ALCANZAMOS LA GRAN CASCADA EN AVIONETA

El Salto Ángel desde las nubes

Para estar a la altura de la catarata más grande del mundo hay que moverse por las nubes. El Salto Ángel luce en su máximo esplendor desde el aire. Tan sólo entonces uno entiende lo menor que es en relación a este gigante de la naturaleza que suma siglos esculpiendo un paisaje pensado para disfrute de los dioses. El turisteo militante también ha puesto una pica en esta visión cenital hasta convertirla en algo no demasiado exclusivo: las avionetas desde Canaima despegan constantemente. Sin duda se trata de uno de los puntos fuertes de Venezuela.

Foto: FLICKR / JAVIKA

La avioneta en la que se sobrevuela el Salto del Ángel ya es una aventura en sí misma

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • T
  • Una avioneta a tiempo, para disfrutar del Salto Ángel desde las nubes, es un triunfo asegurado
  • S
  • Asegúrate de que el aeroplano cuenta con el visto bueno de las normas de seguridad
  • N
  • Las copas llévalas de casa. Un clásico es el taponazo de ron a palo seco

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En cosa de tres cuartos de hora se pueden ver todos los imponentes tepuis, esas formaciones rocosas con paredes verticales que forman una meseta montañosa única en el mundo. Tal es su importancia y originalidad que el parque está declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Ole ahí.

El momento cumbre fue cuando el aviador va y nos pide una navaja...

La tournée aérea prosigue por el río Carrao y luego por el Churún, siempre sobre una selva que parece infinita y bajo la atenta mirada de los tepuis llegamos al Salto Ángel. Nótese que el tal Ángel existió: fue su descubridor, el americano Jimmy Angel (James Crawford Angel Marshal), quien por cierto tuvo un aterrizaje algo accidentado en la cima del Auyan Tepui en su intento de acercarse a la cascada.

Es época seca, su caudal es pequeño. A la mitad del recorrido el agua desaparece debido a la evaporación; así se las gasta la naturaleza. El entorno es único, sea con líquido elemento o no. Estamos metidos en la garganta del diablo y rodeados de una naturaleza que se resiste a ser dominada por el hombre. La avioneta marca unos 1200 metros de altitud. El Salto Ángel tiene 983 metros de caída libre. Uf...

Los giros del piloto marean a cualquiera, aunque fatigarse así merece la pena. Está todo estudiado para que el corazón esté todo el rato a punto de salirse por la boca. El momento cumbre llega cuando el aviador nos pide una navaja. Mala señal, quería arreglar algo. Fue fácil ver nuestra cara de incertidumbre y sobre todo de inquietud. Afortunadamente el tipo solucionó lo que fuera en un santiamén. Así se las gastan estos pilotos curtidos en mil batallas.

Todo está preparado. La domesticación de nuestros horarios contrasta con la fiereza del entorno. Llegamos justo para la comida en el alojamiento de Kavac en Canaima. Tras llenar nuestras barrigas, fuimos a admirar el Mirador de la cascada de Ucaima, el lugar idóneo para contemplar el agua antes de caiga en la laguna. Uno no sabe qué es lo más bonito que ha visto en un día donde por momentos resulta fácil olvidar que existen enormes edificios de cemento en otras partes del mundo.

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