LA RELAJACIÓN JAPONESA SON PALABRAS MAYORES

El Spa World de Osaka tiene vida propia

Osaka es el culto a la estridencia. Es sin embargo una estridencia que seduce. La ausencia de refinamiento tiene su punto. Uno de los referentes de esta cultura de lo desproporcionado es el Spa World. Es un edificio hotel-balneario con ocho plantas, de las que tres son enteras para spa. El resto se diluye entre restaurantes y habitaciones.

Foto: FLICKR / UNDERTHEMOON

Los cansados pies del viajero agradecen el baño

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • S
  • El lugar está perfectamente acondicionado y ha pasado todos los controles de seguridad
  • V
  • Es buena idea anunciar si padeces alguna dolencia para saber si puedes enfrentar todos los tratamientos
  • A
  • Atento a la manera de comportarse de los japoneses, parecen descuidados, pero son muy educados

CONTENIDO RELACIONADO

La horterada se consuma por turnos. Dos de las tres plantas del spa son tematizadas por continentes. En mi caso me tocó Europa, en la cuarta. Ese día las mujeres iban la sexta, a Asia. Ambas plantas van alternando para que ningún sexo se quede sin su cuota de exotismo. Sin lugar a dudas, se trata de una gran visita para conocer el alma íntima de los japoneses.

El tejado es casi un parque acuático con unas vistas de máxima calidad del skyline de Osaka

Al entrar te marcan con una pulsera, que controla tu tiempo de entrada y de salida. Te sirve además para pagar en el bar, restaurante o cualquier servicio extra del complejo. Sólo la zona de taquillas ya es inmensa, entiendo que haya que tener al personal bajo control aunque el concepto de estar marcado no me pone.

Hice un poco el ridículo mientras me ubicaba. Tras ver a la gente andando con pijama, busqué uno y me lo puse. Después de dos minutos con él puesto, me lo quité para tirarlo al cubo de la ropa sucia... había que entrar a la zona de los baños totalmente desnudo. Después me equivoco y entro por la salida, donde la gente se seca. Todo para coger una toalla. Bastante ridícula mi actitud. Y más cuando dentro comprobé que había toallas para dar y regalar. es lo que tiene el germen del pobre.

La entrada real es un camino que de forma automática va lanzando chorros de agua conforme vas caminando. Lo primero que te encuentras es una gran piscina redonda con agua bastante caliente. Al más puro estilo romano clásico. La gente se pone la toalla en la cabeza cuando se mete dentro del agua. Sin duda al principio quema, pero luego se está en la gloria. Lo siguiente es entrar en una recreación de una cueva griega. Aquí el agua está algo salada. Los colores y el olor de la cueva ayudan a sentirte como un niño pequeño. Esto es divertido, hay que reconocerlo.

El recorrido continúa con una sauna de sal. Se suministra el elemento salado a través de un gran macetero ubicado en el centro de la sala. La frotada con sal exfolia la piel a lo bestia. La sal irrita más que el propio calor, demasiado achicharramiento para el cuerpo para mi gusto. Seguro que han quedado limpiados mis poros de impurezas.

El bar, curioso, recrea un patio andaluz. Vivan los tópicos. Hay macetas con geranios en ventanas con rejas y un torero con un toro de lidia a la entrada. Las mesas están sobre agua, para que cuando te sientes tengas los pies calentitos. Todo está pensado. Existe un acceso a un patio exterior, donde hay yacuzzi, una piscina con tumbonas dentro del agua y una cascada para ponerte masajear con la fuerza de la caída del líquido elemento.

Quedaban sitios por investigar. Esto es una ciudad en miniatura. Una piscina representa un acuario, el metacrilato separa el lugar de los peces de donde te bañas. Gran experiencia. Después se pasa al norte de Europa. Finlandia se representa con una casita de madera que hace las funciones de sauna y un laguito de agua helada para meterte tras la sudada y hacer terapias de calor frío. Perdoné ambas cosas. Me quedé en la siguiente sala, la de las plantas aromáticas. Tres piscinas donde podía respirar diferentes conjuntos de plantas: manzanilla, lavanda, eucalipto, hinojo, menta... había una bolsa dentro de la cada bañera como si de un gran té se tratara.

El sitio no para de ofrecer sorpresas. Una más fue una sala llena hasta arriba de sillones para tumbarse. El techo 'tapizado' con pantallas de televisión y la mayoría de la gente estaba roncando literalmente que se cargaban el imperante silencio sepulcral. Los sillones son comodísimos y disponen de altavoces en las orejeras. Se puede seleccionar el canal de televisión y el volumen de tu propio sillón. Te envolvía y desconectabas tanto que el sueño se hacía inminente.

La planta octava es una zona familiar, donde hay que ir con traje de baño y pueden coincidir hombres y mujeres. Es increíble el enorme complejo de toboganes, casi un parque acuático en el techo del edificio con unas vistas de máxima calidad del skyline de Osaka. Por un túnel se acceder al exterior donde unos yacuzzis te calientan ante el frío de la noche mientras contemplas las luces de la agitada ciudad.

Existen también extras. El más popular y sorprendente se produce en unos barreño donde se apilan múltiples pescaditos que muerden las durezas de los pies. Pedicura natural sería el término.

Para terminar, un afeitadito, ya que tienes de todo para el aseo, cuchillas, cepillos, colonia, after shave, leche hidratante... Sale uno hecho un pincel.

Entrevistas

Manu Tenorio: "En mi equipaje de mano nunca faltará mi guitarra"

El cantante sevillano se entona para hablar sobre los horizontes geográficos que lo han moldeado

Álvaro Urquijo: "Postales no escribo, hago fotos y malas"

La voz de 'Los Secretos' despliega buen humor para hablar de su perfil viajero