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Viajar - África

Cinco lugares de Kenia que te asombrarán sin ir al Masai Mara

El país africano es mucho más que los célebres Masai Mara y Amboseli. Descubre el Monte Kenia y las reservas naturales de su entorno, la leyenda de Karen Blixen y un orfanato de elefantes

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Karen Blixen tenía una granja en África

El Museo Karen Blixen en Nairobi- M. Á. B.

«Yo tenía una granja en África al pie de las colinas Ngong...». Muchos recuerdan esta frase recitada por Meryl Streep al comienzo de «Memorias de África», en la que da vida a Karen Blixen, escritora danesa más conocida por su seudónimo literario Isak Dinesen. En la novela autobiográfica en la que se basa la película, Blixen recuerda sus días en la plantación de café en la que vivió de 1914 a 1932. El lugar, situado a las afueras de Nairobi, es ahora un museo rodeado por un delicioso jardín.

Comedor de la casa de Karen Blixen
Comedor de la casa de Karen Blixen- M. Á. B.

El interior conserva muebles originales y utilería del film de Sydney Pollack que contó con la inolvidable banda sonora de John Barry. En el comedor se sirvió una cena en honor del Príncipe Eduardo en 1928. El menú: sopa, pescado de Mombasa con salsa holandesa, jamón con salsa Cumberland, espinacas con cebollas, perdiz con guisantes, ensalada de macarrones, salsa de crema con trufas, crujiente con setas y pastel savarin con fruta.

Tumba de Finch Hatton
Tumba de Finch Hatton

Unos voluntarios acompañan a los visitantes por las dependencias del museo, que fue regalado por el gobierno danés a Kenia cuando logró la independencia en 1964. En el exterior, antigua maquinaria agrícola y vistas de las famosas colinas tan queridas para Karen. En su ladera está la tumba de Denys Finch Hatton, cazador británico con el que la escritora tuvo una relación amorosa (Robert Redford interpretó este personaje), muerto en un accidente de avioneta en 1931. Para los mitómanos: es recomendable subir a las colinas con un guía fiable. Un obelisco señala la tumba.

Blixen se casó con el barón Bror Blixen-Finecke y ambos fundaron una plantación de café en Kenia. Cansada de las infidelidades de su marido, que le contagió la sífilis, se separaron tras seis años de matrimonio, quedándose ella con la finca. Se empapó de la cultura y costumbres del país africano y los kikuyu la apodaron «la hermana leona». Esa identificación con los nativos y sus esfuerzos por fomentar la educación de los niños le granjeó la admiración de la población local, algo que ha permanecido en el tiempo. Los problemas financieros le obligaron a vender la plantación y regresar a Dinamarca, donde tuvo una brillante carrera literaria. Murió en 1962. Hasta su último aliento le acompañó la nostalgia de África.

Huérfanos del marfil

Un cuidador da el biberón a un elefantito- M. Á. B.

Si viaja a Kenia tendrá la oportunidad de contemplar manadas de grandes paquidermos en sus espacios naturales, animales codiciados por los turistas... y, por desgracia, también por los cazadores furtivos. A las puertas del Parque Nacional de Nairobi se encuentra el David Sheldrick Wildlife Trust, un orfanato de elefantes. David fue guarda fundador del Parque Nacional de Tsavo en 1948. Tras su muerte en 1977, su viuda, Daphne, creó una fundación sin ánimo de lucro que sirve de refugio a crías perdidas, huérfanas o abandonadas.

Cada mañana los visitantes pueden disfrutar de una experiencia única contemplando a muy corta distancia cómo los elefantitos juegan, se alimentan y se dan baños de barro. Es posible «adoptarlos» hasta que crecen y son liberados en Tsavo.

Las escarpaduras del Monte Kenia

Dos montañeros ascienden hacia Lenana Point, en el Monte Kenia-

El Kilimanjaro (5.895 metros), en la frontera entre Tanzania y Kenia, se lleva la fama y los honores de ser el techo de África. Pero más al norte, en las tierras altas centrales, se encuentra el espectacular y no tan famoso Monte Kenia, el segundo en el escalafón del continente, considerado por los nativos la morada de sus dioses. Volcán inactivo y aislado (no forma parte de ninguna cadena montañosa), alcanzó su mayor actividad hace 2,5-3 millones de años. Los picos Batian (5.199 metros), Nelion (5.188) y Punta Lenana (4.985) rasgan el cielo africano, presentando unas escalofriantes escarpaduras. Solo este último se puede ascender sin equipo de escalada en roca. Pero no es tarea fácil: la altitud y el clima cambiante pueden jugar una mala pasada, por lo que es necesario contar con aptitudes propias, responsabilidad y un buen guía.

Lenana Point
Lenana Point

Pero la experiencia del Kenia no es solo la cumbre, con sus precipicios de vértigo y sus glaciares relícticos. Las diferentes rutas por el parque nacional, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, nos conducen a través de la selva húmeda, el brezal, el páramo afroalpino (con lobelias y senecios gigantes) y, por fin, el poema pétreo de las alturas, muchas veces abrazado por la niebla, tan hermoso como el Kilimanjaro pero algo más asequible para los montañeros por tener mil metros menos de altitud. En España, Tarannà organiza trekkings al Monte Kenia.

El lugar donde Elsa nació libre

Vistas del amanecer desde Elsa's Kopje- M. Á. B.

El Parque Nacional Meru es una de esas joyas naturales kenianas menos conocidas que Masai Mara o Amboseli y con un altísimo valor ecológico. Situado en las tierras altas centrales, hacia 1980 era uno de los principales destinos del país, con 40.000 visitantes al año, en gran parte gracias a la atracción que producían las figuras de Joy y George Adamson, cuyo programa de cría en cautividad de leones se inmortalizó en el libro de Joy Nacida libre (y posteriormente en la película británica de 1966 y en la serie de televisión). A finales de esa década Meru se puso en el punto de mira de los cazadores furtivos, cuya actividad alcanzó su punto álgido en 1988 con la masacre de rinocerontes y de los guardas que los protegían y con la muerte, un año después, de George Adamson, acribillado a balazos por bandidos somalíes cuando iba a ayudar a unos turistas. Joy había sido asesinada en 1980 por un antiguo empleado.

Meru, seguro desde la década de 1990, ha recuperado su pasado esplendor, con su ambiente de naturaleza virgen, alejado de los «atascos» de otros parques más populares. La densa vegetación (el brush que sirve para que depredadores y presas se oculten los unos de los otros), las acacias espinosas y las estilizadas palmeras doum, los bosques ribereños y la abundante fauna salvaje (se puede «cazar» con nuestros prismáticos y cámaras a los Cinco Grandes: león, leopardo, elefante, rinoceronte y búfalo) hacen de esta reserva un destino extraordinario.

Tumba de Elsa
Tumba de Elsa

Es posible rastrear la romántica (y trágica) historia de los Adamson y de Elsa, la leona huérfana que permaneció con sus cuidadores hasta que se reinsertó en el entorno natural. Fue uno de los primeros animales salvajes en ser domesticado de forma documentada y sobrevivir después en libertad. Murió en 1961 por una especie de malaria que afecta a los felinos. En un tranquilo rincón a orillas del río Tana se encuentra su tumba, un lugar de peregrinación para la mayoría de visitantes que se acercan a Meru.

Elsa's Kopje
Elsa's Kopje

En Mughwango Hill, muy cerca de donde George Adamson estableció su campamento original, se levanta Elsa’s Kopje, uno de los lodges más exclusivos de Kenia, esculpido sobre la roca de la colina e invisible desde la llanura que se extiende, infinita, a sus pies. Las vistas desde las lujosas cabañas son sobrecogedoras. Elsa’s Kopje fue diseñado y construido por Stefano Cheli sobre la idea del mínimo impacto ambiental, e inaugurado en 1999 por el doctor Richard Leakey (hijo de los paleoantropólogos Louis Leakey y Mary Leakey) y Virgina McKenna, la actriz que dio vida a Joy Adamson en el film Nacida libre. El lodge se unió a Elewana Collection en 2015.

La vida se abre camino en Lewa

Rinocerontes en las llanuras de Lewa- M. Á. B.

Una llanura inmensa, con el Monte Kenia recortándose en el horizonte. Inmensa, sí, pero no vacía. La vida bulle y, en un par de jornadas, si cuenta con la complicidad de un guía experto, usted será capaz de apuntar en su cuaderno de campo un buen puñado de nombres distintos, incluyendo los Cinco Grandes. Felinos, primates, rinocerontes blancos (y negros), hipopótamos, jirafas, elefantes, antílopes de todo tamaño y condición, la amenazada cebra de Grevy, cocodrilos y un festival de aves (más de 400 especies) con el que un amante de la naturaleza no daría abasto. Probablemente hasta hoy no había oído hablar de Lewa Wildlife Conservancy. Si la visita, seguro que no la olvidará nunca.

Su origen se remonta a la década de 1920, cuando se creó un rancho colonial como tantos otros en la meseta Laikipia. Entre los años 80 y 90 alcanzó la protección que merecía. En junio se celebra aquí el famoso Lewa Safaricom Marathon. Lewa está gestionada como una organización sin ánimo de lucro y sus beneficios se invierten en conservación y en proyectos comunitarios locales.

El mejor lodge de la reserva natural es el Lewa Safari Camp, también de Elewana, construido en el sitio que ocupaba la casa del responsable del santuario de los rinocerontes en la década de 1980. Cuenta con unas amplísimas y confortables tiendas de campaña, espacios comunes (restaurante, piscina) y una cocina de altura.

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