IPANEMA, COPACABANA, LEBLON, BOTAFOGO, TIJUCA... UN RECORRIDO POR EL PARAÍSO CARIOCA
Apolos y Afroditas en las playas de Río
- Víctor García Montes -
- Día 07/02/2012 - 01:01 h
Como Río de Janeiro nos desborda, hemos buscado un aliado. Se trata de Adelino, nuestro taxista, que nos tiene preparado un tour que va a durar todo el día. Nos ponemos en sus manos, no son muchas horas para peinar una de las ciudades más animadas de Sudamérica. Vamos allá.
Foto: FLICKR / A LOBOS
Los cuerpos se lucen sin tapujos en las cálidas playas de Río
LAS CLAVES DEL VIAJE
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Bordeamos Ipanema por la ancha carretera, las playas están muy ambientadas, casi todo el mundo practica algún deporte: surf, voleibol, futvóley (futevolei), fútbol siete... las instalaciones son muy completas y todo el mundo parece en perfecto estado de revista. El culto al cuerpo es de impresión. Eso, a pesar de que muchos se entregan al imprescindible queso frito con orégano y no son pocos los que entran en gambas, conocidas como camarones. Todo regado con 'cerveja bem gelada', principalmente Brahma o Skol. Algún amigo entró en los desafíos a futvóley, con la clásica apuesta de un coco de por medio. Y sí, los locales ganan, incluso aunque haya alguna mujer en la pareja. Ellas también tienen el poder.
| Tijuca, insertada dentro de un barrio grande y moderno, se encuentra a un par de decenas de kilómetros del centro y está rodeada de los característicos bloques de pisos altísimos, conocidos en Río como 'condominios verticales' |
Todas las playas están al cien por cien, en los kilómetros y kilómetros de fina arena... pasamos luego a Copacabana, donde hay incluso mucho más ambiente. En los catorce kilómetros de costa no cabe un alfiler, a pesar de ser invierno. Luego pasamos a la playa de Botafogo, que está menos concurrida por estar protegida por un dique y porque sus aguas son más tranquilas, y también más sucias. Es más bien el puerto deportivo de Río; desde aquí hay una buena vista del Pão de Açúcar y se empieza a ver el Cristo Redentor en la cima del monte Corcovado. Poco a poco, iniciamos el ascenso, con Adelino siempre al volante. El monte está lleno de favelas, las casas de los brasileños más pobres, que suelen vivir en las laderas de las montañas y montes. Esa pobreza evidente no es óbice para reconocer que, desde aquí arriba, la vista de Río de Janeiro es impresionante.
Quizás la que está más de moda sea Barra de Tijuca, algo más alejada del circuito tradicional. Insertada dentro de un barrio grande y moderno, se encuentra a un par de decenas de kilómetros del centro de la ciudad y está rodeada de los característicos bloques de pisos altísimos, conocidos en Río como 'condominios verticales'. Algunas construcciones superan las 30 plantas y muchas tienen dependencias privadas para el ocio donde no faltan las consabidas piscinas. Es ésta la playa ideal para la práctica de todo tipo de deportes acuáticos. Todo el mundo parece guapo por aquí y las cometas y tablas de surf se cuentan a puñados. Se trata de un barrio salpicado por enormes centros comerciales, muy del estilo de los que suelen aparecer en las ciudades de Estados Unidos. Además, suele ser el punto de aterrizaje favorito de los vuelos en parapente que las diversas agencias locales ofertan desde lo más alto de la cercana Floresta de Tijuca, un enorme parque urbano donde hay cascadas, autóctona flora tropical e incluso fauna en libertad, como las zarigüeyas, un tipo de marsupil propio del continente americano.
La playa (nadie hace top less, por cierto, como es preceptivo en Brasil) tiene el característico ambiente carioca con los chiringuitos típicos, como los que encontramos en Ipanema, Copacabana o Leblon (ubicada en un barrio de clase alta). También tiene los originales puestos de salvamento que vemos en esas otras playas del sur de Río. Nos quedamos un rato disfrutando de la vista, pero finalmente decidimos movernos, porque el reclamo tampoco era poca cosa. Adelino remató su plan con una visita al templo del mejor fútbol del planeta: Maracaná, un museo del balompié. Es el estadio mayor de Brasil. La lista de jugadores célebres que han pisado su césped es de impresión: Pelé, Rivelino, Garrincha, Ademir, Zico, Tostão, Maradona, Eusébio... Ivete Sangalo, la cantante favorita de los carnavales de Salvador de Bahía, también ha dado aquí algún que otro concierto para decenas de miles de fans. Inevitable emocionarse cuando se cruza el túnel que da acceso desde los vestuarios al terreno de juego.
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