NAMIBIA SE VUELVE PACÍFICA EN LA COSTA SUR
Langostas congeladas y springboks en Lüderitz
- Yolanda Rivas -
- Día 04/08/2011 - 09:50 h
Namibia entiende de encantos: litoral de todos los colores, sabana, fauna salvaje, ciudades coloniales... En la costa atlántica del sur destaca la ciudad de Lüderitz, que fundara el portugués Bartolomé Diaz. Con el tiempo pasó a ser colonia alemana. Quizás era un lugar demasiado frío para los portugueses.
LAS CLAVES DEL VIAJE
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La primera impresión que recibes es la de que se trata de una ciudad muy pequeña y muy tranquila, ¿esto es África?. Llena aún de casas coloniales. Me alojé en Kratzplatz, una hermosa casa con jardín. Desde el balcón de la primera planta se veía el mar. Un acierto, en definitiva.
| El chupito nacional es una mezcla de pipermín y amarula |
Todos llegamos a la ciudad hambrientos tras el tremendo tute de kilómetros de llevábamos encima. Así que llegamos al Rumours Bar dispuestos a devorar cualquier cosa. Para nuestro pesar, la cocina estaba cerrada. Pero nuestra cara caníbal fue convincente para que nos la abrieran. Probé quizás, las mejores patatas fritas de mi vida. Eso sí, me equivoqué con una hamburguesa. Me trajeron un filete de ternera en un pan de hamburguesa... Pan poco consistente para semejante chuletón. Pero bueno.
Lüderitz es famosa por sus langostas, de las que dicen incluso que son las mejores del mundo. También destacan por allí la merluza y demás pesquerías. De hecho, la empresa española Pescanova tiene dos factorías en la ciudad. Así que de cena, sí o sí, tocaba langosta. Para ello fuimos a uno de los restaurantes más exquisitos de la ciudad, el Ritzi’s Seafood Restaurant. Nuestra mala suerte fue que no era la temporada, así que había que conformarse con langosta congelada. Nos reímos muchísimo con el camarero, al que le pusimos la cabeza loca con la forma de cocinar el marisco. Queríamos todo cocido sin salsas raras... una misión que a menudo resulta complicada.
Por la noche fuimos al bar más ambientado de la ciudad, Rumours Bar. La camarera, encantada de que volviéramos. ¡Y nosotros de volver: los cubatas estaban a muy buen precio! Allí conocimos a Gillian, un ex-jugador de la selección namibiana de rugby. Se integró rápidamente con nosotros y nos descubrió el Springbok, el chupito nacional. Es una mezcla de pipermín y amarula. Buenísimo.
Tras varias copas y springboks, Gillian se dejó caer con una invitación a su rancho a las afueras de Windhoek, la capital del país. Sonaba bien...
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