LA CAPITAL DE MONGOLIA TAMBIÉN SABE DESMELENARSE

El alma de Ulán Bator se toma una copa

No suele ser habitual ver un noticioso y que se cuente alguna novedad de Mongolia, ese país inmenso y pacífico de donde nunca tenemos referencias. Supongo que eso es bueno teniendo en cuenta los tiempos que corren. Este despoblado territorio se enclava entre dos auténticos gigantes como son Rusia y China, los dos únicos países con los que tiene frontera. La tranquilidad mongola se debe principalmente a que no le interesa a nadie, a la inexistencia de grandes recursos naturales ni estratégicos enclaves geográficos, además de que existen más caballos que personas.

Foto: FLICKR / YEOWATZUP

Parece que empezaron a hacer la casa por el tejado

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • S
  • Hay que tener precaución de no desairar a los borrachos con los que posiblemente nos crucemos
  • H
  • La infraestructura hotelera en la capital está creciendo, aunque el rango de estrellas es 'peculiar'
  • N
  • La noche de Ulan Bator no tiene comparación

CONTENIDO RELACIONADO

Al menos eso dice la leyenda de la esencia mongol, cuyo tradiconal estilo de vida es nómada, principalmente. La capital de Mongolia es Ulan Bator. Se encuentra en la ribera del río Tuul, a 1.350 metros de altitud. Fue fundada en el siglo XVII como epicentro de monasterios budistas, pero la sovietización del siglo XX se llevó por delante buena parte de ese espíritu. A día de hoy parece una ciudad sin personalidad, a medio camino de todo. No existe una estética dominante, es bastante impersonal pero tiene algo. Tiene alma. Pero un alma que denota cierta tristeza.

Las mozas con minifalda y los tipos extraños bailan al ritmo de una música del demonio junto a una estatua de Stalin tamaño gigante

Ésa fue la sensación que me dio cuando llegué en tren desde China, día y medio saliendo de Pekín. Me encontré una ciudad destartalada, sin un estilo definido y con una peligrosa tendencia al alcoholismo.

La explicación de todo esto hay que encontrarla en el choque social que supone el abandono de la vida errante en el campo de muchos de los mongoles para pasar a ser sedentarios en una ciudad aún por encontrarse. Proliferan los casinos con luces estridentes. Ulan Bator es para el viajero tipo no un punto de destino, sino como de base de operaciones para arrancar expediciones más interesantes. Al desierto del Gobi o a las grandes llanuras, por poner un ejemplo.

Como todo en la vida, Ulan tiene sin embargo un algo. El lugar merece un paseo que permite descubrir cómo son las entrañas de la que posiblemente es la capital del mundo más extraña. Esqueletos de construcciones a medio terminar comparten acera con horribles edificios soviéticos (todos de tono gris) y algún que otro monasterio budista que escapó del desarrollismo mal entendido.

Para salir por la noche aporto un lugar que resume a la perfección la esencia capitalina: Issimus, una especie de discoteca donde se mezclan las mozas con minifalda y tipos extraños al ritmo de una música del demonio y una estatua de Stalin tamaño gigante instalada en el centro de la pista. El sitio es para verlo. La estatua la recuperó el dueño cuando estaba arriada tras la caída del régimen soviético y el muro de Berlín. Acabó en una discoteca, qué cosas. Así es Ulan Bator, con ganas de ser moderna sin saber cómo.

Entrevistas

Manu Tenorio: "En mi equipaje de mano nunca faltará mi guitarra"

El cantante sevillano se entona para hablar sobre los horizontes geográficos que lo han moldeado

Álvaro Urquijo: "Postales no escribo, hago fotos y malas"

La voz de 'Los Secretos' despliega buen humor para hablar de su perfil viajero