LA MARCHA EN LA CAPITAL VENEZOLANA SE DA LA MANO CON EL CERRO EL ÁVILA
Rumba en Caracas antes del teleférico
- David Navarro -
- Día 25/01/2012 - 01:01 h
La capital venezolana, Caracas, sobrepasa los cinco millones de habitantes. Para acceder a ella desde el aeropuerto Maiquetia Simón Bolívar situado junto al mar Caribe, hay que atravesar un par de túneles llamados los 'boquerones'. A través de ellos se alcanza una elevación de mil metros de altitud, justo a la que se encuentra la ciudad. Si la llegada es nocturna, el fogonazo a la salida es toda una experiencia, ya que se pasa de la total oscuridad rural a recibir todas las luces capitalinas con la sensación de ser un decorado navideño.
Foto: FLICKR / ÁLEX LANZ
El paseo de Los Próceres en la capital venezolana destaca por su cuidada estética
LAS CLAVES DEL VIAJE
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Una zona buena para alojarse es Altamira. Muy tranquila, tanto que incluso se ven personas paseando, algo poco frecuente en una ciudad donde los desplazamientos en automóvil están animados por los ridículos precios del combustible. Tambiés es cierto que hay que andar con ojo por aquello de la inseguridad, pero no todo el monte es orégano.
| La noche se prolongó hasta muy tarde, lo que me sirvió para trabar buenas amistades que aún se mantienen. Lo que une la rumba que no lo separe nadie |
Uno de los principales atractivos de la urbe es su vida nocturna. Eso es indiscutible. Gracias a muy buenas recomendaciones hice una parada en el '360 roofbar', situado en la planta decimonovena del lujoso hotel Altamira Suite. El espacio está muy enfocado a crear un ambiente chill out, tanto en decoración como en el tema musical. Iluminación, hamacas y sonido se encuentran en perfecta armonía. Las vistas, como indica el nombre del local, están a la altura.
La carta no es muy extensa, pero lo poco que hay merece mucho la pena. Destacan unas pizzas de un sabor divino que son acompañadas por unos 'pasapalos', como se conocen aquí a las tapas. Tampoco hay que descartar entrar en el mundo del sushi. De todas formas, los cócteles son el auténtico fuerte, no hay que perder la oportunidad de saborear un mojito de mango o de coco. O los que se encarten. Manda la cartera.
Subiendo un par de escaleras se alcanza la azotea del edificio donde hay una barra y unas sillas para disfrutar de una vista integral de 360 grados de la metrópolis. Desde la altura se le pierde el miedo a una ciudad que la verdad sea dicha amedrenta al más pintado.
Para continuar la noche, el mejor club (por propia experiencia) es Rosalinda, en Las Mercedes. Sin embargo, esta vez pinché en hueso: estaba cerrado por fiesta. Aposté por la segunda mejor opción: Ganadero, en el centro comercial San Ignacio. Allí también hay otros lugares de interés, que por cierto igualmente chapan cuando toca feriado. Afortunadamente quedaba abierto el Rumbar, de vuelta en Las Mercedes. En la puerta te obligan a pagar una botella cada cuatro personas. No son precios muy disparatados, aproximadamente 250 bolívares por cada servicio. Como era de esperar, estaba a rebosar. La pista echaba humo de parejas bailando merengue y otras especialidades latinas. El nivel era, siempre lo es, altísimo como para que un aficionado como yo se atreviera a mover las caderas. La noche se prolongó hasta muy tarde, lo que me sirvió para trabar buenas amistades que aún se mantienen. Lo que une la rumba que no lo separe nadie.
La principal atracción caraqueña, y más si se trata del día siguiente a una noche de parranda, es el teleférico que sube al Cerro El Ávila, situado éste a 2.000 metros de altitud. Al ser domingo, la cola era de dos horas... antes de que abriera las puertas, situadas en la Florida. Realmente tenía la sensación de que media Caracas estaba allí. Una hora para conseguir las entradas y aún más para subir en el remonte. El ambiente es muy festivo, con quioscos que venden cocadas y papelones con limón para paliar el calor.
Este telefórico sustituyó en 2007 a otro muy viejo y deteriorado. Salva en unos 18 minutos el desnivel de mil metros que existe entre la ciudad y el cerro. Las vistas durante todo el recorrido son privilegiadas, pasando por encima de bosques muy tupidos. Arriba hay un parque llamado Waraira Repano, que cuenta con pistas de hielo para patinar, restaurantes, actores disfrazados para interactuar con visitantes, tiendas de souvenirs... Y sigue creciendo con zonas deportivas orientadas a rocódromo, tirolina, puentes colgantes y un largo etcétera.
Un paseo, con vistas al Caribe a la derecha y a Caracas a la izquierda, te lleva hasta el Hotel de Humboldt, nombre en honor del explorador, naturalista y geógrafo prusiano que fue quien puso este enclave en el mapa. El edificio es una perfecta torre circular y fue inaugurado en 1956, aunque poco tiempo después cayó en un completo abandono. El gobierno actual poco a poco está consiguiendo que vuelva a tener el esplendor de antaño.
Una muy buena opción es coger un jeep para ir a comer a Galipán, un hermoso pueblo. Allí, el restaurante Pakao disfruta de una bien merecida fama debido a su mero en salsa verde. Sobran las palabras para saborear este manjar con semejante escenario.
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