LA LUZ DE LUNA COMO COMPAÑERA EN EL MONTE FUJI
El desafío de la guapa a la diosa Fujisan
- Ruth Vaquerizo -
- Día 04/08/2011 - 09:50 h
Subir al monte Fuji es una peregrinación casi obligada para todo japonés que se precie. El Fujisan mide unos nada despreciables 3.776 metros. Es el techo del archipiélago nipón. Su encanto no reside en su altura, sino en su espíritu. Es un volcán en letargo, rodeado de cinco hermosos lagos. Según la leyenda, el monte es una diosa que cuando ve que hay cerca alguna chica que pueda competir con su belleza se enfada y se nubla... sólo deja ver su majestuosidad cuando sabe que ella es la más bella del lugar. Parece ser que la diosa se le pasó por alto que yo iba a subir el monte, jeje.
Foto: FLICKR / ROBERTO MAXWELL
La fotogenia de la elevación más sagrada para los nipones es indudable
LAS CLAVES DEL VIAJE
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Tardamos seis horas en llegar. Nos permitimos nuestras paradas varias para hacer fotos, tomar aire y hablar. El Fuji no es lugar para el estrés. El monte invita a la cadencia, al regreso a las cosas hechas con mimo. Es eternidad.
| Fuji sólo deja ver su majestuosidad cuando sabe que ella es la más bella del lugar |
Tuvimos suerte, nos hizo un tiempo perfecto en contra a lo que anunciaron las predicciones. Luna llena por la noche, cielo impoluto e inmaculado, un amanecer maravilloso... Apolo surgió entre nubes perfectas, celestiales. Divinas como éramos nosotros. Nos sentíamos como dioses en nuestro particular Olimpo nipón. Estábamos por encima del sol y de los 'nimbus'... habíamos ganado la batalla contra la diosa y contra nosotros mismos.
La bajada tuvo otro color. Mucho más tranquila y relajada, la excitación de lo desconocido había dejado paso a la calma y al sabor a victoria. Nos llevó cuatro horas porque Roberto, uno de los nuestros, tenía mal de altura el pobre. Euler, otro de la cuadrilla, tenía problemas con las rodillas. Nos envolvieron las nubes que nos protegieron del sol y del calor. El cansancio se mezcló con el buen humor. El frescor del aire lo hizo todo más fácil y llevadero. Estábamos más vivos que nunca.
Hay quien sube el monte para batir un récord mundial, hay quien lo hace para pasar un fin de semana entre montañas. Yo subí para aprender algo más de la vida y decirle adiós a mi amado Japón. He descubierto que a los amigos hay que cuidarlos. Con amigos y con cariño las cosas tienen otro color.
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