EL PUEBLO MINERO (SIN DIAMANTES) ABANDONADO EN NAMIBIA

Kolmanskop para la eternidad

Un viaje a Namibia es de todo menos aburrido. Porque el gigantesco país del sur de África reúne una variedad de ambientes urbanos y naturales que impide que caigas en la monotonía. Tiene, por ejemplo, un área enorme totalmente restringida, a la que es imposible acceder. Motivos de seguridad nacional así lo aconsejan.

Foto: FLICKR / ANGIE BLUEBERRIES

Una pintada en el interior de una vivienda recrea la cultura nativa de la zona

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • S
  • Importante consultar los horarios ya que las visitas suelen organizarse por grupos
  • A
  • Fundamental para entrar en calor una buena partidita de bolos
  • T
  • Mejor llegar con vehículo propio para organizar la logística al gusto propio

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Está en el sur del país y es el espacio que comunica Lüderitz, antigua ciudad colonial, con Orangemund. Allí es donde se extraen los diamantes, la principal riqueza del país. Así que la protección está justificada.

Antes de abandonar el trabajo, tenían que superar una cuarentena a base de laxantes

Aunque no se puede entrar, mereced la pena acercarse por allí. Sí se puede visitar la vieja ciudad minera de Kolmanskop, donde los alemanes estuvieron durante 50 años (aproximadamente entre 1850 y 1900) extrayendo diamantes. Cuando tuvieron claro que los diamantes se habían acabado, abandonaron la ciudad. Sin medias tintas.

Tras cien años largos, es sorprendente ver sus casas, muchas de ellas llenas de arena por el avance del desierto. Otras en cambio están en perfecto estado. Por ejemplo, había una fábrica de hielo que suministraba a las casas ¡que usaban para las neveras de la época! La fábrica, mediante un sistema de tubos, permitía mantener fría la carne en la carnicería. Auténtica y decimonónica ingeniería alemana. Increíble el mecanismo de fabricación del hielo, a través de agua salada, amoniaco y unas barras de hierro llenas de agua dulce.

Lo que me dejó boquiabierto fue la bolera. Está casi intacta. De hecho, se puede probar y tirar algunos bolos. Todavía con la mente puesta en la bolera, me quedaba una sorpresa más: el teatro. Una grandísima sala, inexplicable, para la poca gente que vivía aquí (unas 200 personas).

Aparte del tamaño, es muy bonita, tanto es así que los vecinos de Lüderitz lo utilizan para las grandes galas, acontecimientos y celebraciones de bodas. Los diamantes hacían a los habitantes de Kolmanskop disfrutar de todos los lujos que se podían tener en aquellos años. Además, disponían de biblioteca, escuela, sala de lectura,… ¡incluso un hospital con tantas camas como habitantes! Un ratio que hoy día se usa para ver el estado de bienestar de un país. O sea, nivel de vida a tope.

La otra cara de la moneda la protagonizaban los namibianos que trabajaban en las minas. Vivían 800 personas en un solo edificio. Además, antes de abandonar el trabajo, tenían la obligación de superar una cuarentena a base de laxantes  para evitar la tentación de salir con un diamante en el estómago. Una verdadera sorpresa la visita de esta ciudad fantasma, que ha quedado casi inmortalizada en el tiempo.

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