Acceso al Gran Salón Donald Trump, en Mar-a-Lago, el club privado del presidente en Palm Beach (Florida)
Acceso al Gran Salón Donald Trump, en Mar-a-Lago, el club privado del presidente en Palm Beach (Florida) - Lannis Waters / The Palm Beach Post

Así es Mar-a-Lago, el «ultraexclusivo» club privado de Donald Trump en Florida

Trump llevará este jueves a su ultraexclusivo club privado de Palm Beach (Florida) al presidente chino, Xi Jinping. El precio de la membresía se ha duplicado, hasta los 200.000 dólares, y su lista de socios está llena de multimillonarios

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Ya se conoce como la Casa Blanca de invierno. Donald Trump ha convertido Mar-a-Lago, su ultraexclusivo club privado en la soleada Palm Beach, en la segunda residencia del presidente de Estados Unidos. Después de firmar de lunes a viernes en el Despacho Oval órdenes ejecutivas que ponen patas arriba el legado de Barack Obama y de bregar con el establishment de Washington del que tanto reniega, el fin de semana coge el avión para cambiar la fría capital estadounidense por este palacete a orillas del Atlántico en el sur de Florida.

En él parece sentirse a sus anchas. Aunque tampoco allí deje de trabajar, el ostentoso lujo que caracteriza sus propiedades y los acaudalados socios de Mar-a-Lago, unidos a las bondades del clima, hacen sin duda que se sienta rodeado de un ambiente familiar.

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De hecho, cuando adquirió la mansión a mediados de la década de los 80 se convirtió durante diez años en su segunda residencia particular. Fue en Mar-a-Lago donde celebró en 2005, con una fiesta por todo lo alto que costó un millón de dólares, la boda con su tercera esposa, Melania, la actual Primera Dama.

La Guardia Costera vigila el entorno de Mar-a-Lago, el club de Trump en Florida
La Guardia Costera vigila el entorno de Mar-a-Lago, el club de Trump en Florida- Afp

Trump quiere deslumbrar desde este jueves al presidente chino, Xi Jinping, llevándole hasta su preciado club en el primer encuentro cara a cara que mantendrán los dos mandatarios. En la esperada cita que se prolongará hasta el viernes, y que incluirá una cena a la que asistirán también las esposas de ambos, estarán sobre la mesa cuestiones de lo más candentes para el futuro de la estabilidad mundial, como el pulso comercial que mantienen estos dos colosos económicos, la expansión territorial impulsada por Pekín en el Mar del Sur de China y las tensiones con Corea del Norte.

El «gabinete» de crisis de Trump y Abe, en una foto subida a internet
El «gabinete» de crisis de Trump y Abe, en una foto subida a internet

El presidente chino no será el primero de sus invitados ilustres. Con anterioridad, el presidente estadounidense agasajó el pasado febrero al primer ministro japonés, Shinzo Abe, con una visita de fin de semana a Mar-a-Lago. En aquella ocasión, durante la cena les sorprendió la noticia del lanzamiento en pruebas de un misil balístico norcoreano, lo que llevó a improvisar en la mesa una especie de gabinete de crisis a la vista del resto de los atónitos comensales del club, que pudieron fotografiar a placer la insólita escena y colgar las imágenes en las redes sociales.

Un lujoso palace de estilo español

Mar-a-Lago es un caserón de paredes asalmonadas que imita la arquitectura múdejar española. Está enclavado sobre un arrecife de coral en el pequeño pueblo de Palm Beach, un tradicional destino para millonarios del norte de Estados Unidos en busca de temperaturas más benignas, donde ocupa una parcela de más de ocho hectáreas de primorosos jardines y con acceso directo a una playa de arenas blancas y aguas turquesa. Su nombre en castellano se refiere a la privilegiada localización, entre las aguas del océano y las del lago Worth.

El edificio, inaugurado en 1927 tras cuatro años de obras, fue levantado por Marjorie Merriweather Post, la rica heredera de un imperio de copos de cereales originaria de Illinois. Para levantar su soñado capricho en el sureste de EE.UU., hizo traer desde Génova tres barcos de una piedra especial con fragmentos de conchas y en la decoración empleó unos 36.000 azulejos españoles, alguno del siglo XV. En 1972, quedó inscrito en el Registro Nacional de Sitios Históricos por una ley del Congreso.

Al morir en 1973, la dueña lo legó al gobierno federal para su uso por presidentes y diplomáticos, aunque diez años después fue devuelta a la fundación de la familia Post al considerarse que los gastos de mantenimiento y seguridad eran excesivos.

Fue en 1985 cuando Donald Trump adquirió el complejo por cinco millones de dólares como segunda residencia y le añadió su toque personal. En 1995 lo convirtió en el actual club privado, que se jacta de ser el único que luce las seis estrellas de diamante de la Academia Americana de Ciencias de Hospedaje.

Donald Trump y su esposa, Melania, en la Nochevieja de 2016 en Mar-a-Lago
Donald Trump y su esposa, Melania, en la Nochevieja de 2016 en Mar-a-Lago- Afp

Una recargada decoración a base de pan de oro, suelos alfombrados y de mármol, enormes arañas de cristal en los techos y cortinajes drapeados en los ventanales, tan del gusto de Donald Trump, se extiende por las 126 estancias de la mansión, de las cuales 58 son suites y dormitorios.

El complejo incluye comedores tanto al aire libre como bajo techo, suntuosos salones de baile -uno de los cuales lleva el nombre del propio Trump-, así como una piscina de cara al mar, seis pistas de tenis, otra de croquet, un pequeño campo de golf y gimnasio. A cinco minutos en coche se encuentra, además, el Club de Golf Internacional Trump.

Disfrutar de estas comodidades y de la posibilidad de codearse con el presidente de Estados Unidos un fin de semana no está al alcance de cualquiera. Tras la elección de Donald Trump a la cúspide del poder, el club subió el pasado enero el precio de la membresía a 200.000 dólares, el doble que un año antes. Es el coste de pertenecer a «la Joya de Palm Beach» y gozar de «los más altos privilegios y un estilo de vida de elite reservado a unos pocos selectos», explica la página web de Mar-a-Lago.

Escudo de Trump en Mar-a-Lago
Escudo de Trump en Mar-a-Lago

La lista de alrededor de 500 socios del club incluye promotores inmobiliarios, financieros de Wall Street y ejecutivos de sectores como los de la energía, los seguros y la comunicación. Entre ellos, según publicó The New York Times, figuran Bruce Toll, cofundador de la constructora de viviendas de lujo Toll Brothers; Richard LeFlark, también promotor y uno de los amigos más estrechos de Trump; Jeff Greene, otro multimillonario empresario del sector inmobiliario; Thomas Peterffy, presidente de la compañía de gestión de bolsa Interactive Brokers Group; William Koch, fundador del grupo energético Oxbow tras vender su parte en el imperio familiar; George Norcross, presidente ejecutivo de la aseguradora Conner Strong & Buchelew; Christopher Ruddy, consejero delegado de la compañía de noticias Newsmax Media; el abogado y empresario Brian Burns, y el consultor y cabildero Kenneth Duberstein, que fue jefe del personal de la Casa Blanca en la época de Ronald Reagan. Algunos, como Ruddy y Burns, son donantes de la campaña electoral de Trump, que a su vez a nombrado al segundo embajador de EE.UU. en Irlanda.

Cada escapada de Trump a su refugio de Florida cuesta en torno más de tres millones de dólares, según estimaciones publicadas por medios como The Washington Post y Politico a partir de informes de viajes presidenciales en la época de Barack Obama, que valoran el costoso dispositivo de seguridad que acompaña en sus desplazamientos al jefe de Estado de la nación más poderosa de la Tierra. En el caso de la estancia del actual presidente en Mar-a-Lago, incluye la vigilancia desde el mar por parte de la Guardia Costera.

Presentación en Mar-a-Lago del consejero de Seguridad Nacional, H. R. McMaster (izquierda)
Presentación en Mar-a-Lago del consejero de Seguridad Nacional, H. R. McMaster (izquierda)- Afp

El sheriff del Condado de Palm Beach, Ric Bradshaw, calcula que, solo en horas extras de sus hombres, las sucesivas visitas de Trump a lo largo de unos tres meses a partir de su elección supusieron un gasto adicional de 1,5 millones de dólares, por lo que las autoridades locales ya han pedido al gobierno federal que se los reembolse, según el diario Palm Beach Post.

Protesta al paso de la caravana presidencial en Palm Beach
Protesta al paso de la caravana presidencial en Palm Beach- Reuters

Pero la presencia de un vecino tan especial no solo altera la vida de las fuerzas de seguridad de la zona. Las restricciones en los vuelos mientras el presidente acude a Mar-a-Lago afectan a la actividad de los aeródromos de la zona y han desatado las quejas de los dueños de pequeños negocios que se dedican al alquiler de avionetas y a la instrucción de pilotos.

Eso sin mencionar los habituales trastornos que ocasiona el paso de la caravana presidencial o las manifestaciones populares de distinto tipo que ha desatado. Otros, en cambio, lo ven positivo. A fin de cuentas, no todo el mundo puede decir que vive al lado del presidente de Estados Unidos.