LA HORA DE LOS PLAYONES EN CAMBOYA

Sihanoukville no para de aportar

Sihanoukville es la playa más conocida de Camboya, además de ser un lugar con un nombre terriblemente musical. Las revistas especializadas en destinos punteros y exclusivos la suelen incluir en las mejores listas año sí año también. La buena fama es merecida.

Foto: FLICKR / MR. CHARLY

Un grupo de niños se divierte después de haberse dado un baño

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • A
  • La experiencia de un masaje a cuatro manos en la misma playa con la brisa marina es esencial
  • E
  • Si las mujeres pretenden hacer top less, hay que asegurarse de que no molesta a los vecinos
  • S
  • Hay mucha gente buscándose la vida a base del sablazo al turista, ojo con los amigos de lo ajeno

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Read MoreNada más alcanzar la estación de autobuses de la ciudad, una tropa de motoristas rodea a los cuatro turistas recién llegados en el mejor formato de acoso para lograr un dinero por un porte. Lo importante en estos casos es aguantar el tipo. Los más persistentes siempre aguantan el tirón y bajan la tarifa ante una negativa firme.

Tenía que ser un español el que nos advirtiese de la existencia del Edén

No es conveniente abogar el transporte hasta llegar a término, puesto que buena parte de los chóferes pasa olímpicamente de las indicaciones del cliente y acaba llevándolo al hostal de un amiguete para hacerse con una comisión. La guardia siempre debe estar alta en Sihanoukville. Tras varios amagos en destinos no solicitados e ignotos, cansado de dar vueltas, logré que me soltasen en la playa de Serendipity. Con varias canas de más, pero se logra.

La playa es increíble, resume el concepto belleza. Palmeras y árboles casi hasta la orilla, bares y restaurantes, en su cantidad y proporción correctas, por toda la playa y el agua perfecta para relajarse con un baño.

Cerca se encuentra un lugar que define la exclusividad: la playa de Sokha, considerada entre las diez mejores del mundo. Existen los motivos: arena blanca blanquísima y muy bien cuidada. Eso sí, se trata de un trozo de costa privado: pertenece a un hotel y hay que pagar unos cinco dólares para entrar. Existe la posibilidad hispánica de colarse para disfrutar de un rato de playa clase A hasta que llega la invitación de marcharse o pagar...

La jornada debe proseguir con la famosa puesta de sol de la playa de Lamherkay, un lugar (otro más) de ensueño. El disfrute es máximo cenando en el restaurante Hawai, donde tienen unas piscinas con pescado y el marisco vivo. Todo un homenaje por precio sin competencia en cualquier rincón de Europa.

Por supuesto, la noche siempre es joven en este rincón del planeta. Una rápida y certera recomendación de un turista español, cómo no, nos advierte de la existencia del Edén, un chiringuito que hace honor a su nombre. Grandes jarras de cerveza y copas bajo el cielo estrellado, con el runrún de las olas y a tope de ambiente. Todos los guiris presentes se sienten hermanados y con el destino escrito de disfrutar, disfrutar y disfrutar. Nadie piensa que en algún momento hay que volver a casa.

Tan peligroso es todo que no pude parar; pronto empecé a conocer a todos los del bar y el ambiente crecía. Casualidad fue que el camarero medio turco-francés tenía familia en Sevilla y hablaba español. Apareció un peruano, luego se nos unieron unas alemanas, qué fácil es hacer amigos allí... Gran noche de fiesta en el paraíso camboyano.

Con mucha resaca y un par de horas de sueño toca dar la cara y hacer una excursión en barco. La nave en cuestión era tipo patera y se iba para los lados ante el más mínimo movimiento. Por ejemplo para tirar del motor, el capitán había enganchado de la cuerda una cuchara. Cutrísimo. Nadie presta atención a lo que en Occidente sería motivo de una denuncia. Es lo que tiene.

Una primera parada para bucear en una islita desierta, rodeada de arrecifes y con algunos manglares en la orilla. Los erizos de mar tienen púas de unos 30 centímetros. Da miedo acercarse ante semejantes pinchos. Los peces globos campan a sus anchas por estas aguas. Muchos se acercan sin miedo a los risueños turistas. Incautos los que no tengan respeto a su potente veneno, paradoja de la realidad camboyana.

Una parada fundamental en la excursión es una la segunda isla, Koh Russei, conocida como Bamboo Island. Otro paraíso con mayúscilas con playazo incluido. Es el punto elegido por las agencias locales para ofrecer una sabrosa barbacoa de pescado. El espectáculo se completa con la posibilidad de una pelea de los toros que andan por el litoral. Quién da más...

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