EN PLAN 'ARMA LETAL' POR LAS CALLES DE LA ANIMADA CAPITAL LITUANA

La emoción de un taxi en Vilnius

Llegamos a Vilnius por carretera desde Letonia. No se puede decir que sea una autopista de montones de carriles, pero se va bien. Las repúblicas bálticas son cómodas para el mundo del transporte. Además, no pasa tanto como en otros sitios que la policía te busque la espalda para multarte porque te has pasado de un límite que ni siquiera está establecido o no se sabe. La clásica 'mordida'. Para eso están algunos taxistas.

Foto: FLICKR / LEE FENNER

Una céntrica vía de la capital lituana con algunos novedosos vehículos a pedales

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • T
  • Cuando se toma un taxi conviene cerrar un precio o asegurarse de que el taxímetro funciona
  • A
  • No es difícil encontrar por la calle gente que habla polaco o ruso, multiculturalidad del Este de Europa
  • S
  • No es una ciudad peligrosa, pero en determinados y oscuros antros nocturnos hay que andar con ojo

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Vilnius puede no parecer una joya a ojos de muchos turistas, pero tiene su encanto. Y vaya si lo tiene. El muy cuidado casco histórico (el mayor de Europa del este) está cruzado de arriba a abajo por una calle principal por lo que resulta bastante fácil orientarse. Aparte de los clásicos iconos de la Plaza de la Catedral y el Castillo Gediminas, hay montones de iglesias que visitar y el ambiente nocturno se da por supuesto, como el valor en la mili. A veces puede resultar incluso demasiado el tal ambiente.

La señorita sólo nos preguntaba qué marca de taxis era y nos decía que cosas así pasan y que son normales. Me fui a darme una ducha caliente. Lección: no más taxis sin taxímetros o precios acordados...

La primera noche que pasamos en la capital de Lituania nos sorprendió a mí y a dos amigos más una nevada bestial con ventisca incluida mientras buscábamos el museo en memoria del holocausto judío, un crudísimo testimonio de la peor herencia de la Segunda Guerra Mundial.

Pillamos un taxi para regresar al hostal y nos cogió un conductor que no era capaz de decir ni mu en inglés. O no quería. Cero total. Nosotros íbamos a un sitio archiconocido (justo enfrente del arco que delimita la entrada al casco viejo), como si se tratase de Time Square en Nueva York. Imposible no conocerlo. Se lo enseñé en el mapa, lo pronuncié con todas las entonaciones posibles, pero nada, insistía en tirar en dirección opuesta. Yo sabía que se estaba equivocando, pero no paraba de hablar entre dientes y no me hacía caso. Al final vio que no estaba tirando por el camino correcto y dio media vuelta. Ya llevábamos más de diez minutos en el vehículo, que iba a toda pastilla en mitad de la helada noche.

A todo esto no había puesto en marcha el taxímetro. Yo sólo se lo señalaba y le decía 'on-off' para que captase la situación. Tampoco hay que ser de Oxford para entenderlo. Total, que nos encajamos en la puerta del hostal y nos pidió 40 litas. Yo soy despistada pero tengo algunos tiros dados y ya había preguntado en la recepción cuánto podía costar una carrera de punta a punta del centro: unos 15. Le dije que no pagábamos eso. Se encabronó y nos dijo que vale, que 30. Le dije que tampoco y no se le ocurrió otra cosa que arrancar el coche con nosotros dentro y comenzar a conducir en plan 'Arma letal', a toda pastilla dando unos volantazos mortales.

Empezamos a gritarle y pensé en tirar del freno de mano. La verdad, pasamos miedo porque el tío parecía un psicópata, no sé qué pretendía. Supongo que asustarnos o qué sé yo. Cuando cinco calles más adelante tuvo que parar porque no podía atravesar un camión, saltamos del coche como resortes y nos fuimos corriendo hasta el hostal. A la carrera y muertos de miedo.

Fui de inmediato a la chica de recepción a comentarle el tema y preguntar si podíamos esperar que el taxista volviera o qué podíamos hacer. La señorita sólo nos preguntaba qué marca de taxis era y nos decía que cosas así pasan y que son normales. Me fui a darme una ducha caliente. Lección: no más taxis sin taxímetros o precios acordados...

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