EL EXTREMO MÁS OCCIDENTAL DE IRLANDA ES UN REDUCTO DE ABADÍAS, CRUCES CELTAS Y PUEBLOS CON ENCANTO

Aire puro en la península de Dingle

La costa oeste de Irlanda posee algunos de los enclaves naturales más impresionantes y visitados del país verde. La Península de Dingle (Corca Dhuibhne en gaélico irlandés), sobrecogedora en su belleza de colinas salpicadas de ruinas, playas de arena dorada y mar enfurecido, es una excelente muestra de ello.

Foto: FLICKR / DANA & RON

La calma del paisaje se transmite al paseante, que queda envuelto por su paz

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • A
  • El Gallarus Oratory, el Fuerte Dunberg y el Monasterio de Riasc son algunos de los restos de mayor antigüedad de la zona
  • T
  • En barco podemos alcanzar las cercanas Islas Blasket, actualmente despobladas
  • E
  • Llevemos encima un diccionario de gaélico, clave en la región. Los principales literatos son Ó Siochfhradha y Peig Sayers

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Los aeropuertos de Cork y Shannon, ambos a aproximadamente a 120 kilómetros de Tralee, son los más cercanos a esta franja costera que operan con vuelos internacionales. Si no se es demasiado temeroso, alquilar un coche es la mejor opción. Pero recordemos que los irlandeses conducen por la izquierda, son amantes de la velocidad y que las carreteras comarcales, llenas de encanto, brillan por su estrechez y falta de arcenes. Sin embargo a lo largo de la Costa Oeste pueden aparecer en el camino impresionantes abadías en ruinas, pueblecitos encantadores, restos de construcciones prehistóricas... el coche te proporciona la libertad de viajar por las estrechas carreteras secundarias y parar a tu antojo ante cualquiera de los múltiples espectáculos visuales que surgen en tu camino. También hay buses de compañías privadas con recorridos organizados pero no es lo mismo.

Picudos acantilados, praderas de cientos de tonalidades diferentes de verde llenas de ovejas que pastan entre margaritas, calas de arenas doradas, abadías y castillos en ruinas, cementerios llenos de cruces celtas que miran al mar...

La Península de Dingle culmina en el punto más occidental de Europa y los maravillosos paisajes que aparecen en la famosa película "La hija de Ryan" pertenecen a este entorno natural. Empezando el recorrido en Tralee, la primera parada es el pueblo de Castlegregory, rodeado de verdes colinas que acaban en playas llenas de miles y miles de conchas, piedras de colores y todo tipo de restos marinos. Cualquier cala que encontremos en la bahía de Tralee merecerá una bajada del coche para andar por ella unos minutos, examinando (que no recogiendo, hay que dejar los parajes como nos los encontramos) alguna de sus increíbles piedras con colores y extrañas formas o contemplando los impactantes cielos irlandeses, plagados de nubes de cientos de tonalidades diferentes de gris y blanco. Es raro encontrar a cualquier ser humano en el camino, excepto quizás en días concretos de julio o agosto. No olvidemos que existe una gran oferta de deportes acuáticos, desde surf a buceo o bodyboard para niños y adultos... siempre usando un neopreno bien grueso, claro.

A pocos kilometros encontramos el pequeño y encantador pueblo de An Clochan (Dungloe en inglés), para después atravesar el monte Brandon, que con sus 952 metros de altura se convierte en el noveno pico más alto del país. Las sinuosas carreteras al borde del precipicio permiten disfrutar de una impresionante vista de la bahía. Si se van a adentrar en la montaña, recuerden que es famosa porque la niebla puede rodearla por completo en un minuto y las precipitaciones son constantes. A pesar de ello, es muy frecuente ver ciclistas entrenándose durante todo el año.

Justo al final de este paso de montaña se divisa el idílico pueblo de Dingle. Su amplia oferta de actividades al aire libre, sus calles con casas de colores y negocios tradicionales, los restaurantes con deliciosos platos de pescado y marisco (no dejen de probar la crema de Fish Chowder y el famoso Fish and Chips con pescados de la zona) hacen de esta ciudad un destino ideal para pasar varios días de tranquilidad y aire puro. La eficaz y amplia oficina de turismo en el puerto es la mejor opción para reservar un tour de trekking de cuatro horas por las montañas, parando en iglesias y yacimientos prehistóricos, dar paseos por la playa a caballo o contratar una travesía en barco que casi siempre consigue avistar a Fungie, el delfín que lleva desde 1984 en la bahía de Dingle haciendo las delicias de los hasta mil visitantes que recibe al día en las temporadas altas. Su extrema afinidad con los humanos y su negativa a migrar como los delfines de su especie han reportado al pueblo una enorme fama mundial.

Desde Dingle, deberemos seguir las indicaciones del camino de Slea Head. Por la carretera que discurre a lo largo de toda la península, siéntanse libres de conducir disfrutando de uno de los paisajes más bellos del país. Picudos acantilados, praderas de cientos de tonalidades diferentes de verde llenas de ovejas que pastan entre margaritas, calas de arenas doradas, abadías y castillos en ruinas, restos arqueológicos de épocas prehistóricas en excepcional estado de conservación, cementerios llenos de cruces celtas que miran al mar en el mayor de los silencios... y una paz que inunda de mayor belleza aún a este prodigio de la naturaleza.