OCTUBRE ES ÉPOCA DE MATANZA EN LA SERRANÍA DE HUELVA
La feria del jamón serrano
- David Navarro -
- Día 04/08/2011 - 09:50 h
A final de octubre llega la época de la matanza del cerdo ibérico. Aracena, en plena sierra de Huelva, es el lugar indicado. Este pueblo serrano es la viva imagen de la clásica postal de Andalucía. Casas blancas, arquitectura proporcionada al entorno y espacio para el encuentro de los vecinos. Carácter habitable. Más cuando llega la feria del jamón.
LAS CLAVES DEL VIAJE
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Entonces todo el condado se mueve hasta aquí. Es una feria de carácter comercial pensada para comprar, vender y cerrar acuerdos. Sin embargo, las ganas del personal han excitado el componente popular. El punto de ebullición se encuentra en el recinto, ubicado en la parte baja del pueblo. El ambientazo se respira desde la misma entrada: la gente se agolpa en los bares. Para qué retrasar el momento de la primera cerveza.
| Un sabor de primera categoría. Quizás puede ser la vez en mi vida que más jamón he comido |
Tras el momento espumante se accede al interior. A la derecha se encuentra un gran establo expositor donde se presentan los mejores ejemplares de cerdos ibéricos vivos. Las ganaderías compiten por hacerse con el puesto de más llegada al público. El olor es penetrante. Consideré por un momento que deberían pensar los cerdos si supieran que lucir bien sólo les vale para acercar la muerte y convertirlos en comida. Se salvarán los sementales, eso sí, pero qué horror porcino.
La conmiseración hacia el hermano cerdo se disipa en seguida. De momento empecé a ver numerosos grupos de gente con jamones, grandes panes de pueblo y cervezas. Pensé que aquí hay que venir con tu propio jamón. Si no, no eres nadie. Me prometí hacerlo para la siguiente edición. Seguí adentrándome en el recinto hasta una gran carpa que forma una 'L'. Dentro, muchísimas distribuidoras de productos ibéricos venden al por mayor y al por menor. Todo por hacer caja. De repente se me iluminó la bombilla... ¡Podía comprar el jamón allí mismo!
Había jamones de muchos precios. Me decanté por uno de los más baratos, un ejemplar de 35 euros. El asunto está bien pensado: también está a la venta el equipo completo. Cuchillo jamonero y tabla para colocar el fiambre. Sólo faltaba encontrar el lugar adecuado para la 'operación jamón’. Y lo más difícil, lonchearlo en condiciones. Sin mordisquearlo. Por suerte, una vecina del grupo de al lado era cortadora profesional. Lo preparó y me dio los consejos básicos. Con esto me lancé a ‘tocar el violín’ que es como le dicen en jerigonza local a la acción de cortar jamón.
Me sorprendió la gran calidad relación calidad-precio. Un sabor de primera categoría. Quizás puede ser la vez en mi vida que más jamón he comido. Seguro que sí. Lo que es seguro es que es la vez que más jamón corté. Eso sí, entre loncha y loncha, cerveza, mucha cerveza. Tras acabar con el trabajito fino, todo el mundo a la carpa central, estratégicamente rematado por un bar con música popular. A media tarde, todos (menos los cerdos) felices por la panzada de comer jamón y a bailar se ha dicho.
Por la noche estiramos el chicle: el ayuntamiento invita a cenar en la plaza del pueblo. No es educado rechazar una invitación, no señor. Luego, los infatigables al desaliento saben que todos los bares de Aracena abren hasta altas horas. La feria del jamón no da para hacer turismo. El único que ha descubierto mundo ha sido mi estómago. Que también tiene derecho, digo yo.
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