inició en Navarra durante el dominio árabe. De la alcachofa, también llamada alcaucil en algunas zonas de España e Hispanoamérica, se come el corazón, al que se llega después de quitar las hojas exteriores más duras. Crujiente y ligeramente amarga, se siembra a primeros de agosto y se recolecta a mano de octubre a diciembre y de febrero a junio.

Se comercializa con tallos de 18 cm y de 10 cm, con pocas hojas y sin ellas. Los corazones enteros o en mitades se envasan en recipientes de vidrio sin acidulantes que conservan el producto fresco. En Navarra hay 32 municipios que cultivan la alcachofa de Tudela, entre ellos, la ciudad que le da nombre.

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Después del agua, su componente principal son los hidratos de carbono, destacando la inulina, que favorece el crecimiento de la flora beneficiosa del intestino, y la fibra. Los minerales más abundantes son el potasio y el fósforo, y entre las vitaminas, las del grupo B y la C.

Fuente: Guía Repsol

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