Plaza Mayor de Salamanca
Plaza Mayor de Salamanca
turismo

48 horas en Salamanca: agenda imprescindible

Ciudad monumental que se mantiene siempre joven gracias a su animada vida universitaria

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Salamanca es como un inmenso decorado de cine cuidado con todo detalle. Sin embargo, su conjunto monumental es vivido y disfrutado por sus habitantes a todas horas. Una ciudad que sabe conservar su esplendoroso pasado y a la que le gusta mirar al futuro, animado por su «estimulante» población universitaria, que la mantiene joven y dinámica. Nos esperan dos días para recorrerla. ¡Dejemos que nos sorprenda!

10.00 h - Un astronauta en la catedral

En la plaza de Anaya comienza nuestro recorrido. Desde ella se pueden contemplar las dimensiones titánicas de la Catedral Nueva de la Asunción de la Virgen, una de las más grandes y majestuosas de España. Construida a partir del siglo XVI, es de estilo gótico pero con detalles del Renacimiento y del Barroco.

Antes de entrar en ella, vale la pena detenerse unos minutos a recorrer con la vista los relieves de su fachada y los de la Puerta de Ramos. Si nos fijamos con atención, en uno de sus laterales podremos ver un astronauta esculpido sobre la roca que nos dejará boquiabiertos. Tranquilos, este astronauta no ha estado ahí siempre, sino que es una licencia creativa que se tomó en una restauración en el año 1992 y que simboliza la modernidad del siglo XX.

Una vez dentro de la catedral podremos recorrer su planta de más de 100 metros de longitud, sobre la que ascienden tres altísimas naves rematadas en bóvedas de crucería. Llegados aquí, miremos hacia arriba y disfrutemos del espectáculo incomparable que nos ofrece la luz que dejan entrar las 90 vidrieras que ordenaron traer de Flandes.

11.30 h - La catedral salvada

Para alcanzar nuestro próximo destino no hace falta salir de aquí: se puede acceder a la Catedral Vieja por el interior de la Nueva. Y es que Salamanca es una de las pocas ciudades, junto con Zaragoza, por ejemplo, que puede presumir de tener dos catedrales. Fue suerte y acierto, ya que tuvieron la gran idea de conservar la antigua catedral que se había quedado pequeña debido al aumento de la población.

Esta primera catedral (“la pequeña”) se construyó entre los siglos XII y XIII combinando el románico con el gótico. Lo que más destaca en su interior es el Retablo de la Historia de la Salvación, formado por 53 tablas que narran, como si de un cómic se tratase, la vida de la Virgen y Jesucristo, muy útil a la hora de evangelizar al pueblo de esa época, que en su inmensa mayoría era analfabeto.

Una vez impregnados de románico, salimos al exterior para ir haciendo boca hasta que llegue la hora de comer. Y qué mejor que hacerlo visitando la Fonda Veracruz, un antiguo albergue que ahora aloja la Escuela de Hostelería. Para llegar allí bajaremos la cuesta de Tentenecio hasta la calle Veracruz, donde la encontraremos en el número 22 sin tener que andar mucho.

Si hemos planeado nuestro viaje, podremos disfrutar de los platos innovadores a la vez que tradicionales que cocinan sus alumnos a la vista del cliente. Acordémonos de reservar con antelación, ya que la lista de espera es de al menos tres meses. En caso contrario, bastará con descubrir este hermoso edificio que cubierto de vegetación resulta todavía más sorprendente.

14.00 h - Iniciación al tapeo salmantino

Las tapas y los pinchos en Salamanca son una religión. Y para convertirnos en adeptos qué mejor que hacerlo en el restaurante Momo. Volvamos por donde hemos andado hasta la plaza de Anaya, donde comenzamos, y una vez allí cogemos la pequeña calle de Tostado hasta la calle San Pablo.

Allí está el Momo, esperándonos con su decoración retro y una simplicidad modernísima. Es un restaurante con las ideas claras, buenas materias primas y una excelente carta de vinos con los que regar las tapas innovadoras. Pero como no solo de tapas vive el hombre, tienen una buena cantidad de platos para elegir. El boletus con foie te deja sin palabras; no hay nada más que decir.

Si viajamos en pareja y nos apetece comer en un ambiente íntimo y acogedor, el restaurante La Hoja 21(Recomendado por Guía Repsol) está situado en la misma calle San Pablo, a cien metros del Momo desplazándonos en dirección a la plaza de Colón. En La Hoja 21 disfrutaremos de su cocina, que une tradición de la tierra con vanguardia y creatividad, todo regado por una extensa carta de vinos.

16.00 h - Una cueva de leyenda

Con la tripa llena y el corazón contento, nos despedimos del Momo para visitar el lugar de la ciudad del que más leyendas han salido. Bajando por la calle de San Pablo y subiendo la cuesta de Carvajal llegamos en pocos minutos a la llamada Cueva de Salamanca. No es más que los restos de la cripta de lo que fue la Iglesia de San Cebrián, y donde la leyenda dice que daba clases el mismísimo diablo.

Esta leyenda cuenta que el demonio, disfrazado de sacristán, eligió a un grupo de siete estudiantes para enseñarles durante siete años ciencias ocultas, adivinación, astrología y magia. Al cabo de esos siete años, debía elegir a uno de los estudiantes para que allí se quedara a su servicio. Este hecho viajó hasta Hispanoamérica, donde llaman “salamancas” a los lugares donde se practica brujería. Cuanto menos, resulta curioso.

18.00 h - Una universidad con tradición

Envueltos en tanto misterio ya va siendo hora de que conozcamos el verdadero corazón de la Salamanca de hoy en día. Se trata de su antigua y prestigiosa universidad, que llena la ciudad de estudiantes y hace que por sus venas siempre corra sangre joven. Otra vez en la plaza de Anaya, tan solo al pasar la calle Calderón de la Barca encontramos el Patio de Escuelas Menores, desde el cual podremos recrearnos con la fachada del edificio central de la universidad, construida para ser observada.

Irremediablemente, tendremos que dedicar unos minutos a buscar la famosa rana que hay esculpida. Dicen que los jóvenes que comienzan allí sus estudios deben encontrarla si no quieren suspender los exámenes. Para que no nos dejemos el cuello y la vista buscándola, debemos saber que se encuentra sobre una calavera. La idea era avisar a los estudiantes de que debían centrarse en sus estudios porque el pecado, simbolizado por la rana, podía llevarles a la muerte, obviamente la calavera.

Una vez encontrada la rana, dejémonos llevar por el ambiente universitario y entremos en el edificio para recorrer la universidad que ha alojado algunas de las mejores cabezas de nuestra historia, como las de Calderón de la Barca, Unamuno o Fray Luis de León, entre muchas otras.

20.30 h - Cena mayor

A estas horas las calles se van llenando de estudiantes que se disponen a ir a su clase favorita: el tapeo. Y nosotros no vamos a ser menos, así que siguiendo la calle de los Libreros y a través de la calle Mayor llegaremos al epicentro de la ciudad en un corto paseo. Este no es otro que su Plaza Mayor, construida por el mismísimo Churriguera, de cuyo nombre salió un estilo arquitectónico único, el churriguerismo. Podemos recorrerla dando una vuelta bajo los portales, como hacían antaño los jóvenes en edad de merecer que por allí se paseaban para ver y ser vistos. Igual, podemos tener suerte y coincidir con alguna ronda de las clásicas tunas universitarias que abundan en Salamanca.

En esta plaza tenemos multitud de sitios para sentarnos a cenar, como el Mesón Cervantes, en el que podremos degustar sus tortillas rellenas, con vistas a esta magnífica plaza. Y si somos unos sibaritas de la carne, no pasaremos por alto el lomo de Kobe, considerada como una de las mejores carnes del mundo, y un imprescindible en Salamanca.

Y si aún nos quedan ganas de marcha, en la misma calle Prior nos encontramos con Garamond, un local con buena música y gente guapa, todo ello en una ambiente medieval. Otro local para descubrir la noche salmantina es la discoteca Camelot, situada en la conocida calle de Bordadores, que encontraremos al pasar la calle Prior. Si tenemos suerte, podremos encontrar allí un espectáculo de flamenco o de cualquier grupo de música actual, y, aunque esa noche no lo haya, seguro que lo pasamos bien en ese ambiente universitario nocturno que se ha ganado su buena fama a pulso. Pero guardemos un poco de fuerza, que nos queda mucha Salamanca que ver mañana.

10.00 h - Desayuno literario

Comenzamos el día otra vez en la Plaza Mayor para poder admirarla de día y, de paso, desayunar fuerte para recuperarnos de la noche de ayer y enfrentarnos al nuevo día. En esta plaza se encuentra el conocidísimo Café Novelty, fundado hace más de cien años. Allí se reunían ilustrados y bohemios en torno a un café.

Hoy en día, sigue conservando ese espíritu y se siguen realizando charlas, e incluso cuenta con una publicación propia, llamada Papeles del Novelty. Cafés hechos con mimo, una carta de helados secretos, e incluso podremos llevarnos de recuerdo algún manjar ibérico procedente de cerdos criados en libertad, para que nos vayamos de la ciudad con un sabroso recuerdo.

12.00 h La Casa de las Conchas

Ayer la pasamos de largo, pero no porque se nos haya olvidado, sino porque la Casa de las Conchas merece ser visitada con tiempo. Despidámonos de la Plaza Mayor y, bajando la Rúa Mayor unos 300 metros, nos encontraremos con este edificio gótico con elementos platerescos. Se construyó en el siglo XV, con motivo del enlace entre don Rodrigo Arias y doña María de Pimentel.

Por eso conchas y flores de lis engalanan todo el edificio, ya que eran el símbolo de cada familia. Aunque ahora alberga una biblioteca pública, la Casa de las Conchas nunca se usó para fines tan nobles. De hecho, en el siglo XVIII se convirtió en una cárcel propia de la universidad donde los estudiantes pagaban sus penas.

14.30 h - Para todos los gustos

Llegada la hora de comer no nos vamos a mover de aquí. El restaurante El Bardo nos reserva, tras su puerta de hierro forjado y entre sus paredes de piedra, una buena combinación entre cocina tradicional y platos vegetarianos para los que quieran comer algo ligero, como sus aclamados pasteles vegetales. Y para terminar nos daremos un homenaje con sus canutillos de chocolate rellenos de arroz con leche.

16.30 h - La Clerecía, Barroco en estado puro

Tras una buena comilona reunamos fuerzas para evitar la siesta y disfrutar de las últimas horas en la ciudad. Hay que mantener el espíritu joven, así que vayamos a la otra universidad de la ciudad, que se encuentra justo enfrente de donde hemos comido. La Pontificia se encuentra en un conjunto arquitectónico que se conoce como La Clerecía, en la misma calle que la Casa de las Conchas. Accederemos por su barroquísima puerta al conjunto monumental que se compone de la iglesia, el antiguo Colegio Real, que alberga la universidad, y un claustro que más bien parece el patio de un palacio real que el de un edificio religioso.

Paseemos tranquilamente por allí y dejemos que las piedras que lo construyeron hablen por sí solas. Parece ser que cuando los jesuitas la habitaban no estaban contentos con tal magnitud arquitectónica, por lo que extendieron el rumor de que en la vecina Casa de las Conchas había escondido un tesoro, para que así fuera derribada y poder ellos ampliar La Clerecía. Por suerte el rumor no cuajó mucho y aún conservamos la Casa de las Conchas.

18.30 h - De compras entre los charros

Antes de volver a casa concedámonos un homenaje a nosotros mismos. Después de empaparnos de tanta cultura es la hora de un buen rato de compras en la calle del Toro, paseo peatonal que nace en una esquina de la Plaza Mayor. Podremos curiosear entre sus tiendas y mezclarnos entre los charros, que es como son llamados los salmantinos. Y aunque seguro que la mayoría hemos entrado alguna vez en un Zara, por el de aquí vale la pena pasarse. La gracia está en que el local que ahora ocupa esta conocida firma de ropa anteriormente fue un convento, y conserva paredes y fachadas históricas del lugar de culto.

Aunque no compremos nada, vale la pena recorrer esta calle, que siempre goza de un ambiente festivo. Exprimamos nuestras últimas horas en esta calle siempre concurrida, pero nunca abarrotada, donde quién sabe si conoceremos a algún charro o charra que nos haga volver a Salamanca.

Fuente: Guía Repsol

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