LA BAHÍA DE TODOS LOS SANTOS TIENE MAGIA

El paraíso responde por Morro de Sao Paulo

Bienvenidos al paraíso. Una leyenda similar podría adornar el cartel de entrada a la isla del Morro de Sao Paulo, situada en la Bahía de todos los santos, muy cerquita de Salvador de Bahía. En Brasil, claro. El lugar es brutalmente bonito. La historia cuenta que un tal Martín Afonso de Sousa arribó en 1531 y bautizó la isla con el nombre de Tynharea, término que el vulgo y el uso terminaron virando a Tinharé. La isla está situada en la región de Costa do dendé, cuyo nombre se debe a la abundancia de una especie de palmera que produce una variedad de coco del que se extrae el aceite homónimo, que es la base de la cocina local.

Foto: FLICKR / KARLA BRUNET

En Brasil resulta imposible perder de vista el fútbol y menos en una playa de arena fina

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • D
  • Consigue efectivo durante el día para tener liquidez en una noche que se presume larga
  • N
  • La playa dos es donde se cuece lo más grande
  • A
  • Organiza un partido de fútbol playa con integrantes de varias nacionalidades

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Morro, resumido nombre con el que la conoce todo el mundo por aquí, se encuentra a día de hoy en la difícil frontera entre los lugares con encanto apartados del mundanal ruido y aquéllos que han entrado en el mundo de la afluencia masiva de turistas. Por ahora se salva y ojalá que no acabe masificándose. Nada más llegar en barco desde Salvador se accede a una plaza pintoresca a más no poder. Se deja una ciudadela a la izquierda y comienzan a aflorar porteadores con carros típicos de las obras para ayudar con las maletas. Morro no está asfaltado, y eso es buena señal. Aquí el único vehículo posible son las chanclas, montarse en un carro a mano o ir a caballo en alguna de las playas apartadas.

El único vehículo posible consiste en las chanclas, montarse en un carro a mano o ir a caballo

Poco o mucho hay que hacer en el Morro, según se mire. Tomar el sol, reposar, charlar, pasear, jugar a la pelota en la playa, comer un queso frito, una empanada, tomar una copa, tomar más el sol, dormir una siesta, leer el periódico o un buen libro, hacer sudokus, ligar, dejar pasar el tiempo, buscar un poco de sombra, tomarse un café... en fin, lo que viene siendo ser feliz.

Hay varias playas y montones de posadas para elegir. Las que tienen piscina y están más cerca de la playa son más caras, pero el ramillete es amplio. Además, como todo es tan pequeño, el mar nunca está a más de diez minutos de paseo. En la llamada playa segunda (se cuenta en orden por cercanía a la plaza del pueblo) es donde se lía por las noches. Montones de puestos de caipirinhas y caipiroscas, música en directo a veces, fogatas enormes, también a veces, y muchas estrellas. Cuando he estado allí, lo he pasado de muerte.

Un lugar de nivel para acabar la noche es Teatro. Está un poco a tomar por saco, todo hay que decirlo, pero el ambientazo está asegurado. Por cierto, es recomendable ir justo después de carnaval. Se llama resaca del carnaval y te puedes cruzar con representación de media Sudamérica. Sí, ya tengo saudade (morriña). Imposible no tenerla...