LA CELEBRACIÓN DEL 'AUSTRALIAN DAY' EN LA CAPITAL BRITÁNICA ES ALGO FUERA DE SERIE

Canguros en Londres

Londres es una gran ciudad, eso es indudable, y siempre cuenta con gente de todas partes del mundo. Me encanta pasear por sus barrios y calles, donde hay montones de cosas que hacer. Pero cuando es domingo, para mí la capital británica tiene un nombre propio: Redback Tavern. Es un bar australiano en el barrio de Acton Town, en la zona tres del 'tube' londinense.

Foto: FLICKR / LANCE K

Para ir al pub en cuestión hemos de tomar la línea de metro hasta Acton Town

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • T
  • Para llegar al Redback Tavern basta con coger la línea de metro Picadilly y llegar a 'zona tres'
  • A
  • Lo ideal (se ruega puntualidad británica) es entrar poco después de las tres de la tarde para aprovechar la hora feliz
  • R
  • Los domingos abundan las barbacoas en la terraza del bar. Ojo, son gratis y hay codazos por un hueco en la barra

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Son muchos domingos con muy buenos recuerdos en Redback, pero me centraré en la última ocasión que estuve. El 26 de enero es el día nacional de Australia, lo que se traduce en montones de fiestas australianas por los diferentes pubs de la capital. Como el domingo era 25 de enero, muchos locales aprovecharon para celebrarlo ese día. Así que mejor combinación era imposible: domingo, bar australiano, fiesta nacional australiana y Redback. Los astros se habían unido y estaban de mi parte.

Domingo, bar australiano, fiesta nacional australiana y el Redback a mano. Los astros estaban de mi parte...

Llegué al Redback sobre las tres y media de la tarde. Nada más entrar, me encontré un montón de australianos bien servidos de cerveza. La fiesta había empezado a las doce de la mañana y a los 200 primeros en llegar le regalaban una camiseta. Aquella gente habría llegado a primera hora, porque todos tenían puesta la camiseta amarilla con los colores australianos? ¡y no quedaban más! Una auténtica tragedia, porque llevaba un día pensando en la camiseta. Por suerte y como es habitual, la cerveza estaba a un 'pound', hasta final de existencias (normalmente, hasta las seis de la tarde). Mis amigos y yo nos tomamos un par de ellas para entrar en calor: alcanzar a los australianos quedaba muy lejos.

En la terraza habían montado una barbacoa para hacer hamburguesas. Gratis. Libremente cogías el pan, la hamburguesa y demás ingredientes a tu antojo. Con un buen par de superhamburguesas en el cuerpo, seguí en el mundo de los botellines. Allí en la barra hice los primeros amigos. Bastante sonrientes, llevaban horas de barra fija. Uno de ellos llevaba la bandera australiana como capa, pero no era el único que la tenía así. De repente, me preguntaron por el 'power glass'. No tenía ni idea a qué se referían. Me explicaron que tenía que comprar un vaso por diez 'pounds' y me lo rellenaban desde las cinco hasta las siete de lo que yo quisiera. Beber, vaciar el vaso y volver a rellenar, parecía fácil. Miré el reloj: "Bien, me quedan quince minutos para comprarlo".

A un minuto de las cinco, todo el mundo esperaba expectante que dieran la campanada. Mi gente y yo nos buscamos la barra más tranquila. Y comenzó el festival de Jameson con la clásica Coca Cola corta de gas. Para despistar un poco a la gente de las barras, empezaron los sorteos? de los que nunca sabré quién repartía los números, porque no llevaba ninguno. Afortunadamente tiraron varios polos de la selección australiana de rugby con el escudo del Redback y con tanto borrachín suelto no me fue difícil coger uno. Eso sí, de tres tallas más de la mía. Luego empezó la música en directo, dos grupos con temas clásicos internacionales, aunque, naturalmente abrieron una con canción de las antípodas: Weather with you?, de Crowded House.

Terminó la hora del 'power glass' sin romper el vaso ni perderlo, porque eso hubiera anticipado mi hora de cierre. Las barras todavía echaban humo... Recuerdo especialmente el momento en el que uno de los grupos tocó la canción de Lynyrd Skynyrd, 'Sweet Home Alabama'. Aunque con un cambio muy particular a 'Sweet Home Australia'. Podía ver todos esos australianos nostálgicos de su tierra cantando la canción.

Salimos agotados, pero contentos. Fue un largo domingo, y es una experiencia que recomiendo a todo el mundo que quiera pasarlo bien. El Londres más australiano y divertido siempre está preparado para liarla.