LA PEQUEÑA CENTINJE CONDENSA UN PASADO GLORIOSO Y PRESUME DE SEÑORÍO
El alma íntima de Montenegro
- Claudia Gorosito -
- Día 15/02/2012 - 01:01 h
Enclavada en un verde valle rodeada de montañas, más o menos a medio camino del puerto de Budva y la capital de Montenegro, Podgorica, se encuentra una joya levantada a la medida del hombre. Se trata de Cetinje, una pequeña ciudad que no alcanza los 20.000 habitantes pero que destila historia y señorío por los cuatro costados.
Foto: FLICKR / GEORGY K
Una capilla se levanta majestuosa al cielo de Cetinje
LAS CLAVES DEL VIAJE
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Cetinje será pequeña, no lo niego, pero posee un innegable aire de grandeza que, además, se merece. Para los habitantes del país balcánico, se trata del ojito derecho del legado de los grandes tiempos de Montenegro. No en vano, Cetinje se convirtió siglos atrás en el bastión eslavo en la lucha contra los conquistadores otomanos. De alguna manera hay trazada una frontera norte-sur que delimita el alcance de la influencia turca. Eso se puede comprobar en la arquitectura, la forma de vestir de la gente e incluso en la cocina. El personal aún encuentra motivos para presumir de su irreductibilidad.
| La ciudad se convirtió siglos atrás en el bastión eslavo en la lucha contra los conquistadores otomanos.Delimita la frontera norte-sur de la influencia turca |
Sus antiguas legaciones diplomáticas, por las que ejerció de capital durante un tiempo, se han reconvertido en imponentes museos y teatros. La vida cultural de una ciudad tan pequeña es impresionante. Da la sensación de estar paseando por una gran urbe, aunque el paseo dura unas pocas calles. Por cierto, gran parte del pueblo es peatonal, algo más que agradable. Una buena opción es visitar el Museo Nacional, aunque la traducción al inglés de sus rótulos y carteles informativos deja bastante que desear.
LOS MONJES CUSTODIAN LOS ACEITES CURATIVOS
También es de obligado cumplimiento acudir al Convento Ortodoxo situado en un flanco del casco urbano e interesarse por los tés, jabones y aceites curativos y artesanales que fabrican los monjes. Resulta casi imposible no comprar algo en una atmósfera tan solemne. En cuanto a la dieta, lo suyo es comer queso y jamón ahumado, lo más celebrado de la región. El restaurante Kole es un buen lugar para probar. A la hora de pernoctar no hay una gran oferta hotelera, ésa es la verdad. El hotel Sport Inn es una opción correcta. Da casi igual donde se duerma, todo tiene buen aspecto y demuestra que aunque tiempos pasados fueran mejores no hay por qué caer en la decrepitud. Lo mismo sucede con los paisanos: puede que no vistan las majores galas del mercado, pero la mirada siempre es altiva, a la altura de su historia.
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