Una de las fotos más famosas de Bowie, portada del catálogo de la exposición, y un vídeo con las imágenes de la muestra de Groningen
EXPOSICIÓN

La muestra más espectacular del talento de Bowie

«David Bowie is» reúne en Groningen (Holanda) más de 300 objetos exclusivos que resumen la vida y obra del genio

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David Bowie es un absolute beginner saltando de un universo a otro, siempre reinventándose. Un provocador que se mueve como un tigre en vaselina. Un cerrajero que abre puertas bloqueadas. Compositor, cantante, actor, mimo, transgresor, andrógino, bizarro, glamuroso, bisexual, «fashion victim», rompedor de tabúes, icono de la cultura pop... La personalidad poliédrica de Bowie, nacido David Robert Jones hace 69 años en Brixton, Londres, y fallecido ayer en Nueva York, queda al desnudo en una ambiciosa exposición que vio la luz en 2013 en el Victoria and Albert Museum de la capital británica y ha girado por Chicago, París y Melbourne antes de llegar a su última estación, el Groninger Museum de Groningen, Holanda, donde permanecerá hasta el próximo 13 de marzo. Una oportunidad única para rebobinar hasta los tiempos de la primera huella en la Luna y de la revolución sexual, cuando el ser humano aún tenía capacidad para sorprenderse.

«David Bowie is» no es un muestra convencional basada en viejos vinilos, fotos antiguas y partituras emborronadas, que los hay, sino una experiencia envolvente, donde la música y las voces del pasado nos acompañan desde la intimidad de unos auriculares. Reúne más de 300 objetos relacionados con la vida y obra del artista: manuscritos con las letras de sus canciones, escenografías de las giras, instrumentos, vídeos musicales, dibujos... Aunque las piezas que más fascinan a los visitantes son los trajes originales utilizados por Bowie a lo largo de su carrera, esas joyas de guardarropía que sirvieron de piel a sus célebres álter ego: Ziggy Stardust, Aladdin Sane, The Halloween Jack o The Thin White Duke.

Uno de sus atuendos más espectaculares es el mono de vinilo «Tokyo Pop» salido del taller del japonés Kansai Yamamoto para la gira Aladdin Sane. El niño superdotado y el estudiante de arte, música y diseño aparece después, retratados sus años mozos en las barriadas del sur de Londres, cuando una pelea por una chica con su colega George Underwood, que más tarde diseñaría las portadas de sus primeros discos, le dejó secuelas en el ojo izquierdo: una pupila dilatada permanente que ofrece la impresión engañosa de que David tenía los ojos de distinto color y que le proporcionó esa mirada inquietante que forma parte de su personalidad.

Detalle de la exposición David Bowie is
Detalle de la exposición David Bowie is

David Jones adoptó el apellido Bowie para diferenciarse de Davy Jones, el popular cantante de The Monkees, y en honor de Jim Bowie, aventurero estadounidenseque murió en el asalto de El Álamo. El artista adolescente que a lo largo de la década de 1960 deja gotas de su talento en pequeñas bandas (The Kon-rads, The Buzz, The Riot Squad) llega a su verdadero «big bang» en 1969, cuando publica «Space Oddity», tema legendario donde narra las andanzas del Mayor Tom, un astronauta que inicia su viaje al espacio. Son años de alunizajes y de «2001, Odisea del Espacio», de Stanley Kubrick, y Bowie cabalga la ola que le llevaría a una de las obras cumbre del rock conceptual: «The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars».

Ziggy es un extraterrestre bisexual que se convierte en una estrella del rock, pero acaba haciendo el amor con su ego y tropezando con su propia decadencia. Ese hombre de las estrellas que quería venir y conocernos termina, en efecto, reventando las mentes más retrógadas antes de reciclarse. El vídeo y la equipación de «Starman» es uno de los rincones más luminosos de la muestra.

Hay un mapa de su hábitat favorito de Londres: el Soho, las calles del ritmo que tienen en Carnaby Street su principal polo de atracción con sus templos de moda. Cada vez que doblamos un recodo del camino nos topamos con una nueva epifanía de Bowie, ese Aladdin Sane que se queda en taparrabos en el escenario; el extraño ser orwelliano de «Diamond Dogs», mitad hombre y mitad perro, o el Duque Blanco, en su época más oscura de adicciones y desquiciamientos.

Trajes de Bowie en la exposición de Groningen
Trajes de Bowie en la exposición de Groningen

Hay en la muestra guiños a su faceta como actor de teatro en «El hombre elefante», obra que se representó en Broadway, y de cine: desde «The Image», el extraño cortometraje en el que encarna a un fantasma que emerge del cuadro de un pintor, hasta la comercial «Dentro del laberinto». El Bowie rey del glam rock muda en los 80 en la superestrella que ya nunca ha dejado de ser, en especial después de la publicación de su mayor éxito comercial, «Let’s dance» (1983).

La influencia de este artista total ha sido enorme, no solo entre otros músicos, sino en la propia sociedad que él no dudó en zarandear para que mirara más allá de sus narices. Al final de la exposición es muy probable que reconozcamos que una o dos piezas del puzzle de nuestras vidas han sido inspiradas por Bowie. O quizás baste con que una de sus canciones nos traiga un recuerdo especial. En una gran y postrera sala decorada con trajes exclusivos de sus giras y con imágenes de algunos de sus conciertos proyectándose a nuestro alrededor, suena «Heroes», uno de sus himnos más reconocibles. Siéntese un rato allí, merece la pena. «Podemos ser héroes sólo por un día. Podemos ser nosotros mismos sólo por un día».