EL NO VA MÁS DE LA SEDUCTORA VENEZUELA
Un salto al Salto del Ángel
- Manuela Rojo -
- Día 04/08/2011 - 09:50 h
Uno no es nadie en Venezuela si anda por el país bolivariano y no aparece por el salto de agua más conocido, el Salto del Ángel. Uno se siente vivo cuando recorre por río un largo trayecto dentro del Parque Nacional de Canaima. La nave o curiara atraca en la orilla para comenzar la ascensión por un camino selvático lleno de raíces y piedras. Muy difícil no respirar hondo y sentirse un aventurero. Viva la vida.
LAS CLAVES DEL VIAJE
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En poco menos de una hora se alcanza el mirador del Salto Ángel. Desde allí se puede apreciar todo el esplendor de la cascada más grande del mundo, que se dice pronto. Se sigue una vereda accidentada (ojalá nunca se les ocurra asfaltar nada) y se llega al pozo del Salto Ángel. La caída es de 983 metros... luego se forma otra cascada de unos 200 metros hasta el pozo. Brutal, no cabe otra definición.
| Ladimir nos muestra una hormiga 24 horas, la más grande del mundo. Si muerde el dolor dura un día entero... |
En el manantial se encuentran otros grupos de turistas bañándose, qué remedio. caiga quien caiga hay que pegarse un baño, aunque el agua esté fría y aunque haya aglomeración. Todo el mundo quiere sentirse especial y único en un lugar como éste, pero no es posible. Tampoco todos los días cae uno en este pozo, así que al agua patos. De cualquier forma se trata de un momento único. Lo mejor es situarse justo debajo de la cascada. Con la fuerza y la presión se siente como si fuera un masaje. Qué gustazo cerrar los ojos y percibir cómo toda esa agua cae sobre tu cuerpo. Lo más importante, hedonismos aparte: sirve para recuperar fuerzas de un día cansadísimo.
La noche cae en un pispás, así que apresuradamente toca regresar. En el camino, nuestro guía, Ladimir, nos muestra una 'hormiga 24 horas', la más grande del mundo. Vale para merendar, no crean. La llaman así porque el dolor de su picadura dura un día. Llega la oscuridad y Ladimir nos ofrece beber agua del río Churún. Sin miedo le hice caso. Correcto: es fresca y pura. La 'curiara' nos recogió para dejarnos en Isla Ratón, nuestro campamento.
Allí Ladimir nos deja una pastilla de jabón y nos pegamos un baño en el río bajo la luz de la luna llena. Madre mía, qué sensación. El agua estaba algo fría, pero el olor a 'tigre' hay que erradicarlo. Por suerte en este río no hay pirañas y los caimanes que habitan son de un tamaño pequeño. Nada que temer.
Para cenar espera el pollo 'embarazado. Su nombre apunta a un relleno, pero no. Realmente es "en vara asado", toda una confusión fonética. La verdad es que está exquisito. En la postcena, tertulia con unos rones a palo seco, porque no había refresco ni nada que se le parezca. España cañí y olé, de pelo en pecho y todo para adentro. Eso sí, el grupo de quince holandeses se metieron entre pecho y espalda siete botellas, ¡pero con Coca Cola! Así estuvieron de juerga hasta las cuatro de la noche.
Para dormir había unas hamacas puestas en hilera, una tras otra. Todo un dilema a la hora de acostarse, ya que hay que sincronizarse intercalando cabezas en una y otra dirección, para no chocar los pies. La noche resultó literalmente terrible. Hay que ser prevenido y tener a mano una muda para no pasar frío por lo mojado del bañador. El cahpuzó nocturno todavía manda. El frío se hace mayúsculo en un segundo y las delgadas mantas no suelen abrigar demasiado. Los ronquidos por los laterales daban la puntilla. Da igual: nada es para ponerle pega a un día tan bonito.
Despertar viendo el Salto Ángel incrustado en el Cañón del Diablo no tiene precio. El regreso es divertido entre los piques entre las distintas curiaras. Mantuvimos la primera posición hasta salir del río Churún, ya que nuestro piloto no puede hacer nada en aguas abiertas, donde el motor manda. Todo es tan divertido...
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