ESCALADA EN SHANHAIGUAN, LA CASA DEL DRAGÓN EN LA COSTA CHINA

La Gran Muralla nace en el mar

Qinhuangdao es una localidad costera de China que suele pasar inadvertida para las guías de viaje. Incluso las que lucen una buena cantidad de páginas le dedican pocos o ningún parrafito a esta ciudad que es la número 78 en cantidad de población del país. Clase media destinada a ser gris a los ojos del viajero. 

Foto: FLICKR / LIKE YESTERDAY

Los primeros metros de la magna construcción arrancan del mismo mar

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • A
  • Contemplar desde las alturas el comienzo de la Gran Muralla en el océano
  • T
  • Desde la vecina Qinhuangdao se puede acceder en taxi o en autobús de línea
  • E
  • Usa ropa cómoda y fresca para poder emplearte a fondo en la escalada

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Tampoco se puede decir que Qinhuangdao dé la cara cuando se decida a visitarla. De hecho, el personal suele disponer de la ciudad como mera base de operaciones para acercarse a Shanhaiguan, una pequeña pedanía ubicada a tan sólo diez kilómetros de la urbe. Da incluso para una pequeña caminata por la costa. Lo suyo es al amanecer, para dejarse caer por la aldea en cuestión con los primeros rayos de luz.

Es fácil caer en el formato Disneylandia y no darle valor al entorno cuando llegan las hordas de visitantes con cámara de foto en mano y gatillo rápido y compulsivo

El quid de la cuestión que explica el esfuerzo de la pequeña excursión viene dado por el punto donde arranca la Gran Muralla. Shanhaiguan debe su fama a que de su (contaminado) mar surge la silueta de la más famosa construcción que el ser humano haya levantado jamás. La leyenda apunta a un dragón marino como origen de lo que irremediablemente se ha convertido en una atracción turística de primer orden. Llegado el momento, es más la sensación de estar en un lugar con contenido que la belleza del entorno en sí misma, ya que el descuido es patente.

La ortodoxia turística señala que hay que caminar hasta el Jiao Shan, el primer pico que recorre la Gran Muralla. Existe la posibilidad de agarrar un telesilla, pero si las piernas responden, hay que dar la cara y aprovechar para pasear por un lugar cargado de historia. Lo adecuado es ir acompañado de un buen libro de historia que sirva para situarnos en la grandeza de lo que significa, puesto que resulta muy fácil caer en el formato Disneylandia y no darle valor al entorno cuando llegan las hordas de visitantes con cámara de foto en mano y gatillo rápido y compulsivo.

La ruta hasta el monasterio de Qixian se demora aproximadamente una hora. Merece la pena pegarse el madrugón y tratar de recorrerla lo más en solitario posible. Por cierto, la Gran Muralla no se ve desde el espacio, a pesar de lo que defiende la leyenda urbana. Un austronauta chino lo comprobó. Los plásticos de Almería sí.

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