LA VERDAD DEL 'CITY CENTER' DEL EMIRATO
Doha es para sudarla
- Carmen Casso -
- Día 04/08/2011 - 09:50 h
La excelencia de las conexiones aéreas que ha puesto en marcha la compañía aérea catarí (Qatar Airways) sirve para demostrar que una política agresiva puede colocar a un pequeño país en el mapa de los destinos turísticos más populares. Este ambicioso proyecto de expansión puesto en marcha años atrás ha parido interesantes réditos. Europa y el Oriente Medio se conectan cada vez más a través de Doha. Las horas de espera en la capital catarí han servido de promoción. A raíz de una breve visita obligada, más de uno ha decidido darle una oportunidad. Ahí entro yo.
LAS CLAVES DEL VIAJE
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Asumo que no se puede decir que haya pasado una larga temporada en Doha. Tan sólo anduve durante un receso entre dos vuelos, pero me dio tiempo a hacerme una idea de lo que se cuece allí. Lo de cocer no va necesariamente por el calor, aunque un poco sí. Y es que lo que marca el termómetro puede llegar a ser una barbaridad. Llegué de noche, menos mal, pero el bofetón de aire caliente que se siente nada más poner un pie en la calle es de aúpa. Es un país para sudarlo. Su capital también.
| En Doha hay tantas ganas de hacerlo todo nuevo que hasta chirría |
No hace falta mucho tiempo para darse cuenta de que si algo abunda en el pequeño país árabe, eso es dinero. El nivel de coches, vestimenta, la cantidad de edificios a medio levantar en medio de una fiebre brutal del ladrillo-aluminio, la apuesta por playas artificiales... tantas pretensiones parecen impropias del aplatanamiento imposible de evitar por el calor. La principal ciudad de un país suele ser un buen reflejo del mismo. Eso sucede aquí: hay tantas ganas de hacerlo todo nuevo que hasta chirría.
Se palpa la fiebre consumista de los petrodólares. Dicen que hay petróleo para seguir sacando al ritmo actual durante los próximos cien años y ahí están los tíos, en una carrera hacia adelante. Dinero por castigo. Maricón el último o el que menos gaste. No hay seguridad social en Catar, pero también muy poca delincuencia. Al que le pillan robando lo deportan inmediatamente a su país, por lo que los inmigrantes se lo piensan muy mucho a la hora de meter la mano en una cartera ajena. Lógico por otra parte.
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