TURISMO SLOW EN PLAN VENEZOLANO
Por la playa de Coche no pasa el tiempo
- Yolanda Rivas -
- Día 04/08/2011 - 09:50 h
El llamado turismo 'slow' tiene en Venezuela un destino que responde a la perfección al extremo opuesto a las prisas y el estrés. Si lo que uno anda buscando es acabar con las canas prematuras el lugar es Isla Coche, un pequeño trozo de tierra a la sombra de la populosa Isla Margarita donde el tiempo parece que no corre y que ha quedado instalado en una postal.
Foto: FLICKR / NELA CONDE
Un embarcadero en la playa de Coche trae a la memoria una imagen de otro tiempo
LAS CLAVES DEL VIAJE
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Para llegar a Coche existen dos opciones: la habitual parte de playa Yaque, aunque hay que prevenir que los capitanes de turno no estén durmiendo la mona por la juerga de la noche anterior. Así de dura es la noche margariteña... La opción B supone partir de la Isleta que está muy cerca de las marismas de las Maritas. Allí donde los pelícanos son los reyes del embarcadero, resulta fácil contratar una barcaza de dos motores fueraborda con la que se accede a la isla en media hora. La llegada supone una sensacional experiencia, sobre todo por ver el agua planeando sobre la arena formando una película que la da un brillo similar a un metal noble. Brutal.
| Al regreso llega la matrícula de honor: invitación a ostras |
Dos hoteles con acogedoras piscinas se sitúan a pie de playa. Lo suyo es alquilar una tumbona con un toldo para protegerse del fuerte sol. Venezuela tiene magia: la suerte dicta que se cruce en el camino María un venezolano que parece controlarlo todo lo que sucede en la playa. Alquila unos confortables asientos. Accedemos. Nos señala un pequeño quiosco para comprar cervezas a cuatro bolívares. Además nos orienta en la carta del restaurante: langosta, pargo, camarones, calamares... Matiz importante: existe la posibilidad de comer en la misma arena o bien en el chiringuito.
El agua está magnífica. Lorenzo aprieta lo suyo, por lo que la protección es fundamental. En toda Venezuela lo es. Por fortuna los divanes están sobre la fina capa de agua que refresca la temperatura. La oferta de un 'snorkel tour' resulta irrechazable: en cosa de un par de minutos se arma un grupo de 15 individuos de un perfil poco deportivo: cerveza en mano. Evidentemente la profundidad del punto de destino no excedía de un par de metros... No era cuestión de ahogarse.
Sin embargo, dos metros dan para mucho. El guía nos mostró la 'estrella araña', que empieza a mover sus patas cuando se coge con las manos. También el guía se pasó de la raya al romper un erizo para atraer una multitud de peces loro... No todo vale para provocar un espectáculo. Los fondos marinos acá están llenos de corales. Entre ellos destaca el fuego, llamado así porque prende bien, y el cerebro, por su forma que recuerda a la masa gris. También hay anémonas, cuya sensación al tacto es la de estar tocando una ventosa. Por supuesto no podían faltar las esponjas que absorben muchísima agua, casi como las del baño en la casa de uno.
Un breve repaso a las aguas basta y sobra para toparse con un pez globo. Lástima de él, puesto que el guía no tarda en darse cuenta del hallazgo y rápidamente lo atrapa con sus manos. Éste en su defensa se infló sacando sus púas: no fue una sorpresa para el guía, que aguantó estoicamente el dolor para mostrar el trofeo en sus manos. La exhibición estaba fuera de lugar, pero es lo que tiene la habitual avalancha de turistas ávidos de fotos, que se ha generado una demanda no muy respetuosa con el medio ambiente.
El pez se desinfló hasta llegar al fondo, una vez que el guía lo liberó. Sus púas son venenosas pero el aire que tiene y que lo convierte en liviano colabora para que resulte fácil agarrarlo si es con precaución. Hay que hacerlo sin apretar. En cualquier caso no es una buena idea perturbar a los animales por el simple gusto de vivir una experiencia más.
El regreso de la excursión es de matrícula de honor: invitación de ostras. Al bajar del barco pedimos a María que nos encargue la comida. Todo cuadrado para comer y regresar a Margarita. No se puede pedir más.
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