LA LUZ DE LUNA COMO COMPAÑERA EN EL MONTE FUJI

El desafío de la guapa a la diosa Fujisan

Subir al monte Fuji es una peregrinación casi obligada para todo japonés que se precie. El Fujisan mide unos nada despreciables 3.776 metros. Es el techo del archipiélago nipón. Su  encanto no reside en su altura, sino en su espíritu. Es un volcán en letargo, rodeado de cinco hermosos lagos. Según la leyenda, el monte es una diosa que cuando ve que hay cerca  alguna chica que pueda competir con su belleza se enfada y se nubla... sólo deja ver su majestuosidad cuando sabe que ella es la más bella del lugar. Parece ser que la diosa se le pasó por alto que yo iba a subir el monte, jeje.

Foto: FLICKR / ROBERTO MAXWELL

La fotogenia de la elevación más sagrada para los nipones es indudable

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • E
  • Para subir al monte Fuji elije un día entre julio y agosto, y aún así lleva ropa de abrigo
  • S
  • Bebe agua frecuentemente y utiliza gafas de sol y un chubasquero si se tercia
  • A
  • Ve amanecer desde el monte, es un gran espectáculo
  • H
  • Hay albergues económicos en los alrededores

CONTENIDO RELACIONADO

Tardamos seis horas en llegar. Nos permitimos nuestras paradas varias para hacer fotos, tomar aire y hablar. El Fuji no es lugar para el estrés. El monte invita a la cadencia, al regreso a  las cosas hechas con mimo. Es eternidad.

Fuji sólo deja ver su majestuosidad cuando sabe que ella es la más bella del lugar

Tuvimos suerte, nos hizo un tiempo perfecto en contra a lo que anunciaron las predicciones.  Luna llena por la noche, cielo impoluto e inmaculado, un amanecer maravilloso... Apolo surgió  entre nubes perfectas, celestiales. Divinas como éramos nosotros. Nos sentíamos como  dioses en nuestro particular Olimpo nipón. Estábamos por encima del sol y de los 'nimbus'... habíamos ganado la batalla contra la diosa y contra nosotros mismos.

La bajada tuvo otro color. Mucho más tranquila y relajada, la excitación de lo desconocido  había dejado paso a la calma y al sabor a victoria. Nos llevó cuatro horas porque Roberto, uno  de los nuestros, tenía mal de altura el pobre. Euler, otro de la cuadrilla, tenía problemas con  las rodillas. Nos envolvieron las nubes que nos protegieron del sol y del calor. El cansancio se  mezcló con el buen humor. El frescor del aire lo hizo todo más fácil y llevadero. Estábamos  más vivos que nunca.

Hay quien sube el monte para batir un récord mundial, hay quien lo hace para pasar un fin de semana entre montañas. Yo subí para aprender algo más de la vida y decirle adiós a mi amado Japón. He descubierto que a los amigos hay que cuidarlos. Con amigos y con cariño las cosas tienen otro color.

Entrevistas

Manu Tenorio: "En mi equipaje de mano nunca faltará mi guitarra"

El cantante sevillano se entona para hablar sobre los horizontes geográficos que lo han moldeado

Álvaro Urquijo: "Postales no escribo, hago fotos y malas"

La voz de 'Los Secretos' despliega buen humor para hablar de su perfil viajero