EL CORAZÓN DE LA VANGUARDIA EN JAPÓN

Regreso al futuro en Namba

Osaka es la tercera ciudad más poblada de Japón, lo que es decir gente a cantidades industriales. Además, durante el horario laboral se convierte en la segunda. La pujanza de su sector empresarial supone un imán para millones de trabajadores que van a la metrópolis a echar la peonada y luego regresan en tren bala a sus casas en el campo. Jornada tras jornada y sin protestar.

Foto: FLICKR / JPELLGEN

Las tiendas de la zona de Namba serán de todo menos sosas y aburridas

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • R
  • Echa un tiento al sushi propio de Osaka para valorar si su éxito se debe al márketing o no
  • A
  • Escala al llamado jardín flotante para disfrutar de las mejores vistas de la ciudad
  • N
  • Los tipos más peculiares están en Osaka, mezclate con sus pintorescas tribus urbanas

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A Osaka se la conoce como la cocina de Japón... tiene hasta un tipo de sushi autóctono. Para sumergirse en el mundo gastronómico y de paso por el alma de la ciudad, hay que enfilar los pasos hacia la zona de Namba. Aquí las avenidas son hasta de doce carriles. Las autovías pasan por encima de la calle. También el tren es elevado. Mientras, bajo tierra circula el metro. Estos japoneses son los reyes de aprovechar el espacio. Los espigados edificios están  repletos de luces de colores y pantallas de televisión gigantes que dan vida propia a la noche. Bombardeo de anuncios por todos lados. Imposible no describir a Osaka como la ciudad de todos los estereotipos del futuro más industrial.

Imposible no describir a Osaka como la ciudad de todos los estereotipos del futuro más industrial

Namba en sí misma es un conglomerado de calles comerciales cubiertas. Grandes galerías de enormes proporciones. La vida es tan rebosante que resulta difícil no chocarse con nadie por las aceras. Hay que tener cintura e ir esquivando. Eran las nueve de la noche y ya había muchísima gente borracha. Iban dando tumbos de esquina a esquina. Pienso que los japoneses no toleran muy bien el alcohol, no son grandes bebedores. Sólo es una teoría porque nunca hice un mano a mano con ninguno.

Me quedé sorprendido con las mujeres en Namba: muchas guapísimas, elegantísimas y con muchísimo estilo. Eso sí, la forma de andar es curiosa, ya que ellas caminan metiendo los pies hacía adentro para imitar a las modelos de pasarela, ¡qué dolor para las rodillas!. Esto de vivir para fomentar una imagen al exterior no sé si es buena idea.

Como es tan famoso el sushi local, no hubo más remedio que probarlo. Fue en uno de estos restaurantes cien por cien japos, en los que te sientas en la barra y comienzan a pasar platos a través de una cinta mecánica. Cuando pasa algo que te entre por el ojo, lo coges. Al final te cuentan los platos y te cobran por el número que hayas consumido. Fue divertido, pero la verdad que la calidad me decepcionó bastante. Aquello de que lo barato sale caro volvió a cumplirse.

Hay cosas de Osaka que merecen mucho la pena ver. No todo son tiendas, comercios, anunción de neón y chivas vestidas para la ocasión. De un lado está el castillo, que es el más grande de Japón gracias a sus ocho plantas. Es imponente, aunque en realidad es una reconstrucción, ya que un rayo cayó sobre el original y se lo cargó.

Otra gran atracción es el acuario: posee el tanque de agua con mayor capacidad del planeta. Alberga especies de lo más singular, incluido un tiburón ballena. También hay dos rascacielos unidos en lo más alto por un jardín. Se le conoce, obviamente como 'el jardín flotante'. Un paseo por las alturas es algo que no ofrecen muchas ciudades en el planeta.

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