EL TEMPLO DE LA ENSEÑANZA DE LA LEY FLORECIENTE

La pagoda de madera más antigua del planeta

Muy cerca de Nara, la ciudad japonesa de los templos ancestrales, se encuentra Horyu-ji. En tren desde Nara sólo son un par de paradas. Desde la estación se agarra un autobús que deja en la misma puerta de los templos. Organización japonesa. Ninguna posibilidad de perderse o de aventura. Todo está mecanizado.

Foto: FLICKR / BENJAMIEN CLAVERIE

La campana pesa lo suyo y es un elemento indispensable del templo

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • E
  • Mantener una adecuada compostura y correcta vestimenta en el templo de Horyu-ji, el más venerado de Japón
  • T
  • Está conectado con tren desde la vecina Nara y con un eficiente servicio de bus desde la estación
  • N
  • El lugar no está preparado para las mejores juergas, más bien lo contrario

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Horyu-ji es una agradable sorpresa en una visita tipo de Japón. El clásico tapado que sorprende y deja huella. Su nombre significa 'templo de la enseñanza de la ley floreciente', un término de lo más sugerente. Estamos ante el primer Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en suelo nipón. Sobran los motivos, como diría la canción: en este complejo de templos nos encontramos con los edificios de madera más antiguos del mundo. Del siglo VII, nada más y nada menos.

Los japoneses lo cuidan con celo. Dicen que el mismo edificio lo pide

Digamos que el complejo se divide en tres partes. Una zona principal, en la que destaca una gran pagoda de cinco plantas. Cada una de ellas representa uno de los elementos de la cosmogonía japonesa clásica: tierra, agua, madera, viento y cielo. De este tipo de edificio fue el primero de su clase en Japón. Las pagodas se importaron de China, que a su vez fueron una adaptación de las stupas budistas indias. Una vez más India como germen de todo lo que vale la pena.

El templo de Kondo, ubicado junto a la pagoda, presenta una clara influencia del antiguo reino coreano de Baekje. En su interior se pueden contemplar unos impresionantes murales que no han perdido un ápice de su expresividad ni colorido a pesar de su notoria antigüedad. El  artista al que le debemos esta maravilla fue el monje Tamjing de Goguryeo, toda una referencia en el arte antiguo japonés. Este templo es el que atrae más fieles en todo Japón. Existe edificio en esta zona llamado Yumedono donde se cree que el príncipe Shotoku se recluía para el estudio del budismo.

Los japoneses se sienten muy involucrados en el mantenimiento de este emblema de su sentimiento religioso nacional. Contemplé incrédulo como un altísimo porcentaje de los visitantes locales daba dinero para la reparación del tejado. Ponían su nombre en una de las tejas para que quedase constancia de su aportación. Era una especie de apadrinamiento de tejas.

No es sin lugar a dudas un lugar más. Los japoneses lo cuidan con celo. Dicen que el mismo edificio es quien lo pide: la estructura de las paredes juega con el viento y provoca un silbido casi aterrador que sólo se escucha en el interior. Cuando sales fuera no se oye. Muy curioso.

Junto al templo se halla el museo, con su importante colección de antigüedades. Más adelante existe otro templo menor, más pequeño. El recorrido ha servido para confirmar la dimensión geográfica y mística de un paraje donde todo está en orden, limpio y calmado.

Mientras me despido de tan hermoso lugar me cruzo con algunos de los monjes que aquí habitan. Tengo la sensación de que el tiempo no pasó por Horyu-ji.

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