EL MAYOR DESFILE DEL AÑO SE VIVE A FLOR DE PIEL

El monzón es cuestión de masas en Jaipur

Jaipur ejerce de puerta con mayúsculas y de capital del estado del Rajastán. Conocida como la ciudad rosa por la abundante presencia de estuco rosado que imita el color de la arenisca, su apariencia cromática se interpreta como símbolo del carácter hospitalario de sus dos millones y medio largos de habitantes. La ciudad entera fue repintada a comienzos del siglo XX para agasajar al Príncipe de Gales. Desde entonces Jaipur entendió que este elemento definitorio cromático había que trabajarlo para venderse al exterior. Dicho y hecho.

Foto: GUMERSINDO JIMÉNEZ

La muchedumbre se agolpa para asistir en primera fila al desfile por el monzón

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • E
  • Durante la época del monzón la lluvia puede llegar a ser furiosa, pero las inundaciones no son frecuentes
  • T
  • La autopista 8 conecta con Delhi y Bombay, la 12 con Kota y la 11 con Bikaner y Agra. Conclusión: Jaipur es una ciudad accesible
  • H
  • En los últimos años el tirón turístico ha provocado que la oferta hotelera cerzca y mejore su rango medio

CONTENIDO RELACIONADO

La ciudad se me presentó con un tremendo caos a mi llegada, lo que no me ayudó a encontrar la 'guesthouse' que me habían recomendado. Tras casi dos horas de búsqueda por fin lo localizo, pero resultó estar lleno. Afortunadamente había otras opciones por la zona. La primera fue un error: escogí un lugar nada limpio, más bien sucísimo, algo ciertamente habitual en India. Por ejemplo, en la pared de mi cuarto estaba estampado un avispón de éstos amarillos grandes. Ahí se había quedado, iba camino de fosilizarse. Las habitaciones eran muy lúgubres y las paredes muy negruzcas. En cuestión de minutos, los clásicos quince de reflexión, decidí abandonarlo por otro un poquito mejor. Menos mal.

En la fiesta del Teej pasa de todo. Hasta le tocan el culo a las niñas. De vez en cuando venía una masa de gente que arrastraba al gentío. Los turistas hacíamos una piña para que no pudieran desplazar a ninguno, la unión hace la fuerza

Cerca de Jaipur se encuentra el imponente Fuerte de Amber. A su llegada resulta imposible no estremecerse al ver semejantes muros en la ladera de la espigada montaña. Sus salas decoradas con espejos hacen que la imaginación vuele para situarte en todo el esplendor de antaño de la vida palaciega. Las salas y aposentos son un poco laberínticos, suerte que iba con un guía. Siempre es buena idea contratar un apoyo logístico en India.

Las visitas se aprovechan más y se ayuda a la estructura turística local. Gracias a mi guía supe que Amber fue capital del estado de Jaipur en el Siglo XVI y lo edificó el marajá Man Singh, un comandante rajputa del ejército del rey Akbar. Tras la visita fui directamente al centro de la ciudad. La carretera estaba llena de elefantes con adornos por la fiesta del Teej, la bienvenida del Monzón y el matrimonio entre Siva y Parvati, dos de los principales dioses del panteón hindú.

En la ciudad se organizó un desfile. La policía recomendaba precaución. No es mala sugerencia Porque con la multitud se forman auténticas hordas que arrollan a los turistas llevándose de paso lo que puedan. De hecho, el Ayuntamiento local reserva un balcón para los visitantes extranjeros y así protegerlos de este tipo de actos delictivos. Corriendo fui hasta allí. Pero por mala suerte estaba ya completo. A pesar de insistirle bastante a la policía, no hubo manera de subir. Así que muy resignado me quedé en la calle.

La muchedumbre nos rodeaba, la policía actuó quitando las personas de delante. Improvisaron poniendo unas cuerdas también como protección. Buen intento, pero no sirvió. No daba para controlar los laterales y la parte trasera. Por la retaguardia pasaban multitud de personas, rozándose y cogiendo el culo a las niñas. De vez en cuando venía una masa de gente que arrastraba al gentío. Los turistas hacíamos una piña para que no pudieran desplazar a ninguno, la unión hace la fuerza.

A falta de minutos para el comienzo del desfile se me cruzó unos españoles con un guía con contactos. Nos dijo que iban al balcón municipal. No me lo pensé y los seguí. Decisión acertada. La policía claudicó y permitió el acceso a todos los extranjeros. Nos habíamos colado, como suena. Desde la altura del balcón todo se veía distinto. A pie de calle se respiraba mucha tensión.

El desfile resultó una gran experiencia. Muchísimos elefantes y camellos repletos de adornos, carros con estatuas de dioses... En mitad de un mar de personas detecté a un grupo de turistas aislados por la policía mientras la masa trataba de engullirlos. Daba miedo. Por suerte no hubo ningún incidente. Esta gente se maneja bien en los bullicios. Alguno que otro se llevó un porrazo en el costado sin ningún tipo de remordimiento.