LAS ENTRAÑAS DE LA GRAN PERSIA

Stanley rivaliza con Darío en Persépolis

Hacer una pintada en una propiedad de uno es una chiquillada, salvo que seas un artista. Hacerla en algo ajeno es una gamberrada. Hacerla en un monumento es inadmisible. Y encima si se pasa de la pintura al cincel, pues mucho peor. Imaginen que un tipo desahogado decide estampar su impronta a base de martillazos en el pedestal de una columna romana.

Foto: FLICKR / INDIGOPRIME

Los camellos siempre han resultado fundamentales para entender la cultura persa

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • T
  • Desde Shiraz no es complicado alquilar un coche con chófer por un buen precio
  • E
  • Persépolis no destaca por sus zonas sombreadas y suele hacer mucho calor
  • D
  • Para un europeo la entrada resulta muy económica, casi calderilla. No está de más dar un donativo

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Su atentado puede costarle hasta cárcel. Se trataría de un delito. ¿Siempre? Parece que para todo en esta vida existe una excepción...

Imaginen que en un monumento como Persépolis va un tipo que firma a cincel: 'Juan Pérez. Tejidos Pérez'

Vamos a centrarnos. En Persépolis, la impresionante ciudad que Darío el Grande levantó allá por 512 AC, se accede a través de la llamada Puerta de Jerjes, el mismo monarca que combatiría contra los 300 espartanos en el paso de las Termópilas...

Pues bien, en esa misma puerta que respira quilates de historia de la humanidad me llevé la gran sorpresa de ver que lo que más llama la atención y resulta más aplaudido por los visitantes no es la rotundidad de la edificación ni los voluminosos capiteles. Tampoco la profundidad de los relieves, sino unos autógrafos de algunos tipos de hace muchas décadas. El que se lleva la palma en fotografías es el de Henry M. Stanley, el periodista que se convirtió en aventurero y que entre otras cosas encontró a Livingstone en el corazón de África en una epopeya mítica.

La entrada al recinto es baratísima, menos de medio euro. Tanto por tan poco. Es increíble para lo que se ofrece. Lo suyo es ir al amanecer, porque luego suele hacer un calor de muerte durante casi todos los meses del año. A la entrada venden camisetas de dudoso gusto, pero al menos distintivas de Irán, algo que luego no se encuentra por el país. Por cierto, que junto a la entrada están los armazones de las tiendas de campaña de máximo lujo en las que el sha celebró en 1971 el aniversario 2.500 de su monarquía. Ocho años después se lo llevó por delante la revolución islámica.

Echen un vistazo a persepolis3d.com para hacerse una idea.

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