PASEAMOS POR HIGH LINE, LA INCREÍBLE ESTRUCTURA ELEVADA AL OESTE DEL CORAZÓN DE NUEVA YORK
La ventana indiscreta
- Carmen Casso -
- Día 06/02/2012 - 01:01 h
Nueva York alardea de ser la ciudad de ciudades, la esencia de occidente y estímulo constante a los sentidos. Quizás no le falta razón. En la urbe que nunca duerme, resulta muy fácil comer 'la mejor hamburguesa' de NY por que en casi todas las hamburgueserías afirman poseer ese título honorífico. La publicidad en la Gran Manzana es un arte consumado. Donde digo hamburguesa puedo decir también nachos, perritos calientes, dumplings, 'cupcakes' y un largo etcétera. Ya se sabe que los americanos son muy de estadísticas. Y aquí y en cuestiones culinarias mucho más. Si uno atiende a todas las recomendaciones gastronómicas de amigos y guías, a buen seguro se someterá a un subidón de calorías.
Foto: FLICKR / TREY RATCLIFF
Las vistas a uno y otro lado del high line no dejan a nadie indiferente
LAS CLAVES DEL VIAJE
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En cualquier caso necesitaremos siempre algo más de un buen paseo para contrarrestar la ingesta de tanta grasa. Voy a proponeros uno (no sé si el mejor de NY, no vayamos a caer en lo criticado) más que interesante. Sobre las antiguas vías del tren de los años 30 se ha diseñado una vereda urbana muy evocadora. Es el High Line. Se trata de un trayecto bien acotado y de aproximadamente 1,45 millas. Una gozada para los que tengan cierta sensibilidad arquitectónica.
| Lo realmente embriagador es levantar un poco más la vista para ver la impresionante colección de edificios. Una lección de arquitectura y compendio de estilos y épocas |
Vayamos por partes: empezando desde abajo, si miramos a la altura del suelo, veremos un jardín diseñado con flora autóctona y sospechosamente salvaje. Todo muy estudiado para que parezca espontáneo, gran trabajo de paisajismo. Sobre el ruido del tráfico se oye el crepitar de los matorrales y juncos movidos por el viento. Hay sillas y tumbonas por todas partes y recovecos perfectos para dar o recibir un beso. En algunos tramos caminaremos sobre un enrejado que nos deja ver el fluir del trafico bajo los pies.
Si levantamos un poco la mirada del suelo veremos también, mas allá del jardín, las impresionantes vistas de la zona oeste de NY, con el Hudson a un lado y los rascacielos al otro. El parque cuenta con varias gradas desde las que la gente disfruta las vistas y se sienta simplemente a ver cómo pasa el trafico. Un cristalera en forma de gran pantalla de televisión incita al personal a sentarse y echar el ojo. Créanme que resulta difícil no atender la sibilina invitación.
Sin embargo, lo realmente embriagador de este paseo es levantar un poco más la vista para ver la impresionante colección de edificios. Una lección de arquitectura y compendio de estilos y épocas. Desde lo futurista hasta el clasico ladrillo rojo de las primeras construcciones de Nueva Ámsterdam. Generosos ventanales nos invitan a pasar directamente dentro de cada habitacion e imaginar las vidas de sus inquilinos y sentirnos, de alguna manera como... en la ventana indiscreta. Eso sí, cuidado con la excesiva curiosidad, no sea que nos ocurra como a James Stewart en la mítica película y nos sorprenda algún asesinato a destiempo.
La utilidad del paseo es libre, a disposición del usuario. Hay chicas que van a tomar el sol, paseantes que fuman en pipa o leen un libro, gente que hace deporte, amantes, bandidos... Un parque en el cielo da para lo que uno desee. La atractiva oferta está operativa cada día de siete de la mañana a diez de la noche. Por supuesto el acceso es gratis. Desde el Meatpacking District hasta el selecto barrio de Chelsea se puede acceder a través de la Gansevoort street y las calles 16, 18 y 20. Hay escaleras y algún que otro ascensor, para que ninguna persona con problemas de movilidad se quede fuera de juego.
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