Cementerio Central de Viena
Cementerio Central de Viena - Schaub-Walzer / PID

Así es el grandioso cementerio de los genios de la música clásica

En el gran Cementerio Central de Viena, uno de los más grandes y bellos de Europa, se alzan monumentos conmemorativos para honrar a Beethoven, Schubert, Strauss y Brahms

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Construido en 1874, el Zentralfriedhof, o «ciudad de los muertos» de Simmering, es uno de los mayores y más hermosos camposantos de Europa. Allí yacen los restos de más de tres millones de personas, distribuidos entre las secciones católica, protestante y judía.

Esa es una de las razones por la que tantos vieneses y turistas acuden a menudo a visitar el grandioso Cementerio Central, toda una institución de la ciudad, donde siempre es posible disfrutar de una magnífica disertación o de un concierto gratuito, si se tiene la fortuna de coincidir con un schöne leich, un hermoso funeral, que puede incluir oradores profesionales, coros y hasta la actuación de la Filarmónica de Viena.

En 1910, Max Hegele construyó allí una imponente iglesia, que es hoy uno de los más claros exponentes del modernismo vienés, junto a la famosa iglesia de Steinhof, diseñada por Otto Wagner. El cementerio acoge los restos de un sinfín de personajes ilustres, agrupados por profesiones. Muchos vieneses, como queda dicho, acuden allí a pasar el día, a perderse por sus arboladas avenidas, a admirar la belleza de sus jardines, a comer castañas asadas en sus amplias praderas o a contemplar la magnífica iglesia que levantó Mark Hegle junto a la rotonda donde yacen los cuerpos de los presidentes y primeros ministros de la república.

Tumba de Mozart, en el cementerio Central de Viena
Tumba de Mozart, en el cementerio Central de Viena - GONZALO CRUZ

En este suntuoso camposanto, que el artista André Heller definió como «un afrodisíaco para necrófilos», se encuentran los restos mortales de muchos personajes que parecían inmortales. Junto a los padres de la patria que acabo de mencionar, en una deliciosa y florida rinconada, se agrupan, alrededor de un busto de Mozart, los grandes genios de la música que vivieron en la ciudad: Bethoven, Schubert, Brahms y, desde luego, la familia Strauss al completo. Allí, bajo unos puñados de tierra y gloria, comparten el silencio eterno, principio y fin de toda música.

Una popular canción que se canta a menudo en las tabernas vienesas deplora el hecho de que el vino siga existiendo, a pesar de que uno, ya muerto, no pueda disfrutarlo más. Y es que Viena parece mantener un romance eterno con el más allá. Freud creyó descubrir que la ciudad producía «una cierta atracción por la muerte» y el actor Helmunt Qualtinger llegó a decir que “«en Viena hay que morirse antes para que la gente te desee larga vida». No puede ser casualidad que el psicólogo Erwin Ringel, más conocido en todo el mundo como «Míster Suicidio», fundara allí, en 1948, su primer Centro de Tratamiento de Crisis, o que Johan Strauss y su hijo, atormentados por los temores de la vejez, la enfermedad y la muerte, compusieran la música inmortal del vals vienés, bajo cuya gozosa apariencia subyace un sustrato de melancolía y pena.

En Viena, la vida y la muerte siempre han danzado indisolublemente unidas como la llama y el fuego. En 1875, el Emperador José II tuvo la ocurrencia de promover un «ataúd económico», provisto de un fondo basculante que permitía deshacerse fácilmente del cadáver en la tumba y reutilizar la caja mortuoria tantas veces como fuera necesario. Los vieneses montaron en cólera ante tamaño ultraje, mostrando su indignación en manifestaciones, tumultos y protestas que acabaron pronto con la idea. En la actualidad, independientemente de la clase social del finado, casi la mitad de los deudos son partidarios de celebrar un schöne leich.

Cripta de los presidentes, en el Cementerio Central de Viena
Cripta de los presidentes, en el Cementerio Central de Viena-Schaub-Walzer / PID

Pero no se acaba aquí el culto a la muerte de los vieneses. Hay que acudir a la Iglesia de los Capuchinos que el Emperador Fernando III decretó sirviera de panteón para toda la dinastía de los Habsburgo. Allí yacen los restos de 146 personas en 138 ataúdes de metal. Los nostálgicos de la realeza europea podrán rendir un homenaje póstumo a la famosa Emperatriz Sissi, parte de cuyos restos descansan junto a parte de los restos del Emperador Francisco José, ya que, por increíble que parezca, los cuerpos de los Habsburgo eran divididos en tres partes. Los corazones se depositaban en la «Cripta del Corazón» de la Iglesia de los Agustinos, donde permanecen en cincuenta y cuatro urnas de plata; los intestinos -en urnas de cobre- eran depositados en la Cripta Ducal, en las catacumbas de la catedral de San Esteban, mientras «el resto de los restos» se enterraban, como queda dicho, en la Iglesia de los Capuchinos (Kapuzinergruft).

Zona judía del Cementerio Central de Viena
Zona judía del Cementerio Central de Viena - Schaub-Walzer / PID

También se podría hablar del Cementerio Judío, que, tras acoger los cuerpos de la comunidad judía durante cuatrocientos años, fue devastado por los nazis y rehabilitado en 1984 ¡en el patio de una residencia de ancianos! O del Museo Funerario, donde se exhiben más de seiscientos objetos relacionados con la muerte, entre los cuales destaca otro invento vienés: la «campana salvadora», con la que los finados que no estuvieran muertos del todo podían llamar la atención de sus enterradores. No parece un invento descabellado, si tenemos en cuenta que, a finales del siglo XIX, los doctores estimaban que casi un dos por ciento de los enterrados estaba “sólo aparentemente” muerto.

¿Imprescindible?

Zona dedicada a los soldados rusos caídos durante la Batalla de Viena, en la Segunda Guerra Mundial
Zona dedicada a los soldados rusos caídos durante la Batalla de Viena, en la Segunda Guerra Mundial

No se si puede considerarse imprescindible, pero si muy recommendable una visita al Cementerio Central. No se preocupe, que no se encontrará solo. Siempre está lleno de turistas, paseantes, curiosos... A lo mejor hasta tiene suerte y se topa con uno de esos entierros que hacen época y puede disfrutar escuchando a la filarmónica de Viena o a alguna orquesta de Cámara.