LA MÁXIMA ESENCIA DEL TURISMO RELIGIOSO SE DA CITA EN EL ESCENARIO DEL FAMOSO PORTAL
La Estrella (y la Gruta) de Belén
- Francisco de Paula -
- Día 18/02/2012 - 01:01 h
La historia quedó marcada para Belén hace más de dos milenios, cuando José y María dieron a luz de urgencia a su hijo Jesús. Pero fue más tarde, a partir del momento en el que el emperador Constantino dio oficialidad al cristianismo, cuando comenzó el peregrinaje a esta ciudad santa del cristianismo. Y con ella, el inevitable negocio turístico.
Foto: FLICKR / CHRISTYN
La estrella marca en el suelo el lugar donde según la tradición nació Jesús
LAS CLAVES DEL VIAJE
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La situación actual, muy marcada por la realidad política, ha cambiado el panorama de antaño. Para entrar en Belén hay que pasar un control semifronterizo de la Autoridad Palestina, ya que no existen fronteras oficiales 'normalizadas' entre Israel y Cisjordania. Un gran muro de hormigón separa la ciudad del estado hebreo. Muchas pintadas en su interior critican esta pared de la discordia. Pero no entro en estos temas, porque son tan complejos que hoy en día (casi) nadie podría poner encima de la mesa una solución coherente y a gustos de todos.
| Junto a la basílica se encuentra la iglesia de Santa Catalina. Descender a su subsuelo es encontrarse casi una decena de pequeñas capillas labradas en la roca. Una puerta conduce a la Gruta del Nacimiento |
La tranquilidad reina en las calles, la silueta de la urbe adaptada a la geografía es hermosa, donde domina el color crema de los edificios. Como buen peregrino me acerqué a la Basílica de la Natividad. El edificio actual fue construido durante el mandato del emperador Justiniano I. Dice la leyenda que durante la conquista persa sobrevivió gracias al grabado que hay en su interior de los tres Reyes Magos con los que se identificaron los invasores al ver aquellas vestimentas orientales. La puerta de entrada principal, conocida como la de La Humildad, es minúscula, parece hecha para niños. Aunque la realidad es que fue reducida por los cruzados para impedir la entrada de caballos y mejorar así su defensa.
Los tonos de luz, las lámparas colgantes del techo y el halo misterioso te ponen la piel de gallina. Una trampilla en el centro de la nave muestra los mosaicos originales del suelo. Una pena que no se puedan contemplar al completo. A la derecha del altar bajan las escaleras hacia la Gruta del Nacimiento. Una misa católica se está celebrando en su interior. Aprovecho para vivirla desde uno de sus escalones, participando con cánticos. El silencio de tanta multitud en un espacio tan pequeño y pensar que asisto a una ceremonia en el lugar donde nació Jesucristo me emocionan.
UN VISTAZO A LOS LUGARES SAGRADOS
En la cueva hay una estrella de plata de catorce puntas que marca el lugar que María dio a luz y también destaca la capilla del pesebre, donde pusieron a Jesús al nacer. Pero todo se complica cuando al terminar la función se anuncia que el lugar se cierra por una misa armenia. Así que con algo de prisas, mientras echaban a todos de la sala, me acerqué a los lugares sagrados. Toda una prueba de las disputas por los enclaves santos del cristianismo de las distintas vertientes. Una pena que sectores de una misma religión anden peleados. Es para pensarlo.
Junto a la basílica se encuentra la Iglesia de Santa Catalina. Descender a su subsuelo es encontrarse casi una decena de pequeñas capillas labradas en la roca. Una puerta conduce a la Gruta del Nacimiento. Por un pequeño orificio se podía ver al párroco armenio en plena cerebración. En el claustro, me encuentro el esperado Portal de Belén (en Belén), con figuras a tamaño real, manofactura italiana. Curiosa situación.
EL IMPRESCINDIBLE SOUVENIR NO PUEDE FALTAR
Tras este epicentro para creyentes, una pequeña calle flanqueada por tiendas de recuerdos y expertos artesanos en la talla de la madera de olivo te conduce hasta la Iglesia de la Gota de Leche, lugar donde José y María pararon para alimentar al Niño. Dicen que una gota de leche cayó en la roca y la tiñó de blanco. Hoy en día muchas mujeres vienen aquí en busca de mejorar su fertilidad.
Desde la Plaza de Manget el corazón del Belén pueblo, presidida por una gran pancarta con la foto del difunto líder palestino Arafat, se puede tomar alguna de las calles aledañas para ir al zoco y relacionarse con los siempre hospitalarios lugareños. Pero ahí empieza otra historia. El recogimiento da lugar al comercio... aunque quizás en la historia siempre han ido de la mano, no sé yo.
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