UN DESTINO CARIBEÑO QUE SE DESMARCA DEL 'TODO INCLUIDO'
Las Islas Turcas en plan Cristóbal Colón
- Ricardo Roldán -
- Día 04/08/2011 - 09:50 h
En diciembre de un año cualquiera estuve con mi mujer cuatro días de nuestra luna de miel en la isla de Providenciales, la más turística de las que forman el archipiélago Islas Turcas y Caicos, o Turks and Caicos, un pequeño territorio ultramarino dependiente de la Corona Británica. Provo, como la llaman los lugareños, está a algo más de una hora en avión desde Florida pero parece otro planeta.
Foto: FLICKR / PAUL VLADUCHICK
Una colorista casa azul desde la que se disfruta de una vista cien por cien caribeña
LAS CLAVES DEL VIAJE
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Despegamos desde el enorme y transitadísimo aeropuerto de Miami en un avión en el que el 90 por ciento de los pasajeros eran negros. Ahí confirmé mis expectativas de que no nos dirigíamos a uno de tantos destinos caribeños de pulserita y todo incluido. Aterrizamos en un pequeño aeropuerto, toda la terminal incluyendo llegadas y salidas no era mayor que un polideportivo de un pueblo mediano. Ya estamos al norte de la isla La Española, que comparten La República Dominicana y Haití.
| ¿Somos nosotros los primeros españoles aquí tras el descubrimiento de América? |
Tras los trámites aduaneros y recogida de equipajes, todo muy fluido, salimos a la calle. Varios taxi-monovolúmenes esperaban a los turistas que llegaban en los cuatro o cinco vuelos diarios. Taxistas que sin dar explicaciones cogen las maletas, las meten en el taxi y al hotel.
Nos alojamos en Le Vele, en primera línea de la Grace Bay beach, playa de arena blanca y agua cristalina en la que están casi todos los hoteles de la isla. Paseando por la playa, se observa que el turismo está formado por familias de cierto nivel de Estados Unidos y Gran Bretaña.
En Provo no existen los enormes hoteles resorts con discotecas de otras islas del Caribe, lo que evita que la isla se llene de viajes de fin de carrera, despedidas de soltero, turistas en busca de una borrachera barata, o en busca de jineteras, que tampoco se ven por allí.
Este destino es perfecto para descansar en la playa, pasar desapercibido, bucear en sus transparentes aguas, recorrer los 25 kilómetros que mide la isla de punta a punta en coche… O sea, lo que hicimos nosotros: desayuno en la habitación, estar tirado en la playa, piscina del hotel, jeep descapotable para recorrer la isla, excursión en lancha para coger buceando enormes caracolas vivas, ver películas en DVD en la habitación (dobladas con acento mexicano, Kevin Costner hablando como Cantinflas), olvidarnos del mal tiempo que hace en España por estas fechas, ver en Internet que en Nueva York, nuestro siguiente destino, nos esperan temperaturas bajo cero, etcétera. La buena vida.
Para terminar, un par de curiosidades:
Nadie por allí habla lo más mínimo el español ni sabe nada de España; bueno casi nadie, un italiano dueño de un restaurante trabajó en Málaga una temporada y algo aprendió; yo diría más, ¿somos mi mujer y yo los primeros españoles en la era moderna, sin contar el descubrimiento de América, en visitar Turks and Caicos?
La mayoría de coches son de procedencia estadounidense, con el volante a la izquierda; pero como antigua colonia británica, siguen conduciendo también por la izquierda. Los adelantamientos se hacen casi imposibles y al llegar a las rotondas, uno no sabe ni por dónde ir ni dónde mirar.
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