CÓMO DISFRUTAR EN EL PARAÍSO CORTOS DE PRESUPUESTO
Sin 'pobrezas' en el fin de año margariteño
- Gumersindo Jiménez -
- Día 04/08/2011 - 09:50 h
Aunque para el gran público Venezuela resulte sinónimo de vacaciones desmadradas, lo cierto es que los venezolanos son mucho de pasar en familia fechas tan señaladas para la juerga como es el fin de año. Otra cosa bien diferente se encarta si uno decide recibir el Año Nuevo en Isla Margarita. No hay forma humana de resistirse a liarla...
Foto: FLICKR / SF MISSION
El potente carnaval margariteño de alguna forma siempre está presente en cada fiesta
LAS CLAVES DEL VIAJE
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Pocas horas antes de la medianoche las tiendas de bebida ya están hasta la bola: el personal se agolpa y arrasa con todo hasta acabar con las existencias. Objetivo etílico que lo llaman. El ron está a buen precio, unos tres euros la botella. Cortesía de que Margarita sea puerto franco. Sin un plan concreto por delante, sólo una cosa estaba clara: no iríamos a la discoteca Señor Frog: había sido cerrada recientemente por un asesinato en su puerta.
| Había pocas expectativas: 20:30 horas y sin nada en cartera para la cena |
La segunda en orden de relevancia, Stigma, compite por ser el local más de moda de la ciudad, pero cerraba sus puertas tanto el 31 de diciembre como el uno de enero. Todo se ponía negro. Pero Margarita es mucho más que cuatro paredes bien decoradas y un DJ. Tomamos un taxi desde nuestro hotel en el centro de Porlamar hasta el centro comercial Costa Azul, donde estaba casi todo cerrado, excepto dos restaurantes. Ambos nos indicaron que estaba todo reservado para las clásicas cenas de Año Nuevo. Sin reserva sólo se permite acceder al local a partir de las doce.
Menos mal que en Margarita los centros comerciales proliferan como setas. A tan sólo cinco minutos se encuentra uno llamado La Vela, aún mayor que el anterior. Sin embargo, en fecha tan señalada había cerrado sus puertas. Se mascaba la tragedia. Un restaurante exterior organizaba también cena y al igual que los anteriores nos remite a volver tras la media noche para beber. Muy pocas expectativas... 20:30 del 31 de diciembre y sin perspectivas de una posible cena. Está claro que en esta bendita isla hay que tirar de reserva en las fechas punteras y que improvisar es sinónimo de jugarte las vacaciones.
Justo enfrente está el Casino de Porlamar, no había otra. Mejor ir a preguntar. Muchísima gente jugando a la ruleta, cartas y máquinas tragaperras. Lo habitual, ninguna sensación de ser la última noche del año... y sin rastros de comida por ninguna parte. Por la parte trasera del Casino se accede al famoso hotel Hilton, a veces frecuentado por Paris. Ninguna novedad: todo estaba reservado. Sólo restaba llorar un poco, era el último cartucho. La lágrima fácil es un idioma internacional y muy del uso de los españoles, para qué vamos a negarlo.
El encargado cedió y fue a buscar a su jefe. Las cosas se ponían mejor, nos ceden una mesa junto a la orquesta con mucho ruido asegurado. Todo apuntaba a la victoria hasta que llegó el momento de pagar... ¡90 euros por comensal! Previsible. No había hambre ni tampoco dinero. Lamentablemente tuvimos que renunciar. Con todo perdido nos ofrecen quedarnos en el Bar Lunch del hotel para pedir algo de la escasa carta. Así que unas hamburguesas con mucho glamour hicieron de cena de fin de año. Es lo que tiene manejar una cartera corta en un lugar tan preparado para el turismo de billete.
Tras la cena un taxista previamente apalabrado nos recogió y nos llevó a un local en la playa llamado Kamie Beach. Era pronto, éramos casi los primeros en llegar. Compramos una botella de ron y nos situamos entre la terraza y la playa. Los cubalibres bajo palmeras, junto al mar y a la luz de la luna sabían sabrosísimos. Los tragos caían y pronto hicimos buenas migas con un grupo de argentinas. Es lo que tiene.
Una canción de merengue sirvió de improvisada telonera para el fin de año. De repente la música se detuvo y comenzó la cuenta atrás para dar paso a las campanadas. Como no disponíamos de las doce uvas como indica la tradición venezolana (y española, oiga), le buscamos el sustitutivo de sorbitos de ron. Muchos abrazos y besos para entrar el Nuevo Año en una lluvia de fuegos artificiales por toda la isla.
La noche siguió y a eso de las tres de la mañana anunciaron un regalo en el exterior. Toda la discoteca (la cosa ya se había puesto animadísima y nadie dudaba a esas alturas que Margarita es un sitio puntero para vacacionar) bajó a la playa para ver los fuegos artificiales organizados por la discoteca. Ahí, sin vulgaridad.
A partir de entonces el ambiente se tornó digamos extrovertido, al nivel de lo que se espera en un lugar tan idílico. Nada de encorsetamientos. Es Año Nuevo y todo quisqui se siente joven. Y vaya si lo demuestra... La fiesta duró hasta el amanecer. Gran noche sacada a contrarreloj casi por arte de magia.
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