LA COSTA DE LOS ESQUELETOS ES UN FANTASMAGÓRICO CEMENTERIO DE BARCOS ENCALLADOS

El encanto de la desolación

Namibia late aun cuando se respira muerte. Tras dejar el Damaraland, la antigua reserva para la etnia damara en los duros tiempos de la segregación racial, se accede a la Costa de los Esqueletos por Springbokwasses. De los días soleados pasamos a un ambiente nublado y con penumbra. El motivo es que el calor del interior del país se junta aquí con el frío de las corrientes antárticas y esa conjunción hace que se formen neblinas y nubes casi permanentes. Y encima, hay esqueletos.

Foto: FLICKR / OLIVIER PEYRE

Una magnífica vista del Atlántico desde la localidad de Swakopmund

LAS CLAVES DEL VIAJE

  • T
  • Un 4x4 es fundamental para desplazarse
  • E
  • Llevar un libro de huellas de animales
  • H
  • Reto de pasar una noche en la desoladora Milla 108

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La arena de calor negruzco y la ausencia casi total de vegetación dominan el paisaje. El nombre de Costa de los Esqueletos, o Skeleton Coast, viene dado por la cantidad de barcos varados que hay en sus playas. Fuimos con la emoción de ver muchos de estos, pero la carretera no accede a todos y la mejor forma de verlos es desde el aire, por lo que sólo pudimos ver tres pecios encallados en la arena. También se pueden observar todavía minas de diamantes con toldos laterales para proteger del viento el recinto.

Aquí también habitan leones, los únicos en su especie que comen peces y focas

En playas cubiertas de mudas de serpiente pudimos ver algunos chacales merodeando. Por aquí también habitan leones, los únicos en su especie que comen peces y focas, ya que la escasez de alimento los lleva a merodear por la costa en busca de presas. La noche la teníamos reservado en el camping de la milla 108, pero cuando llegamos a este lugar, tan fantasmagórico como la misma costa en sí, paramos para verlo y repostar combustible, pero no había nadie, ni siquiera en recepción y de gasolina mejor ni hablar. Ante semejante panorama, decidimos irnos de allí y buscar cualquier otro lugar para pasar la noche. La Milla 108 podría ser el perfecto escenario de una película con una matanza de algún psicópata.

Seguimos rumbo al Sur, hacía Cape Cross. Su colonia de casi 300.000 focas hace de este lugar una visita obligada. Focas por doquier tanto en las rocas como en el mar, todo un espectáculo. Lo más impresionante es el mal olor que echan, realmente apestan, aparte de todo el ruido que provocan. Los chacales merodean el lugar en busca de focas muertas. Por cierto, que hubo un momento en que siete chacales rodearon a una foca que se había separado, pero creo que eligieron un ejemplar demasiado grande, ya que acabaron todos aburridos y retomaron su merodeo en busca de algo más fácil.

Tras una parada en Hentiesbay, lugar de veraneo para muchos namibianos, para por fin echar gasolina y llenar el estomago con una de las mejores patatas fritas que he comido en mi vida, nos dispusimos a volver al interior del país. Atrás quedaba un encantador paisaje desolado.

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