Con sus 22 metros de altura, las estatuas de bronce de Kim Il-sung y Kim Jong-il, padre y abuelo del actual dictador, Kim Jong-un, presiden Pyongyang en la colina de Mansu - PABLO M. DÍEZ / Vídeo: Trump amenaza con destruir «totalmente» Coreal del Norte

COREA DEL NORTELo que pueden ver los turistas en el país más hermético del mundo

El corresponsal de ABC en Asia recuerda su viaje a este país aislado y desafiante, al que se puede viajar para ver monumentos a mayor gloria del régimen, pero siempre acompañado por los guías

CORRESPONSAL EN ASIAActualizado:

Que Corea del Norte sea uno de los países más herméticos del mundo no significa que no pueda ser visitado por los extranjeros. Se calcula que cada año viajan a este país unos 100.000 turistas, de los que la inmensa mayoría son chinos y solo entre 5.000 y 6.000 de otros países, sobre todo de Europa y Estados Unidos. Tras la reciente muerte de Otto Warmbier, el joven condenado a trabajos forzados por robar un cartel que pasó más de un año en coma sin que el régimen de Kim Jong-un avisara a su familia, el Gobierno estadounidense prohíbe a sus ciudadanos ir a Corea del Norte. Pero esta ley puede ser burlada porque, a veces, las autoridades norcoreanas expiden una especie de salvoconducto para que sus sellos no queden estampados en los pasaportes.

Atraídos por el halo de misterio y secretismo que envuelve a Corea del Norte, el último régimen plenamente comunista del planeta, los visitantes viajan en el tiempo como si retrocedieran a la Unión Soviética de Stalin y la China de Mao. Eso es lo que se siente en la capital, Pyongyang, por sus sobrios bloques de viviendas, sus gigantescos monumentos políticos y sus bulevares ajardinados y con poco tráfico, donde no hay vallas publicitarias sino carteles con la propaganda del régimen. En esa simplificación de la vida a la que aspiraba el comunismo, que prácticamente reducía al ser humano a una especie de máquina al servicio de la producción y la causa política, las poco surtidas tiendas estatales no tienen rótulos con sus nombres, sino iconos que publicitan lo que venden: un pez para las pescaderías, una vaca para las carnicerías, una botella para los establecimientos de bebidas, una camisa para los de ropa, un peine y unas tijeras para las peluquerías…

Al igual que el «Gran Hermano» de Orwell, pero en versión sonriente e idealizada por la propaganda, los retratos de los líderes están omnipresentes, como en la Plaza de Kim Il-sung
Al igual que el «Gran Hermano» de Orwell, pero en versión sonriente e idealizada por la propaganda, los retratos de los líderes están omnipresentes, como en la Plaza de Kim Il-sung- PABLO M. DÍEZ

Como en cualquier otro lugar del mundo, los reclamos más interesantes para el turismo son los monumentos. Pero, como Corea del Norte no se parece a ningún otro sitio, sus monumentos no muestran su historia más antigua ni su patrimonio arquitectónico, sino que han sido construidos en las últimas décadas a mayor gloria del régimen y, sobre todo, de sus líderes.

Los guías advierten a los turistas para que saquen íntegramente las estatuas en las fotos, sin cortar ninguna de sus partes, una ofensa para el régimen

Para empezar, es de obligado cumplimiento –y esto no es ninguna metáfora– rendir homenaje a las estatuas de Kim Il-sung, fundador y «Presidente Eterno» de la patria, y de su hijo, el «Querido Líder» Kim Jong-il, el abuelo y el padre del actual dictador, Kim Jong-un. Construidas en bronce, desde sus 22 metros de altura coronan Pyongyang en la colina de Mansu. Con coronas de flores que depositan a sus pies, hasta allí peregrinan tanto los norcoreanos como las delegaciones y grupos turísticos que visitan Corea del Norte, que deben postrarse ante ellas en señal de respeto. El endiosamiento de los líderes llega hasta tal punto que los guías advierten muy seriamente a los turistas para que saquen íntegramente las estatuas en las fotos, sin cortar ninguna de sus partes porque eso está considerado una ofensa para el régimen.

Lo mismo ocurre con sus grandes retratos en la descomunal Plaza de Kim Il-sung, por donde desfilan los soldados y misiles en los baños de masas que tanto gustan en estos regímenes autoritarios. Presidiendo el Gran Salón de Estudio del Pueblo, la biblioteca de Pyongyang, los rostros de Kim Il-sung y Kim Jong-il recuerdan al «Gran Hermano» de Orwell porque están en todos los edificios y casas de Corea del Norte, pero en una versión risueña y benevolente idealizada por la propaganda.

En Pyongyang hay construcciones que no desentonarían en la película «El Muro» («The Wall»), como el Monumento al Partido de los Trabajadores
En Pyongyang hay construcciones que no desentonarían en la película «El Muro» («The Wall»), como el Monumento al Partido de los Trabajadores- PABLO M. DIEZ

Frente a la plaza, al otro lado del río Tadeong, se alza la Torre Juche, un monolito de 170 metros erigido en honor de la ideología del régimen. Con la filosofía «juche», que significa autarquía, Kim Il-sung alumbró un comunismo tamizado por elementos de la tradición oriental para alimentar su propia gloria personal y mantener bajo control a su pueblo. Aunque el «juche» proclama que «las masas populares son el motor de la revolución porque el hombre es el maestro de todo y puede hacer lo que quiera», la propaganda ha encumbrado a los líderes como si fueran seres superiores.

Además de la Torre Juche, en Pyongyang destacan otras construcciones que no desentonarían en la película «El Muro» («The Wall»). Entre ellas figuran el Monumento al Partido de los Trabajadores, que ha incorporado el pincel de los artistas al martillo de los obreros y la hoz de los campesinos, y el Monumento a la Reunificación de Corea, así como numerosas estatuas bélicas que siguen los musculosos patrones estéticos del realismo socialista.

A todo ello hay que sumar las visitas a los museos militares, a las fábricas y cooperativas estatales y a la casa donde nació Kim Il-sung, así como al mausoleo de Kumsusan. En este enorme palacio se exhiben su cuerpo embalsamado y el de su hijo, Kim Jong-il, junto a numerosas medallas y condecoraciones internacionales, sobre todo de la antigua órbita comunista. A unos 200 kilómetros de Pyongyang, horadado entre las montañas de Myohyangsan, otro gigantesco museo con 150 salas, el Salón de Exposición de la Amistad Internacional, alberga más de 200.000 presentes a los líderes. Algunos son tan peculiares como dos vagones de tren regalados por Stalin y Mao, un maletín de piel de cocodrilo de Fidel Castro, una pitillera de oro del mariscal yugoslavo Tito, un jarrón de nácar de Arafat, un rifle de caza de Putin, un florero de cristal de Miterrand, un «kalashnikov» usado en la guerra de Angola y hasta una pelota de baloncesto firmada por la estrella de la NBA Michael Jordan, traída en su visita del año 2000 por la entonces secretaria de Estado norteamericana, Madelaine Albright.

El Monumento a la Reunificación de Corea, otro alarde «kitsch» de la arquitectura de Pyongyang
El Monumento a la Reunificación de Corea, otro alarde «kitsch» de la arquitectura de Pyongyang- PABLO M. DÍEZ

Fuera de Pyongyang, otro destino ineludible es la frontera entre las dos Coreas en el Paralelo 38, última herida que queda abierta de la Guerra Fría. En el puesto de Panmunjom, en medio de la llamada Zona Desmilitarizada, los soldados de uno y otro lado se miran desafiantes a pocos metros, separados solo por una línea en el suelo.

Corea del Norte es como sumirse en un «resort» de la propaganda comunista

En resumen, viajar a Corea del Norte es como sumirse en un «resort» de la propaganda comunista. Pero, en lugar de pulseritas para tener gratis las consumiciones, con desplazamientos constantes en autobús para no pisar la calle y con guías que acompañan en todo momento a los turistas, a quienes les está prohibido irse por su cuenta para pasear solos por Pyongyang, con cuyos habitantes apenas hay contacto.

Al margen de estos viajes propagandísticos estándar, el régimen ha abierto durante los últimos años la oferta de sus reclamos para captar más divisas. Además de deslumbrar a los visitantes de la capital con nuevos rascacielos de estilo «retrofuturista», construidos para la élite, es posible participar en el maratón de Pyongyang cada mes de abril, jugar al golf, bañarse en la playa de Wonsan en verano y practicar esquí en invierno en la estación de Masik.

Cómo viajar a Corea del Norte

En Corea del Norte no hay vallas publicitarias, sino carteles de la propaganda por doquier
En Corea del Norte no hay vallas publicitarias, sino carteles de la propaganda por doquier- PABLO M. DÍEZ

A Corea del Norte se puede viajar desde China a través de agencias con sede en Pekín, como Koryo Tours (https://koryogroup.com) y Young Pioneer Tours (http://www.youngpioneertours.com). En España, Alejandro Cao de Benós se ha hecho famoso por organizar a través de la Asociación de Amigos de Corea (http://www.korea-dpr.com) delegaciones y viajes de periodistas, como el que hizo este corresponsal en 2007. Pero últimamente tiene problemas con la justicia porque en junio del año pasado fue detenido con tres pistolas trucadas dentro de una redada de la Guardia Civil contra una red que traficaba con armas. Cao de Benós, que solía aparecer en televisión defendiendo al régimen norcoreano e incluso diciendo que le gustaría liarse a tiros con los soldados estadounidenses y surcoreanos en el Paralelo 38, alega que dichas pistolas modificadas eran para su defensa personal.

Otro español, Josep María Gallén, oferta desde su página web www.northkorea.es «viajes a la carta» y visitas empresariales. «Al ser programas reducidos y personalizados, y no en grupo, se trata de un turismo individual y con más libertad de movimientos», explica a ABC Gallén, quien también lleva desde 1994 organizando viajes turísticos a Vietnam. Por unos precios que rondan los 4.000 euros, sin contar el avión a Pekín, este guía catalán organiza «visitas menos encorsetadas, con menos museos y más trato con la gente porque podemos pasear con más libertad por las calles de Pyongyang, entrar en supermercados y restaurantes populares fuera de rutas turísticas e incluso ir al cine o al circo». Frente al apartado hotel Yanggakdo, que está en una isla en el río y es donde suelen quedarse los turistas y periodistas, Gallén ofrece en su recorrido la estancia en el Koryo, en pleno centro y a pocos minutos de la estación. Para los empresarios interesados en Corea del Norte, tramita además un visado de negocios que incluye visitas turísticas.

Soldados norcoreanos marchan bajo el Arco del Triunfo en Pyongyang, otra de las construcciones monumentales de la ciudad
Soldados norcoreanos marchan bajo el Arco del Triunfo en Pyongyang, otra de las construcciones monumentales de la ciudad- PABLO M. DÍEZ

Todo esto, y mucho más, ofrece Corea del Norte, el último Telón de Acero.