LA TENTACIÓN DE LAS COMPRAS COMPULSIVAS EN CHINA
El arte de la imitación en Silk Street
- Curra Arias -
- Día 04/08/2011 - 09:50 h
Qinhuangdao es una ciudad pequeña para los tamaños que se estilan en China, pero los olores penetrantes que expiden algunas de sus calles menos pulcras están a la cabeza del país. Después de una experiencia olfativa complicada incluso para el protagonista de El perfume, quizás lo más apropiado sea exponer la pituitaria al mejor elenco de colonias de imitación del país de los falsificados. Hablamos de la Calle de la Seda. Silk Street para los iniciados.
En realidad no se trata de calle ni nada. Es una especie de centro comercial en plan mercadillo donde venden Iphones a un puñado de euros, precio de partida (o
LAS CLAVES DEL VIAJE
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jo, lo suyo es dejarlo todo al menos a un tercio de lo que te piden...). Lo han adivinado: el material no es original, sino más falso que un billete de quince pavos, claro está. En un país que inventó el váter con cisterna pero son mayoría los olorosos inodoros al estilo turco, que su primer animal domesticado fue el gusano de seda (este dato es de arte total) y que enloquece de gusto con las luces estridentes, pegarse dos horas en un tiendón así agota. Puro glamour: relojes con brazos de Mao como manijas, ceniceros con sonido, abanicos también con sonido, pijamas fluorescentes... en fin, distinción y clase. Ni hablar de la borrachera de olores por la saturación de perfumes y ambientadores de todo tipo. Mareante.
| Relojes con brazos de Mao como manijas, ceniceros sonoros, pijamas fluorescentes... |
Sin embargo, por mucha dignidad que destile uno y por mucha distancia que pretenda establecer con el mundo del consumismo de la Calle de la Seda, resulta toda una odisea no caer en la tentación de comprar algo que muy posiblemente no va a tener ninguna o escasa utilidad. Muy pocos tienen en mente el tema del sobrepeso en el equipaje por el espejo presuntamente afrancesado que acaba de comprar sin ningún tipo de sentido. O de zapatos muy baratos para el crudo invierno que nunca se pondrá y que acabarán en el fondo del armario...
No es mala idea alquilar la presencia de uno en un lugar tan apetecible para los compradores compulsivos y hacer de porteador de todo tipo de ipods y demás artículos electrónicos de pequeño tamaño para familiares y amigos. Es más, es planteable costearse un viaje haciendo de recadero. Cuestión de ponerse a hacer números, recibir encargos y rezar en la aduana.
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