LA INCREÍBLE CIUDAD MANCHEGA DESVELA SUS ENCANTOS SIN NECESIDAD DE PAVONEARSE

Cuenca para colgarse... de gusto

Reconocida Ciudad Patrimonio de la Humanidad, Cuenca es una mágica villa, escondida entre las llanuras y serranías manchegas y los espectaculares Mogotes de la Ciudad Encantada. En realidad decidimos ir a Cuenca por casualidad, buscando un destino que nos sirviera de excusa para parar y retomar fuerzas después de seis horas al volante. No hay que avergonzarse: fue la mejor opción que pudimos elegir. Por economizar, nos quedamos en un hotel a las afueras, a cinco minutos en coche del centro histórico y a 30 euros por persona. Tengamos en cuenta que las distancias no son un gran problema en la patrica chica de José Luis Perales.

Foto: FLICKR / JAVIER PRIETO

La ciudad antigua se eleva majestuosa, dejando en segundo término la zona más actual

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • A
  • La cercana Serranía de Cuenca provoca un régimen de precipitaciones bastante acentuado
  • R
  • Un café o un té en la Plaza Mayor es un acierto, flanqueado por la catedral, el Ayuntamiento y el Convento de las Petras
  • N
  • La Semana Santa está declarada como bien de Interés Turístico Internacional. Destaca la Procesión Camino del Calvario

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A la mañana siguiente, justo al abandonar el alojamiento para reconocer la urbe, me tope con una estampa que no me esperaba en absoluto: un millón (tirando por lo bajo) de japoneses con sus cámaras al cuello preparados para ejercer de turistas totales. Justo como nosotros. El señor recepcionista ya nos había aleccionado sobre los 'must' que no nos podíamos perder y lo fantástica que era la ciudad, pero... ¿tan internacional era Cuenca? Me acerqué a hablar con ellos y preguntarles sobre el misterio del día. Su amable respuesta no me dejó indiferente: "Cuenca es la ciudad española de moda en Japón". Al parecer, todo se debe al éxito obtenido por una serie de anime ('Sora no Oto'), que aunque se desarrolla en la urbe imaginaria de Seize, en realidad está basada en los paisajes de Cuenca. No voy a negar que cierta curiosidad empezó a despertarse bulliciosa dentro de mí. No seré yo quien le hurte sus argumentos al universo anime.

Los muchísimos nipones confesaron: "Cuenca es la ciudad española de moda en Japón". Todo se debe al éxito de una serie de anime ('Sora no Oto'), que aunque se desarrolla en la urbe imaginaria de Seize, está basada en paisajes conquenses

Tal y como certeramente nos aconsejaron, aparcamos cerca del Puente San Pablo para tomar las mejores fotos y disfrutar de la esperada y prometida panorámica. Fue un salto en el tiempo hasta una ciudad medieval ubicada perfectamente entre las montañas, en las hoces del río Júcar y de su afluente el río Huécar. Inmejorable perspectiva entre el casco histórico y el antiguo Convento de San Pablo, ahora Parador Nacional de Turismo.

Cruzando el puente, a escasos metros de distancia, se pueden observar las esperadas Casas Colgadas o Colgantes: un desafío a la gravedad sin precedentes. Su origen histórico resulta desconocido, los expertos no determinan si es medieval o musulmán. Su perfecta ubicación y su casi inexplicable estructura arquitectónica las convierten en creaciones admirables desde todo punto de vista. Cualquiera con una cierta dosis de sensibilidad da por buena la visita al primer vistazo. Aunque sólo sobreviven tres del siglo XIII y XV, recientemente restauradas, yo podía imaginar la ciudad en su máximo esplendor, que una vez estuvo repleta de casas colgando en los acantilados como por encanto.

Nunca mejor utilizado este apelativo: encanto. No es de extrañar que a pocos kilómetros (25 aproximadamente) se encuentre la Ciudad Encantada de Cuenca. Obviamente fue nuestro destino después de perdernos por las callejuelas medievales del centro de la urbe y visitar la Catedral gótica. Justo al lado del imponente templo, en la calle Clavel, se levantan varios restaurantes típicos castellanos a un precio bastante asequible que ofrecen menús del día y tapas varias. Aquí fue donde decidimos hacer una parada para entrar a degüello en el mundo del turismo gastronómico. Los que disfruten con la casquería y la carne de caza han triunfado en esta ciudad, de eso no hay duda que valga. El Morteruelo, el guiso típico por excelencia, fue el éxito de la comida aunque yo personalmente preferí pedir ajo arriero, que soy más de pescado.

Después de retomar fuerzas pusimos rumbo a La Ciudad Encantada. A lo largo de los siglos, la erosión del agua en la piedra caliza ha moldeado fantásticas figuras y siluetas que han transformado la serranía en un paraje mágico y (obviamente) encantado que no deja indiferente al visitante. Un cocodrilo, un elefante, una ballena, dos amantes... figuras imposibles donde la propia imaginación es el límite. Simplemente es un milagro de la naturaleza. Un regalo.

Federico García Lorca no lo pudo expresar mejor:

¿Te gustó la ciudad que gota a gota
labró el agua en el centro de los pinos?
¿Viste sueños y rostros y caminos
y muros de dolor que el aire azota?

Recomiendo fehacientemente consagrar una jornada completa a disfrutar de las múltiples rutas de senderismo por la ciudad encantada. En mi caso las prisas lo impidieron. Está claro que Cuenca no es una parada para recobrar el resuello: es más el final del trayecto.

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