DE GRUMETE A ALMIRANTE EN OCHO DÍAS DE TRAVESÍA POR EL AMAZONAS

Norberto es nuestro capitán

Hoy en día las alternativas para visitar el Amazonas son múltiples. Cualquiera de los países que tienen la suerte de acoger en su territorio tan tremenda selva tropical ha desarrollado una industria turística, más o menos sofisticada y lista para ofrecer al viajero variopintas opciones. Nosotros nos decantamos por conocer algo, porque el conjunto es inabarcable, de la parte brasileña. Elegimos navegar por el famoso río en una peculiar embarcación.

Foto: FLICKR / BRENO PECK

Un ciudadano descamisado pasa por la puerta de un colorista mercado de pescado

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • E
  • Hay que contar con el calor, la humedad y los bichos. Repelentes, chubasqueros y ropa apropiada, no vale cualquier cosa
  • V
  • Informarse antes de tomar la profilaxis contra el paludismo, por aquello de sus inconvenientes
  • A
  • Una cita inexcusable en junio es el Desfile de Folclore Indígena en el que se concentran más de 100.000 personas

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Nuestro capitán era un tal Norberto y el barco en cuestión se llamaba 'Geraldo Filho', tenía unos doce metros de eslora, cocina y baño de un metro cuadrado cada uno. El resto del espacio quedaba para colgar las hamacas en unos ganchos repartidos por todo el barco, que cada uno se buscaba como podía.

"Yo no me considero de Perú ni de Brasil; ningún país me ha dado nada, yo soy de la Selva", nos decía mientras fabricaba abanicos con palmas que encontraba en la jungla

Aquello tenía bastante de ingeniería. Mientras más lejos nos colocábamos uno del otro, más pegados al techo estábamos; mientras menor fuera la distancia entre todos, más cerca del suelo. Aquello era a gusto era del consumidor, porque por falta de ganchos no era, algo que es normal en Brasil. Incluso en los mejores hoteles del país se pueden encontrar: quizás a un caboclo de la amazonia, nombre con el que se conoce a los mestizos de blanco e indio, le cueste acostumbrarse a una cama ancha, de colchón duro y con una buena almohada de plumas.

Y la historia se repetía cada noche: yo podía tener a Ramón durmiendo encima de mí, a mi hermano Javier debajo, a mi derecha podía estar Norberto colgado en el lateral del barco, a mi izquierda en el otro lateral al gestor. No quedaba ahí la cosa: Keca, el timonel, dormía colgado encima de su timón en la proa y la cocinera, María, descansaba en popa, colgada en una pequeña terracita. Pero es sólo un ejemplo: pasamos a bordo ocho noches y en cada una de ellas dormimos de forma diferente.

Tardamos poco en darnos cuenta de que a nuestro guía le gustaba dormir mucho. Siempre estaba cansado, y poca información de la selva nos daba; le interesaba la política de nuestro país, y le llamaba la atención la Monarquía. Preguntaba también sobre la política de Fidel Castro y la forma de vida en Cuba y otros países. Javier, tirando de sus amplios conocimientos culturales, le explicaba gustosamente mil y una cuestiones.

Tal vez a Norberto no le gustaba la selva, y simulaba esa afición, haciéndose pasar por un auténtico 'Jungle Man'. Pero tenía su discurso bien montado. "Yo no me considero de Perú ni de Brasil; ningún país me ha dado nada, yo soy de la Selva", decía mientras fabricaba abanicos con palmas que encontraba durante los trekkings por la selva cuando nos veía acalorados y sudando como pollos, debido al alto porcentaje de humedad, o haciendo cerbatanas, lo que siempre despertaba nuestro interés. Esta extraña personalidad nos divertía y nos exasperaba a ratos, pero siempre está bien conocer a gente distinta. Y, con todas sus peculiaridades y su cansancio acumulado, creo que tiempo después todos asociamos la gran amazonia con tan singular personaje.

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