RETOMAMOS UNA ANTIGUA TRADICIÓN QUE DIO ORIGEN A LA SEMANA SANTA HISPALENSE

El Viacrucis de la Cruz del Campo en Sevilla

La ciudad de Sevilla goza de una merecida fama por los muchos encantos que atesora. Sin embargo, como suele suceder en localidades con tanto patrimonio y una Historia tan extensa a sus espaldas, los visitantes apenas pueden apreciar una escasa parte del mismo. Los lugares inexcusables (Catedral, Alcázares o Plaza de España) son bien conocidos, pero otros muchos, como el Museo de Bellas Artes, quedan tristemente postergados. Con independencia de estos monumentos, Sevilla se puede disfrutar enormemente paseando y perdiéndose por su inmenso centro histórico. Os proponemos una ruta con indudable encanto.

Foto: JOSÉ MARÍA PINILLA

Esta artística cruz de jaspes ubicada en la fachada de la Casa de Pilatos es el arranque de nuestra andadura

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • T
  • Si desde el templete no quieren regresar al centro a pie se pueden coger las líneas de autobuses 24 y 27
  • N
  • La zona de La Buhaira, cerca de donde caminamos, tiene un buen ambiente para las copas vespertinas y nocturnas
  • S
  • Sevilla es mucho más segura que hace años. No obstante, mejor si no se llevan cámaras y similares muy a la vista

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La zona en que se ubica la Casa de Pilatos es muy frecuentada por los turistas que desean visitar este espléndido palacio del Renacimiento. No obstante, apenas lo ven, suelen regresar a las calles cercanas a la Catedral y el Barrio de Santa Cruz. En este caso lo que pretendemos es justo lo contrario: continuar hacia el área conocida como Puerta de Carmona.

Desde tiempos muy remotos fue costumbre, antes de emprender la travesía, rezar ante una efigie. Se trataba de un Ecce Homo al que los viajeros le imploraban "salud y buen viaje"

Caminando desde la Plaza de Pilatos hacia el este se enfila una de las salidas de la en tiempos amurallada Sevilla. La calle, llamada de San Esteban por la hermosa iglesia gótico mudéjar del siglo XIV que en ella se levanta, nos dirige a donde se encontraba una de las puertas de la ciudad, la titulada de Carmona. Su nombre se debe a que a ella llegaba un antiguo acueducto conocido como los Caños de Carmona, del que apenas quedan pequeños restos. Este itinerario era el tomado por quienes salían de Sevilla en esta dirección, y desde tiempos muy remotos fue costumbre, antes de emprender la travesía, rezar ante una efigie situada en una ventana del templo indicado. Se trataba de un Ecce Homo al que los viajeros le imploraban "salud y buen viaje", para que los protegiera en su trayecto (los caminos rurales de antes estaban llenos de peligros, desde animales a forajidos). Tan honda fue la devoción a esta Imagen que se quedó con la advocación de Cristo de la Salud y Buen Viaje, y a día de hoy aún continúa en su ventana para los fieles que sigan demandando su protección.

TRAS LOS PASOS DEL ENSAYISTA LUIS MONTOTO

Si, emulando a aquellos antiguos viajeros, tomamos el camino a las afueras de la Sevilla histórica, en dirección al actual y populoso barrio de Nervión, proseguiríamos nuestros pasos por la antigua calle de Oriente, hoy bautizada Luis Montoto en recuerdo de un prestigioso ensayista y escritor sevillano del XIX. Avanzando por dicha vía, entre sus modernas edificaciones se distinguen algunos restos del pasado.

Hasta dos fragmentos de los citados Caños de Carmona permanecen en pie como testigos de lo que allí se ubicó durante siglos. Cerca del segundo de ellos se encuentra la Iglesia de San Benito. Parece ser que el actual templo, que data del XVII, está construido sobre un monasterio benedictino anterior dedicado a Santo Domingo de Silos donde podría haber tenido lugar la primera Misa tras la Reconquista de la ciudad allá por 1248. Se cuenta también que, en el siglo XV, en este lugar se fundó la conocida Hermandad de Jesús del Gran Poder.

Justo en la acera opuesta podemos hacer una parada en el popular bar Jota. Abierto desde hace casi cien años, goza de justificada reputación por la maestría con que allí se tira la cerveza. Tras refrescarnos la garganta (y acompañar el trago con una tira de bacalao que ayude a empaparla), mantenemos el rumbo tomado previamente. En la fachada izquierda de la calle según andamos (donde hemos visto la iglesia de San Benito), habremos advertido que, cada ciertos metros, se encuentran retablos cerámicos reproduciendo diversas escenas de la Pasión. Estos azulejos, que arrancaban en la Plaza de Pilatos donde comenzábamos a andar, son un recuerdo del itinerario seguido por un Viacrucis que se instauró en el siglo XVI. Su última estación (la número catorce) coincidía con un templete medieval que, por estar muy a las afueras de la ciudad, se llamó la Cruz del Campo.

LA TRADICIÓN SE CONVIERTE EN ESPUMOSA

Muchos años después, en 1904, vio la luz una fábrica de cervezas en sus inmediaciones, que por la cercanía con el lugar tomó su nombre. En la actualidad el humilladero sigue en pie en su sitio, que ya no es campo sino pleno casco urbano. En este punto concluye nuestro periplo, donde tantas veces llegaron los participantes al acto penitencial que, según algún historiador, dio lugar a las célebres procesiones de Semana Santa de la capital andaluza. A estas alturas, con seguridad nos hemos ganado el derecho a disfrutar de otra rica cerveza. Cualquiera de los animados bares de alrededor nos ha de valer para cumplirlo. Salud.

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