EL CORAZÓN PALPITA EN LA CANAIMA
Conmoción: se navega rumbo al Salto Ángel
- Germán Tejero -
- Día 04/08/2011 - 09:50 h
El embarcadero de Unaima parece una feria cada mañana temprano. Las hordas de turistas se agolpan para engancharse a alguna de las excursiones que las múltiples agencias organizan a diario para contemplar el espectáctulo único del Salto Ángel. Uno quisiera sentirse pionero y descubrir un lugar de tanto poderío en solitario, pero la globalización es lo que tiene. En cualquier caso, si uno tiene sangre en las venas no puede evitar emocionarse en los momentos previos a la gran cascada. Por mucho que haya tipos con gorras tipo Homer Simpson pululando alrededor.
En mi caso me decanté por la opción de Kavac junto con un amplio grupo de 40 personas. Era temporada se
LAS CLAVES DEL VIAJE
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ca, por lo que el río está con un nivel bajo de agua. Esto puede provocar que algunas agencias suspendan la excursión. Afortunadamente Kavac sigue adelante con los planes. Primero nos montamos en una 'curiara' para unas 17 personas. En el momento de embarcar me separan del grupo y caigo con un grupo de quince holandeses. Todos con el mismo traje de baño (bastante feo) y uno portando un ukelele. Todo muy lógico... Tras unos diez minutos nos paran: toca un tramo a pie. Una tienda de souvenirs en medio de la nada donde nos invitan a practicar con la cerbatana... se roza el paroxismo. Hay que meterse en el papel y con un certero lanzamiento supero al guía.
De inmediato hubo pique: se puso a limpiarla a conciencia y en su segundo intento me superó. Por lo menos ninguno de los holandeses logró afinar más. Spain fue different de nuevo. Un pequeño triunfo. Seguimos caminando bajo el sol durante unos veinte minutos o quizás treinta hasta llegar a la 'curiara' que nos lleva hasta unas cascadas. Allí hay que bajarse mientras los guías remontan la cascada con las embarcaciones. Nos tratan como a colegiales, por aquello de que más vale prevenir que curar.
Nueva recolocación, esta vez en cuatro grupos. Cada uno con su guía. El mío está compuesto por cinco españoles y otros tantos venezolanos. Remontar el río requiere menos peso. Seguimos navegando por las aguas negras del río Carrao mientras un par de guacamayos bandera nos sobrevuelan. Pellizco. El paisaje es increíble, vegetación por todas partes bajo los impresionantes tepuis (formaciones rocosas muy grandes y elevadas).
Divisamos el tepuy con forma de U, ése del que se dice que una vez al año sale el sol por él. Cambiamos al río Churún. Empieza lo emocionante: cada poco tiempo la 'curiara' se encalla en el fondo. Así que toca bajarse para empujar. Al grito de Ladimir (el guía), todos los hombres saltamos y empujamos, mientras las mujeres animan desde dentro. Yo es que no entiendo lo de la igualdad de géneros...
La corriente y las piedras dificultan nuestro trabajo. Cada logro se premia con un tapón de ron. En uno de los muchos momentos de arrastre, una 'curiara' plagada de holandeses nos supera. Empujan con más fuerza que nosotros, la forma física y el número son razones de peso. No me digan que como excusa no es buena.
El horario no está de nuestro lado. La noche cae pronto, a lo que hay que sumar el hecho de que el río lleva poco agua como para ir más deprisa. Afortunadamente el piloto es de calidad y nos libra de bajarnos en algunos tramos donde otros sí se tiraban. Lo normal a estas alturas de la película es que las fuerzas empiecen a flaquear. De repente divisamos los Testigos, unas formaciones pétreas cilíndricas sobre un tepuy.
Es la señal de que nos acercamos al objetivo. Resta superar el paso del Caimán, un angosto camino entre rocas, donde una de ellas presenta la forma del reptil. El recodo se salva habitualmente coronado por unos merecidos aplausos, acordes a la dificultad del trance. Por fin llega la hora H: se consigue ver el Salto Ángel. Todo el mundo luce entonces una sonrisa de dentífrico, instantánea e inconsciente. Los últimos rayos de luz animan a un ascenso para disfrutar de la vista. Fuera cansancios, quién es el guapo que se niega.
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