LA IRREFRENABLE AVALANCHA DE SENSACIONES DE LA CIUDAD MÁS 'CREYENTE' DEL MUNDO

Jerusalén deja sin habla

Jerusalén supone una experiencia que queda grabada a fuego. Evidentemente, quienes son religiosos viven la ciudad israelí con un plus de emoción, pero cualquiera que la visite acabará por reconocer que se trata de un destino ineludible. Nosotros nos dispusimos a pasearla de arriba abajo. Comenzamos por acceder al barrio árabe por la puerta de entrada, continuamos por la primera calle y nos cruzamos con la Vía Dolorosa. Primera parada, primeras emociones.

Foto: FLICKR / FERNANDO ASTUDILLO

Una estación de la siempre transitada Vía Dolorosa

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • S
  • Probablemente en ninguna otra ciudad del mundo haya tanta presencia de policías y militares por las calles
  • A
  • Es costumbre extendida seguir los pasos que Jesucristo dio camino del Monte Calvario
  • R
  • La gastronomía destaca por la mezcla de culturas. Una buena elección para abrir boca es el Meurav Yerushalmi

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Estamos a un paso de la puerta de los Leones. Aquí, haciendo esquina, se encuentra uno de los lugares más especiales e inesperados que pudimos conocer, el Hospicio Austriaco. Al ver que a ciertas personas les abrían por el solo hecho de llamar a la puerta principal y sin preguntar, nosotros hicimos lo mismo fingiendo que nos alojábamos allí: sin preguntarnos nada nos abrieron de par en par, por lo que aprovechamos para subir a la azotea. Allí disfrutamos de momentos espectaculares: un atardecer desde lo más alto del barrio árabe, con la iglesia etíope encima del Santo Sepulcro a la derecha, y el 'Dome of the rock', donde Abraham ofreció en sacrificio a su hijo Isaac, a la izquierda. Todo iluminado por la cúpula dorada y el sonido de los rezos de las mezquitas... Sin palabras.

No tiene precio el atardecer desde lo más alto del barrio árabe, con la iglesia etíope encima del Santo Sepulcro a la derecha y el 'Dome of the rock' a la izquierda

Como se nos hizo de noche, esperamos al día siguiente para perdernos por el laberinto de calles del barrio árabe. De momento continuamos por la Vía Dolorosa haciendo el camino que Cristo hizo con la cruz, pasando por cada una de las estaciones hasta adentrarnos en el barrio cristiano, con visita obligada del Santo Sepulcro. No es irreverente decir que en realidad es una tentación casi escalofriante hacer este recorrido. Imposible no caer.

Proseguimos en dirección al barrio judío, para pasear por la calle del Cardo y por supuesto terminar en el Muro de las lamentaciones, no sin antes cruzar bajo  el arco de detector de metales que por seguridad hay instalado en todas las entradas.

Si tienes suerte, es sábado y todavía no son las once de la mañana, te puedes poner en la cola para entrar en la explanada donde luce radiante la famosa Cúpula de la Roca. Pocos somos los privilegiados que hemos podido entrar, porque sólo abre dos horas a la semana para visitas turísticas. Y la policía de Israel es muy estricta: llegan las dos de la tarde y entran en el templo a la caza del turista, al que se sacan del recinto sin falta.

Tenía que conocer todavía el barrio armenio. Puede que sea el menos espectacular, pero resulta interesante. Para empezar, está limpio, con buenas casas de piedra, aspecto de zona de gente adinerada y con pocas ganas de bullicio. Porque Jerusalén, y eso a veces se nos olvida a los extranjeros, es también una ciudad normal para quienes viven en ella. Y este es un barrio con historia, sí, pero sobre todo es un barrio en el que la gente disfruta su vida con normalidad. Porque no sólo resonancias históricas y religiosas viven en Jerusalén.

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