ENTRAMOS EN UN PLACER DE ANGOSTURA
Ciudad Bolívar es un libro de historia
- Elena Domínguez -
- Día 04/08/2011 - 09:50 h
Instalado por derecho propio en el listado de las diez mayores corrientes de agua dulce del planeta, el río Orinoco deja fácilmente sin habla al viajero cuando se lo topa por vez primera. A lo largo de su curso se ha ido fraguando la historia de Venezuela. Ambos han discurrido de forma paralela. Allí donde su paso es más estrecho nació la ciudad de Santo Tomé de Guayana de la Angostura del Orinoco, más conocida como Angostura. Corría el año 1764. Tras la revolución independentista pasó a llamarse Ciudad Bolívar, hoy capital del estado de Bolívar. Para mayor honra del padre de la patria.
LAS CLAVES DEL VIAJE
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Si uno aterriza por este punto tan cargado de significado para el venezolano medio, lo primero que tiene que hacer es cumplir el rito de hincarle el diente a un lau lau junto al río en la zona de la Carioca. Existen varias opciones: El Rincón de los Papillos (no son pocos los que dicen que es el mejor), Ramoncito y La Brisa del Orinoco.
| Me sorprendió probar el sabor del lau lau, un siluro tipo anguila |
Probamos suerte en este último, por aquello del apego a las causas perdidas. Me sorprendió el sabor del lau lau, una especie de siluro, tipo anguila, muy popular en este caudal americano. Está exquisito y no viene acompañado de muchas espinas como sí sucede con otros peces de agua dulce. Allí me encontré a Jazmín Sambrano, una conocida escritora venezolana que conocí en el vuelo, que junto a su padre iba a degustar el rico 'valentón', como se le conoce en algunas zonas amazónicas al acuático animal.
Tras la comida procede una agradable caminata por el Paseo del Orinoco, lleno de comercios y gente comprando casi compulsivamente. La vía conduce al Mirador de Angostura. Desde aquí se divisa el puente homónimo, de un aspecto similar al Golden Gate de San Francisco (EE.UU.), que une este estado con el vecino estado de Anzoátegui. Ingeniería pura y dura. A escasos metros se encuentra la antigua cárcel, que ha sido muy reformada para servir de sede del Departamento de Cultura del Estado de Bolívar. Este punto sirve de habitual referencia para acceder al casco antiguo. De postal, plagado de lindas casitas con colores que se alternan. El epicentro de la ciudad está en la plaza Bolívar (cómo no), presidida por una estatua de Simón Bolívar (otra vez: cómo no). A un lado yace la Catedral que esconde en época navideña un gran Portal de Belén que ocupa un amplio porcentaje de la planta. Una vitrina muestra el muro donde fue fusilado Manuel Piar, general en jefe de los ejércitos nacionales durante la Independencia. Cayó como consecuencia del intento de conspiración contra el propio Bolívar. Tenebroso final para uno de los héroes de la conquista de la Guayana a los españoles.
Casi enfrente del templo está la Casa Piar, donde estuvo prisionero el controvertido militar. Casi a espaldas de la catedral se puede visitar la Casa de los Gobernadores, una bella construcción de estilo colonial. También hay que echar un vistazo a la Casa del Congreso de Angostura, el lugar donde se dictaron las primeras leyes de una Sudamérica libre. Paseando por calles coloridas se llega a la Plaza Miranda, que era donde se rendía la pausa los funerales en su camino de la Catedral hacia el cementerio. Por cierto, las paredes del cementerio están llenas de pinturas de los personajes más ilustres aquí enterrados. La historia palpita en Ciudad Bolívar.
Para cenar no es mala idea hacer caso a una recomendación de la escritora Jazmín: El chamaco, ubicado en el paseo Meneses. Es un local de comida 'chatarra', como la llaman por aquí: hamburguesas, sándwiches... pero todo muy bueno, oiga. El nombre viene por el viejo propietario, un mexicano, aunque actualmente está regentado por un colombiano. Qué más da.
Junto al aeropuerto está la avioneta reparada que llevó a Jimmy Angel hasta el Salto Ángel. Se puede aprovechar para desayunar un sándwich con jamón en la pastelería que hay cruzando la calle. Calidad.
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