UNA TRAVESÍA RÍO ABAJO HASTA TORTUGUERO

Jugamos al Veo-Veo en la costa de los mosquitos

Puerto Limón fue la ciudad que primero me reconfortó al llegar a Costa Rica, porque lo cierto es que la capital San José me decepcionó. Tráfico ensordecedor, muchas casas (por no decir todas) con rejas, cierta sensación de peligro (dentro de que el país es bastante seguro). Si hay que ser sincero, no resulta un lugar muy bonito. Puerto Limón es otra cosa.

Foto: FLICKR / HAPPY DOGS

Como se puede ver, en el chiringuito no se permite el consumo de marihuana

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • A
  • Busca a un biólogo para apreciar la fauna y flora, y no olvides tus prismáticos
  • E
  • Usa ropa cómoda, transpirable y que protega del sol
  • S
  • Cuida que tu dinero y tu teléfono no terminen en el agua

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Puerto Limón es otra cosa. Es la capital de departamento de Limón, y se sitúa en la apabullante orilla caribeña. Antaño fue el origen principal de las exportaciones de bananas para casi toda Sudamérica. Pues bien, desde allí hay una excursión imperdonable. Se puede hacer en hidroavión o en barca, depende del tiempo y el presupuesto del que se disponga. Yo me decanté por la tranquilidad caribeña y negocié con un tipo bigotudo cuánto era la broma para encajarnos río arriba. Destino Tortuguero.

Negociando mientras se liaba un pitillo, el capitán cerró un precio

Sin bullas. Negociando mientras se liaba un pitillo, nuestro capitán cerró un precio entre dientes y del tirón lo acepté. Gran día, cerveza fría en la nevera y naturaleza brutal por delante. Íbamos cuatro amigos y el capitán, no se intuía ningún tipo de rebelión a bordo. Demasiada Imperial (cerveza nacional, claro) a mano como para ponernos a discutir.

El trayecto se va a más de tres horas y media, pero no se hace en absoluto pesado. Es más, casi es corto. Durante el camino y a medida que nos acercamos al destino se van incrementando el número de especies animales y vegetales que nos sorprenden. Caimanes de agua dulce, tortugas que toman el sol, monos y más monos, tucanes. Sí, tucanes de colores preciosos. Exuberancia al poder.

Nuestro capitán para el motor de la lancha de vez en cuando. Detecta vida en la maleza verde, cada vez más espesa (y con más mosquitos de la cuenta al atardecer) y nos señala una rama. Allí vemos un anfibio zambullirse. Tarde, no sale en la foto. Pero resulta divertido ejercitar la agudeza. En estas aguas, cuentan los locales, se rodó la película La costa de los mosquitos, del director Peter Weir. Acertó en la elección.

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